miércoles, junio 21, 2006

Novela: "LA VACUNA". Capítulo VEINTICINCO

El martes dieciséis de mayo era el día D.

No estaba seguro de alcanzar su propósito, pero lo tendría que intentar. Quizás tomó una decisión precipitada y ahora se daba cuenta del lío en el que se había metido, pero no se podía negar. Supo apreciar la desesperación de Mary Fishers antes de pedirle aquel favor y la duda que ella albergaba antes de solicitárselo, pero Brett Johnson le debía demasiados favores a ella y ahora era tiempo de pagar. Todo aquel que recibe algo, siempre debe estar preparado para dar algo a cambio. La conocía demasiado bien y sabía que ella nunca le hubiera fallado y ahora él no se amilanaría por un asunto tan trivial.

¿Un asunto tan trivial? ¡Quién me aconsejaría a mí meterme en este conflicto!

La conciencia es la dueña de todos los actos del ser humano. La conciencia había sido la fiel consejera de Brett Johnson y quien le dictó que tomase aquella decisión. Ahora ya no podía echarse atrás, no podía llamarla y decirle:

Mira, Mary, me lo he pensado mejor y este sucio tema no va conmigo. No me voy a prestar a realizar este trabajo, no voy a jugarme mi pellejo. Lo siento mucho, arréglatelas como puedas.

Tuvo la oportunidad y no se lo dijo. Ahora era demasiado tarde, era tiempo de actuar.

Todo el fin de semana estuvo dándole vueltas al asunto. Al final decidió que sólo tendría una oportunidad de alcanzar su objetivo. Sólo dispondría de unos minutos y esperaba que el programa informático que había instalado en el CD actuara con toda la celeridad que le fuera posible.

A las diez de la mañana, casi todas las secretarias se reunían en una salita para tomar el tentempié de media mañana. En más de una ocasión vio cómo Kenneth Golberg se reunía también con ellas. Pensó que tendría que aprovechar esa ocasión para poder acceder al despacho y robar los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702. Durante todo el día, estaría franqueado por la vigilancia pertinaz de su secretaria. No tendría otra oportunidad.

A medida que se acercaba la hora fatídica su pulso se aceleraba. Durante toda la mañana no se había podido concentrar y no rindió nada en el trabajo que tenía que realizar. Sólo tenía una idea en la mente y no se podía escapar de ella.

Abandonó el despacho con una sola intención. Se dirigió por el pasillo hacia el despacho de Kenneth Golberg y sonrió cuando se percató de que su secretaria no estaba en su lugar de trabajo. ¿Qué pasaría si abría la puerta y él estaba dentro? Pronto lo adivinaría.

Llamó a la puerta y nadie contestó. La abrió y comprobó que estaba vacío. El ordenador estaba encendido.

¡Qué suerte!

Pensó.

Se dirigió trémulo hacia él. Introdujo el CD en el lugar correspondiente. Se acercó al teclado y pulsó las teclas que lo activaban. Al instante, el monitor del ordenador comenzó a parpadear, sucediéndose páginas a un ritmo endiablado que no podía seguir con la mirada. Optó por declinar la visión de aquel maremágnum enfebrecido de datos que se sucedían unos tras otros con un ritmo frenético.

Su mirada quedó fija en la puerta y se puso a rezar. No sabía qué hacer, por lo que pensó qué sería mejor. Pediría que no se abriese. No sabría qué responder.

Al cabo de unos minutos la pantalla del ordenador dejó de parpadear y en ella se podía leer:

Transmisión de datos finalizada.

Sacó el CD. Lo introdujo en un bolsillo de su chaqueta y se dispuso a marcharse del despacho.

Cuando salió, comprobó que la secretaria de Kenneth Golberg no había regresado todavía a su mesa. Había tenido suerte. Cuando se marchaba por el pasillo vio salir a las secretarias de la salita, las saludó y sonrió complacido.





Christopher Norton estaba estudiando los resultados del Proyecto Mgen1702 y se disponía a manipularlos cuando el programa 4GLium le avisó que en otro puesto de trabajo también estaba siendo visualizado. Solicitó quién estaba trabajando en aquel momento en el Proyecto Mgen1702 y el programa contestó que se trataba de Kenneth Golberg.

El bueno de Kenneth.

Pensó.

Pero a continuación se acordó de que en aquellos momentos Kenneth Golberg estaría reunido con Arthur Sullivan y su mente comenzó a maquinar que nada bueno estaba sucediendo.

