<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991</id><updated>2011-11-04T08:56:18.723+01:00</updated><title type='text'>LA  VACUNA   -   VACCINATION</title><subtitle type='html'>Este Blog es una novela titulada: La vacuna     


This Blog is a novel called: Vaccination</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>35</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115092724863868185</id><published>2006-06-21T23:28:00.000+02:00</published><updated>2006-06-22T00:00:48.686+02:00</updated><title type='text'>Novela: "LA VACUNA". Capítulo VEINTICINCO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;     El martes dieciséis de mayo era el día D.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     No estaba seguro de alcanzar su propósito, pero lo tendría que intentar. Quizás tomó una decisión precipitada y ahora se daba cuenta del lío en el que se había metido, pero no se podía negar. Supo apreciar la desesperación de Mary Fishers antes de pedirle aquel favor y la duda que ella albergaba antes de solicitárselo, pero Brett Johnson le debía demasiados favores a ella y ahora era tiempo de pagar. Todo aquel que recibe algo, siempre debe estar preparado para dar algo a cambio. La conocía demasiado bien y sabía que ella nunca le hubiera fallado y ahora él no se amilanaría por un asunto tan trivial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;    &lt;em&gt; ¿Un asunto tan trivial? ¡Quién me aconsejaría a mí meterme en este conflicto!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     La conciencia es la dueña de todos los actos del ser humano. La conciencia había sido la fiel consejera de Brett Johnson y quien le dictó que tomase aquella decisión. Ahora ya no podía echarse atrás, no podía llamarla y decirle: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     &lt;em&gt;Mira, Mary, me lo he pensado mejor y este sucio tema no va conmigo. No me voy a prestar a realizar este trabajo, no voy a jugarme mi pellejo. Lo siento mucho, arréglatelas como puedas.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Tuvo la oportunidad y no se lo dijo. Ahora era demasiado tarde, era tiempo de actuar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Todo el fin de semana estuvo dándole vueltas al asunto. Al final decidió que sólo tendría una oportunidad de alcanzar su objetivo. Sólo dispondría de unos minutos y esperaba que el programa informático que había instalado en el CD actuara con toda la celeridad que le fuera posible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     A las diez de la mañana, casi todas las secretarias se reunían en una salita para tomar el tentempié de media mañana. En más de una ocasión vio cómo Kenneth Golberg se reunía también con ellas. Pensó que tendría que aprovechar esa ocasión para poder acceder al despacho y robar los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702. Durante todo el día, estaría franqueado por la vigilancia pertinaz de su secretaria. No tendría otra oportunidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     A medida que se acercaba la hora fatídica su pulso se aceleraba. Durante toda la mañana no se había podido concentrar y no rindió nada en el trabajo que tenía que realizar. Sólo tenía una idea en la mente y no se podía escapar de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Abandonó el despacho con una sola intención. Se dirigió por el pasillo hacia el despacho de Kenneth Golberg y sonrió cuando se percató de que su secretaria no estaba en su lugar de trabajo. ¿Qué pasaría si abría la puerta y él estaba dentro? Pronto lo adivinaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Llamó a la puerta y nadie contestó. La abrió y comprobó que estaba vacío. El ordenador estaba encendido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;    &lt;em&gt; ¡Qué suerte!&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Pensó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Se dirigió trémulo hacia él. Introdujo el CD en el lugar correspondiente. Se acercó al teclado y pulsó las teclas que lo activaban. Al instante, el monitor del ordenador comenzó a parpadear, sucediéndose páginas a un ritmo endiablado que no podía seguir con la mirada. Optó por declinar la visión de aquel maremágnum enfebrecido de datos que se sucedían unos tras otros con un ritmo frenético.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Su mirada quedó fija en la puerta y se puso a rezar. No sabía qué hacer, por lo que pensó qué sería mejor. Pediría que no se abriese. No sabría qué responder.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Al cabo de unos minutos la pantalla del ordenador dejó de parpadear y en ella se podía leer:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     &lt;em&gt;Transmisión de datos finalizada.