¿Quién estaría utilizando el ordenador de Kenneth para tener acceso a los resultados del Proyecto Mgen1702? Eso no era posible. Si él estaba reunido, alguien lo estaría saboteando, alguien que conociera su clave de acceso. ¿Sería verdad?

Salió de dudas cuando llamó a la señora Fletcher y se aseguró que efectivamente Arthur Sullivan estaba reunido con Kenneth Golberg.

Abandonó la habitación de su despacho y se dirigió como un poseso en dirección a los laboratorios de Microgensyn. Cuando llegó, vio a Brett Johnson por el pasillo y ni le saludó. Abordó al grupo de secretarias y preguntó a la de Kenneth Golberg por su jefe y ésta le confirmó que estaba reunido con el señor Sullivan. Luego, cuando ya estaban solos, indagó acerca de si alguien estaba trabajando en el ordenador de su jefe, a lo que ella contestó negativamente. A la pregunta de si había visto merodear por allí a Mary Fishers, ella contestó que tampoco, que sólo vio al señor Johnson.

A continuación, se dirigió al despacho de Brett Johnson y su secretaria le comunicó que se había tenido que ausentar en aquellos momentos porque se sentía indispuesto.

No lo dudó un instante. Llamó por teléfono al Doctor Hodgkins y lo puso al corriente de lo que sospechaba, que probablemente Brett Johnson había robado una información secreta de Microgensyn y que quería que lo detuvieran y comprobaran si en realidad la llevaba consigo. Le dio las características de su coche para que pudieran seguirlo y detenerlo. Así mismo, le explicó cómo era físicamente Brett Johnson, aunque lo conocía de algún congreso en el que habían coincidido con anterioridad.




Arrancó el coche. Salió con toda naturalidad del aparcamiento de Microgensyn, sin prisas. Llevaba consigo la información que necesitaba Mary Fishers. Lo había logrado y ella se alegraría cuando le entregara el CD. No sabía lo que iba a hacer con él. Pero seguro que ella dispondría de las herramientas necesarias para averiguar lo que contenía aquel soporte informático. Al fin y al cabo, y a pesar del miedo que pasó, ya había finalizado su trabajo. Encendió la radio, sintonizó la primera emisora que emitía música en esos momentos y se dispuso a relajarse, acomodándose en el asiento de su coche.

Cuando se detuvo en el semáforo en rojo, desvió la mirada hacia el coche que acababa de detenerse junto al suyo y vio cómo se bajaba de él un hombre con un arma en la mano. Sin dudarlo pisó el acelerador, cerró los ojos y atravesó el cruce entre varios coches sin chocar contra ninguno de ellos, pero provocando un accidente al frenar uno de los automóviles. Miró por el espejo retrovisor y se percató de que aquel coche iniciaba una persecución feroz en la que la víctima sería él.

Aquellas calles se convirtieron en una pista de carreras ante las miradas atónitas de los transeúntes y la sorpresa desagradable de los demás automovilistas que huían del escenario como podían.

El coche de Brett Johnson sufría las embestidas de su perseguidor, en el cual viajaban dos individuos a los que no conocía. El miedo se transformó en pavor cuando una bala perdida alcanzó la luneta trasera y atravesó todo el habitáculo, para alejarse de allí a través de la ventana delantera derecha. Había salido ileso de aquella primera bala, pero quién sabe lo que pasaría con la siguiente. Dio un volantazo y giró bruscamente hacia la derecha, avistando cómo sus perseguidores se pasaban de calle y no lo podían seguir. Avanzó doscientos metros más y detuvo el coche. Se bajó de él y escapó de allí a toda prisa. Cuando se cercioró de que nadie lo seguía, aminoró la marcha, se serenó y decidió ir andando a casa de Mary Fishers. Sólo estaba a varias manzanas de ella.

Tuvo suerte. La puerta del edificio de Mary estaba abierta. En el último instante se giró y entró. Presentía que lo seguían. Tenía miedo. Ascendió por las escaleras hasta el piso de Mary y ésta le abrió.

- Toma y no preguntes nada - dijo Brett Johnson mientras entraba y se tiraba en el primer sillón que encontró a su paso.

Ella cogió el CD. Se dirigió hacia su despacho y puso en funcionamiento el ordenador. El programa 4GLium comenzó a analizar los cuatro correos electrónicos, los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702.

Una sonrisa afloró en su rostro, como el de una sirena cuando descubre el sol.

- ¡Mary, son ellos! - dijo Brett Johnson, que en aquellos momentos miraba por la ventana.

- ¿Quienes? ¿Qué pasa? - gritó ella asustada.

- Los que me han perseguido desde que salí de Microgensyn. Han estado a punto de matarme. Incluso me han disparado. Yo he venido caminando hasta tu casa cuando los he despistado en las calles de Santa Mónica. Vámonos, vienen hacia aquí.
- Espera un momento - contestó Mary Fishers.

Hizo una copia del CD. Salió al pasillo. Llamó a la puerta de su vecino, el señor Winkler, y éste abrió.

- Señor Winkler, por favor, es urgente, envíe el archivo que hay en este CD a mi hermano en un correo electrónico, a Moon Digital. Usted conoce su dirección electrónica. Es un asunto de vida o muerte.

- ¿Qué sucede?

- No hay tiempo. Por favor, envíelo ahora mismo. Ya le contaré, si puedo.

Ella misma cerró la puerta y se fue corriendo hacia su casa al oír pasos que ascendían por las escaleras.

El señor Winkler gastaba todo su tiempo en dar largos paseos por la playa, tomar el sol y abandonarse en el placer de la lectura, tumbado en la blanca arena de la playa de Santa Mónica. Cuando estaba en casa se dedicaba a navegar por Internet, siendo un apasionado de la nueva tecnología.

Llamaron a la puerta. El pánico se apoderó de ellos: se cogieron de la mano y se estremecieron. En la mente de Brett Johnson resonaba el disparo que cruzó en diagonal todo su coche. La mente de Mary Fishers estaba en blanco.

Supieron que el hombre que buscaban se encontraba en el apartamento de ella cuando Brett Johnson gritó: Mary, son ellos. Lo escucharon a través de los micrófonos que habían colocados en el apartamento de Mary. Andaban tras él y ahora encontrarían a dos pájaros en el mismo nido.

Mary Fishers comprendió que no ganaba nada manteniendo la puerta cerrada. Se armó de valor y la abrió.

- Buenos días, señorita Fishers.

- Buenos días, Doctor Hodgkins.

- Usted tiene algo que pertenece a Microgensyn…

- Pertenece a Microgensyn, pero también me pertenece a mí. Es mi trabajo y yo sólo tengo lo que es mío - se atrevió a interrumpirlo ella y mostrarse desafiante.

- Me temo que no. Sintiéndolo mucho, tienen ustedes que acompañarme.

- ¿Adónde?

- A Microgensyn. Y, además, entrégueme lo que han robado de Microgensyn.

- Ya le he dicho que no he robado nada. ¿Y si nos negamos a ir con ustedes o a entregarle lo que es mío?

- En ese caso utilizaríamos la fuerza.

El Doctor Hodgkins iba acompañado de Ronald Stone y Joe Barela que sacó en ese momento una pistola y apuntaba a Mary Fishers, mientras que Don Bishop vigilaba atento la escalera del edificio.

- En ese caso iremos con usted, pero permítame el placer de entregarle yo personalmente a Arthur Sullivan este CD - ella lo sacó del bolso y se lo mostró al Doctor Hodgkins, asegurando con ese gesto que en él estaba escondida la información que habían extraído ilegalmente de Microgensyn.

No se fiaban de ella. Antes de abandonar el apartamento comenzaron a rebuscar en él cualquier otro documento que sirviera para delatarlos, o en su defecto, para inculparlos. Al final, el Doctor Hodgkins se dirigió al ordenador de Mary y comprobó el correo electrónico. Con esa acción se pudo cerciorar de que Mary Fishers no había enviado ningún correo electrónico aquella mañana y que los secretos del CD estaban guardados exclusivamente en él.




Por fin conocía el interior de aquella furgoneta de color blanco que tan familiar le resultaba. Mary Fishers viajaba en el interior de ella, sentada junto a Brett Johnson y con la mirada vigilante del Doctor Hodgkins y de Joe Barela, que los seguía apuntando con la pistola. En la cabina iban Ronald Stone y Don Bishop.

Cuando llegaron a Microgensyn, se dirigieron con premiosidad al despacho de Arthur Sullivan. Los recibió la señora Fletcher:

- Tengo órdenes del señor Sullivan de que sólo pase la señorita Fishers.