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Sacó el CD. Lo introdujo en un bolsillo de su chaqueta y se dispuso a marcharse del despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Cuando salió, comprobó que la secretaria de Kenneth Golberg no había regresado todavía a su mesa. Había tenido suerte. Cuando se marchaba por el pasillo vio salir a las secretarias de la salita, las saludó y sonrió complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Christopher Norton estaba estudiando los resultados del Proyecto Mgen1702 y se disponía a manipularlos cuando el programa 4GLium le avisó que en otro puesto de trabajo también estaba siendo visualizado. Solicitó quién estaba trabajando en aquel momento en el Proyecto Mgen1702 y el programa contestó que se trataba de Kenneth Golberg.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;    &lt;em&gt; El bueno de Kenneth.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Pensó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Pero a continuación se acordó de que en aquellos momentos Kenneth Golberg estaría reunido con Arthur Sullivan y su mente comenzó a maquinar que nada bueno estaba sucediendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     ¿Quién estaría utilizando el ordenador de Kenneth para tener acceso a los resultados del Proyecto Mgen1702? Eso no era posible. Si él estaba reunido, alguien lo estaría saboteando, alguien que conociera su clave de acceso. ¿Sería verdad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Salió de dudas cuando llamó a la señora Fletcher y se aseguró que efectivamente Arthur Sullivan estaba reunido con Kenneth Golberg.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Abandonó la habitación de su despacho y se dirigió como un poseso en dirección a los laboratorios de Microgensyn. Cuando llegó, vio a Brett Johnson por el pasillo y ni le saludó. Abordó al grupo de secretarias y preguntó a la de Kenneth Golberg por su jefe y ésta le confirmó que estaba reunido con el señor Sullivan. Luego, cuando ya estaban solos, indagó acerca de si alguien estaba trabajando en el ordenador de su jefe, a lo que ella contestó negativamente. A la pregunta de si había visto merodear por allí a Mary Fishers, ella contestó que tampoco, que sólo vio al señor Johnson.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     A continuación, se dirigió al despacho de Brett Johnson y su secretaria le comunicó que se había tenido que ausentar en aquellos momentos porque se sentía indispuesto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     No lo dudó un instante. Llamó por teléfono al Doctor Hodgkins y lo puso al corriente de lo que sospechaba, que probablemente Brett Johnson había robado una información secreta de Microgensyn y que quería que lo detuvieran y comprobaran si en realidad la llevaba consigo. Le dio las características de su coche para que pudieran seguirlo y detenerlo. Así mismo, le explicó cómo era físicamente Brett Johnson, aunque lo conocía de algún congreso en el que habían coincidido con anterioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Arrancó el coche. Salió con toda naturalidad del aparcamiento de Microgensyn, sin prisas. Llevaba consigo la información que necesitaba Mary Fishers. Lo había logrado y ella se alegraría cuando le entregara el CD. No sabía lo que iba a hacer con él. Pero seguro que ella dispondría de las herramientas necesarias para averiguar lo que contenía aquel soporte informático. Al fin y al cabo, y a pesar del miedo que pasó, ya había finalizado su trabajo. Encendió la radio, sintonizó la primera emisora que emitía música en esos momentos y se dispuso a relajarse, acomodándose en el asiento de su coche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Cuando se detuvo en el semáforo en rojo, desvió la mirada hacia el coche que acababa de detenerse junto al suyo y vio cómo se bajaba de él un hombre con un arma en la mano. Sin dudarlo pisó el acelerador, cerró los ojos y atravesó el cruce entre varios coches sin chocar contra ninguno de ellos, pero provocando un accidente al frenar uno de los automóviles. Miró por el espejo retrovisor y se percató de que aquel coche iniciaba una persecución feroz en la que la víctima sería él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Aquellas calles se convirtieron en una pista de carreras ante las miradas atónitas de los transeúntes y la sorpresa desagradable de los demás automovilistas que huían del escenario como podían. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     El coche de Brett Johnson sufría las embestidas de su perseguidor, en el cual viajaban dos individuos a los que no conocía. El miedo se transformó en pavor cuando una bala perdida alcanzó la luneta trasera y atravesó todo el habitáculo, para alejarse de allí a través de la ventana delantera derecha. Había salido ileso de aquella primera bala, pero quién sabe lo que pasaría con la siguiente. Dio un volantazo y giró bruscamente hacia la derecha, avistando cómo sus perseguidores se pasaban de calle y no lo podían seguir. Avanzó doscientos metros más y detuvo el coche. Se bajó de él y escapó de allí a toda prisa. Cuando se cercioró de que nadie lo seguía, aminoró la marcha, se serenó y decidió ir andando a casa de Mary Fishers. Sólo estaba a varias manzanas de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Tuvo suerte. La puerta del edificio de Mary estaba abierta. En el último instante se giró y entró. Presentía que lo seguían. Tenía miedo. Ascendió por las escaleras hasta el piso de Mary y ésta le abrió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Toma y no preguntes nada - dijo Brett Johnson mientras entraba y se tiraba en el primer sillón que encontró a su paso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Ella cogió el CD. Se dirigió hacia su despacho y puso en funcionamiento el ordenador. El programa 4GLium comenzó a analizar los cuatro correos electrónicos, los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Una sonrisa afloró en su rostro, como el de una sirena cuando descubre el sol.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¡Mary, son ellos! - dijo Brett Johnson, que en aquellos momentos miraba por la ventana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Quienes? ¿Qué pasa? - gritó ella asustada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Los que me han perseguido desde que salí de Microgensyn. Han estado a punto de matarme. Incluso me han disparado. Yo he venido caminando hasta tu casa cuando los he despistado en las calles de Santa Mónica. Vámonos, vienen hacia aquí.&lt;br /&gt;     - Espera un momento - contestó Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Hizo una copia del CD. Salió al pasillo. Llamó a la puerta de su vecino, el señor Winkler, y éste abrió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Señor Winkler, por favor, es urgente, envíe el archivo que hay en este CD a mi hermano en un correo electrónico, a Moon Digital. Usted conoce su dirección electrónica. Es un asunto de vida o muerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Qué sucede?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - No hay tiempo. Por favor, envíelo ahora mismo. Ya le contaré, si puedo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Ella misma cerró la puerta y se fue corriendo hacia su casa al oír pasos que ascendían por las escaleras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     El señor Winkler gastaba todo su tiempo en dar largos paseos por la playa, tomar el sol y abandonarse en el placer de la lectura, tumbado en la blanca arena de la playa de Santa Mónica. Cuando estaba en casa se dedicaba a navegar por Internet, siendo un apasionado de la nueva tecnología.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Llamaron a la puerta. El pánico se apoderó de ellos: se cogieron de la mano y se estremecieron. En la mente de Brett Johnson resonaba el disparo que cruzó en diagonal todo su coche. La mente de Mary Fishers estaba en blanco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Supieron que el hombre que buscaban se encontraba en el apartamento de ella cuando Brett Johnson gritó: Mary, son ellos. Lo escucharon a través de los micrófonos que habían colocados en el apartamento de Mary. Andaban tras él y ahora encontrarían a dos pájaros en el mismo nido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Mary Fishers comprendió que no ganaba nada manteniendo la puerta cerrada. Se armó de valor y la abrió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Buenos días, señorita Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Buenos días, Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Usted tiene algo que pertenece a Microgensyn…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Pertenece a Microgensyn, pero también me pertenece a mí. Es mi trabajo y yo sólo tengo lo que es mío - se atrevió a interrumpirlo ella y mostrarse desafiante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Me temo que no. Sintiéndolo mucho, tienen ustedes que acompañarme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Adónde?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - A Microgensyn. Y, además, entrégueme lo que han robado de Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Ya le he dicho que no he robado nada. ¿Y si nos negamos a ir con ustedes o a entregarle lo que es mío?