Ella entró al despacho con la cabeza erguida, como si no hubiese ocurrido nada. Seguía estando orgullosa de sí misma.

- Mary, dame ese CD - Arthur Sullivan sabía por el Doctor Hodgkins que ella portaba un CD que habían robado de Microgensyn.

- Toma, Arthur y quédatelo - contestó ella con despecho.

- ¿Se puede saber qué contiene este CD?

- El resultado final de mi vacuna, del Proyecto Mgen1702 y la verdad de toda esta conspiración - aseveró ella, con la seguridad que le caracterizaba.

- Eso es imposible. El sistema informático de Microgensyn es inviolable.

- Vamos, Arthur, no digas majaderías. Todo el mundo sabe que cualquier sistema informático es vulnerable. Sólo es cuestión de estudiarlo a fondo.

- ¿Y cuál es el resultado final de tu vacuna contra el SIDA?

- Mi vacuna es un éxito total. Los resultados son concluyentes. Ninguna de las personas vacunadas se ha infectado con el virus del SIDA. - aseguró ella con el placer que le causaba aquella información.

- ¿Y si eso fuera cierto? ¿Qué?

- Arthur, por favor, no seas irónico, no te das cuenta, acabamos de salvar a la humanidad de esta terrible enfermedad, por fin la hemos vencido, cuando comercialicemos la vacuna esa enfermedad desaparecerá del planeta.

- Bravo, Mary, muy elocuente - se mostraba él con un tono despectivo, con mirada torva -. Y, ¿qué verdad has descubierto?

- La verdad de toda esta conspiración, de toda esta trama en la que me habéis metido…

- ¿Y cuál es para ti la verdad? Cada persona tiene su propia verdad - matizó Arthur Sullivan.

- La verdad es que me habéis estado engañando durante todo este tiempo, haciéndome creer que mi vacuna era un fracaso cuando en realidad no lo era y luego me utilizasteis para espiar a Bioconn cuando ya habíais alcanzado un acuerdo de fusión con ellos - Mary estaba furiosa y hablaba con una rapidez endiablada -. Pero hay muchas preguntas que todavía no tienen respuesta.

- Pregunta, querida.

- ¿Por qué me habéis engañado con el Proyecto Mgen1702?

- Querida - contestó él con sorna - ese asunto es un proyecto a largo plazo. En estos momentos no es interesante para Microgensyn…

- ¿Que no es interesante? - inquirió ella con rabia -, ¿por qué no es interesante?

- No es interesante, Mary - volvió a repetir él - ni rentable. Tú eres científico y no entiendes de temas macroeconómicos. Nosotros nos manejamos en términos económicos y tenemos que velar por los intereses de nuestros accionistas. ¿Sabes una cosa, Mary? Los accionistas quieren beneficios y la vacuna contra el SIDA no produce beneficios económicos ni a corto ni a largo plazo.

- ¿Cómo que no?

- Claro que no. Beneficios económicos los dan los fármacos que comercializamos para combatir esa enfermedad. ¿No te das cuenta, Mary? El tratamiento anual de un paciente portador del virus del SIDA puede costar entre cinco y doce mil dólares. Eso es una auténtica fortuna para un laboratorio que tenga comercializado dos, tres o cuatro fármacos contra el SIDA. Eso sí que son resultados, eso sí que produce beneficios…

- No creía que fueses tan miserable y tan rastrero, que antepusieras la usura del beneficio económico a la dignidad de luchar contra la enfermedad, algo loable y prestigioso para cualquier laboratorio. No sabía que preferías que enfermase la gente para obtener rentabilidad, en lugar de luchar por prevenir las enfermedades.

- Míralo de esta forma, Mary - añadió él -, ¿cuánto crees que puede costar una vacuna contra el SIDA?

- No lo sé. Vosotros sois los encargados de negociar el precio.

- Yo te lo diré. Diez dólares como máximo y después qué… beneficio cero. Con diez dólares se arregla todo el problema y ya no habría pacientes con SIDA. Pero, a cambio, se hunde la empresa económicamente. Nosotros tenemos la vacuna y te aseguro que saldrá al mercado, pero sólo en el preciso momento en que otro laboratorio la descubra también. Mientras tanto, me quiero aprovechar de este pastel y seguir teniendo beneficios económicos. Ya habrá tiempo para comercializarla.