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - En ese caso utilizaríamos la fuerza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     El Doctor Hodgkins iba acompañado de Ronald Stone y Joe Barela que sacó en ese momento una pistola y apuntaba a Mary Fishers, mientras que Don Bishop vigilaba atento la escalera del edificio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - En ese caso iremos con usted, pero permítame el placer de entregarle yo personalmente a Arthur Sullivan este CD - ella lo sacó del bolso y se lo mostró al Doctor Hodgkins, asegurando con ese gesto que en él estaba escondida la información que habían extraído ilegalmente de Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     No se fiaban de ella. Antes de abandonar el apartamento comenzaron a rebuscar en él cualquier otro documento que sirviera para delatarlos, o en su defecto, para inculparlos. Al final, el Doctor Hodgkins se dirigió al ordenador de Mary y comprobó el correo electrónico. Con esa acción se pudo cerciorar de que Mary Fishers no había enviado ningún correo electrónico aquella mañana y que los secretos del CD estaban guardados exclusivamente en él.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Por fin conocía el interior de aquella furgoneta de color blanco que tan familiar le resultaba. Mary Fishers viajaba en el interior de ella, sentada junto a Brett Johnson y con la mirada vigilante del Doctor Hodgkins y de Joe Barela, que los seguía apuntando con la pistola. En la cabina iban Ronald Stone y Don Bishop.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Cuando llegaron a Microgensyn, se dirigieron con premiosidad al despacho de Arthur Sullivan. Los recibió la señora Fletcher:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Tengo órdenes del señor Sullivan de que sólo pase la señorita Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Ella entró al despacho con la cabeza erguida, como si no hubiese ocurrido nada. Seguía estando orgullosa de sí misma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Mary, dame ese CD - Arthur Sullivan sabía por el Doctor Hodgkins que ella portaba un CD que habían robado de Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Toma, Arthur y quédatelo - contestó ella con despecho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Se puede saber qué contiene este CD?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - El resultado final de mi vacuna, del Proyecto Mgen1702 y la verdad de toda esta conspiración - aseveró ella, con la seguridad que le caracterizaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Eso es imposible. El sistema informático de Microgensyn es inviolable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Vamos, Arthur, no digas majaderías. Todo el mundo sabe que cualquier sistema informático es vulnerable. Sólo es cuestión de estudiarlo a fondo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Y cuál es el resultado final de tu vacuna contra el SIDA?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Mi vacuna es un éxito total. Los resultados son concluyentes. Ninguna de las personas vacunadas se ha infectado con el virus del SIDA. - aseguró ella con el placer que le causaba aquella información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Y si eso fuera cierto? ¿Qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Arthur, por favor, no seas irónico, no te das cuenta, acabamos de salvar a la humanidad de esta terrible enfermedad, por fin la hemos vencido, cuando comercialicemos la vacuna esa enfermedad desaparecerá del planeta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Bravo, Mary, muy elocuente - se mostraba él con un tono despectivo, con mirada torva -. Y, ¿qué verdad has descubierto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - La verdad de toda esta conspiración, de toda esta trama en la que me habéis metido…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Y cuál es para ti la verdad? Cada persona tiene su propia verdad - matizó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - La verdad es que me habéis estado engañando durante todo este tiempo, haciéndome creer que mi vacuna era un fracaso cuando en realidad no lo era y luego me utilizasteis para espiar a Bioconn cuando ya habíais alcanzado un acuerdo de fusión con ellos - Mary estaba furiosa y hablaba con una rapidez endiablada -. Pero hay muchas preguntas que todavía no tienen respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Pregunta, querida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Por qué me habéis engañado con el Proyecto Mgen1702?