- Sí, probablemente cuando la epidemia sea tan extensa y el virus del SIDA haya mutado tanto que ya no sea efectiva. En ese preciso instante, probablemente sea ya tarde y la humanidad ya sea tan sólo historia.

- No seas pesimista, Mary.

- ¡Ahora comprendo lo del espionaje! Microgensyn quiere fusionarse con Bioconn para impedir que ellos saquen al mercado la vacuna, ¿no es así? Lo que intentáis conseguir con ese macro laboratorio es asegurarse un monopolio de investigación científica.

- En efecto, querida, cada día me sorprende más tu inteligencia. Pero estoy contento de haberte descubierto a tiempo. Esto se asemeja bastante a una partida, pero no de ajedrez, sino que estamos jugando con la vida y yo tengo el poder de dar jaque a la vida. En estos momentos queda destruida tu vacuna contra el SIDA - cuando terminó de decir esas palabras, rompió el CD y tiró los pedazos al suelo.

- Yo no estaría tan seguro, seguiría desconfiando. Si tanto presumes de conocerme bien, sabrías que yo siempre cumplo con lo que me propongo y en este caso también. Todavía seguimos jugando, todavía no has dado jaque mate.

En aquel momento, se abrió la puerta del despacho de Arthur Sullivan. Christopher Norton entró como un reactor, con la cara desencajada, miró a Mary como si la quisiera fulminar y luego se dirigió a Arthur Sullivan y con voz grave le dijo:

- Arthur, en la página de Microgensyn en Internet está apareciendo en estos momentos un comunicado que dice lo siguiente - miró el folio que llevaba apretujado entre los dedos y leyó -: Microgensyn tiene el honor de comunicar a la comunidad científica internacional y a toda la humanidad que por fin ha descubierto una vacuna eficaz contra el SIDA. Esta vacuna se ha estado estudiando en Tailandia, Nigeria, Uganda y Brasil y durante el ensayo clínico no ha aparecido ningún caso de persona infectada con el virus del SIDA a la cual se le haya administrado la vacuna. La descubridora de dicha vacuna es la eminente científica perteneciente a nuestro Laboratorio: Doctora Mary Fishers. Ya se están realizando las gestiones pertinentes ante las autoridades correspondientes para comercializar la vacuna. La composición de la vacuna y los resultados de la misma la pueden ustedes estudiar en la dirección de Internet: "www.microgensyn.proyectomgen1702.com"

- ¡Cómo! - exclamó fuera de sí Arthur Sullivan.

- Lo que oyes.

- Pero, ¡cómo es posible eso!

- Un pirata informático ha accedido a nuestro sistema y es el que está dando la noticia.

- ¿Has consultado la página a la que se refiere?

- Sí.

- ¿Y lo que en ella se expone, se corresponde con la realidad del Proyecto Mgen1702?

- Arthur, es el Proyecto Mgen1702. No sé cómo, pero Mary se ha burlado de nosotros y ha logrado su objetivo.

Mary Fishers sonreía fríamente ante la mirada sorprendida de sus interlocutores, deleitándose por la victoria obtenida.

- ¿Decías algo, Arthur? - preguntó, burlona, Mary Fishers.

Arthur Sullivan la miraba atónito y no respondió.

- En ese caso, mi presencia en esta empresa está demás. Adiós señores, dimito de mi trabajo en Microgensyn.

Se dio media vuelta y abandonó el despacho. Cuando salió del mismo cogió a Brett Johnson de la mano. Rieron con la complicidad del que logra su objetivo y luego chocaron las palmas de sus manos hacia arriba y hacia abajo.

Marcó un número en su teléfono móvil y dijo:

- Felicidades, hermanito, lo has conseguido. Por fin hemos vencido al SIDA.
FIN
Una novela en Internet no es fácil de leer, aunque sea gratis, y mucho más si el autor es un perfecto desconocido. Si has leído la novela desde el principio hasta el final, quiero que sepas que desde aquí te estoy muy agradecido puesto que lo más importante para un escritor es que sus obras sean leídas.
Me gustaría saber si te ha gustado y has pasado momentos agradables con la lectura de LA VACUNA. Por ello te pediría un esfuerzo más. Si eres tan amable me gustaría conocer tu crítica tanto si es positiva como si es negativa (porque de estas últimas se aprende mucho). Puedes hacerlo en el apartado “Haz tus comentarios”, en la página “Paco Belda”.