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Querida - contestó él con sorna - ese asunto es un proyecto a largo plazo. En estos momentos no es interesante para Microgensyn…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Que no es interesante? - inquirió ella con rabia -, ¿por qué no es interesante?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - No es interesante, Mary - volvió a repetir él - ni rentable. Tú eres científico y no entiendes de temas macroeconómicos. Nosotros nos manejamos en términos económicos y tenemos que velar por los intereses de nuestros accionistas. ¿Sabes una cosa, Mary? Los accionistas quieren beneficios y la vacuna contra el SIDA no produce beneficios económicos ni a corto ni a largo plazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Cómo que no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Claro que no. Beneficios económicos los dan los fármacos que comercializamos para combatir esa enfermedad. ¿No te das cuenta, Mary? El tratamiento anual de un paciente portador del virus del SIDA puede costar entre cinco y doce mil dólares. Eso es una auténtica fortuna para un laboratorio que tenga comercializado dos, tres o cuatro fármacos contra el SIDA. Eso sí que son resultados, eso sí que produce beneficios…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - No creía que fueses tan miserable y tan rastrero, que antepusieras la usura del beneficio económico a la dignidad de luchar contra la enfermedad, algo loable y prestigioso para cualquier laboratorio. No sabía que preferías que enfermase la gente para obtener rentabilidad, en lugar de luchar por prevenir las enfermedades.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Míralo de esta forma, Mary - añadió él -, ¿cuánto crees que puede costar una vacuna contra el SIDA?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - No lo sé. Vosotros sois los encargados de negociar el precio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Yo te lo diré. Diez dólares como máximo y después qué… beneficio cero. Con diez dólares se arregla todo el problema y ya no habría pacientes con SIDA. Pero, a cambio, se hunde la empresa económicamente. Nosotros tenemos la vacuna y te aseguro que saldrá al mercado, pero sólo en el preciso momento en que otro laboratorio la descubra también. Mientras tanto, me quiero aprovechar de este pastel y seguir teniendo beneficios económicos. Ya habrá tiempo para comercializarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Sí, probablemente cuando la epidemia sea tan extensa y el virus del SIDA haya mutado tanto que ya no sea efectiva. En ese preciso instante, probablemente sea ya tarde y la humanidad ya sea tan sólo historia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - No seas pesimista, Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¡Ahora comprendo lo del espionaje! Microgensyn quiere fusionarse con Bioconn para impedir que ellos saquen al mercado la vacuna, ¿no es así? Lo que intentáis conseguir con ese macro laboratorio es asegurarse un monopolio de investigación científica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - En efecto, querida, cada día me sorprende más tu inteligencia. Pero estoy contento de haberte descubierto a tiempo. Esto se asemeja bastante a una partida, pero no de ajedrez, sino que estamos jugando con la vida y yo tengo el poder de dar jaque a la vida. En estos momentos queda destruida tu vacuna contra el SIDA - cuando terminó de decir esas palabras, rompió el CD y tiró los pedazos al suelo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Yo no estaría tan seguro, seguiría desconfiando. Si tanto presumes de conocerme bien, sabrías que yo siempre cumplo con lo que me propongo y en este caso también. Todavía seguimos jugando, todavía no has dado jaque mate.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     En aquel momento, se abrió la puerta del despacho de Arthur Sullivan. Christopher Norton entró como un reactor, con la cara desencajada, miró a Mary como si la quisiera fulminar y luego se dirigió a Arthur Sullivan y con voz grave le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Arthur, en la página de Microgensyn en Internet está apareciendo en estos momentos un comunicado que dice lo siguiente - miró el folio que llevaba apretujado entre los dedos y leyó -: Microgensyn tiene el honor de comunicar a la comunidad científica internacional y a toda la humanidad que por fin ha descubierto una vacuna eficaz contra el SIDA. Esta vacuna se ha estado estudiando en Tailandia, Nigeria, Uganda y Brasil y durante el ensayo clínico no ha aparecido ningún caso de persona infectada con el virus del SIDA a la cual se le haya administrado la vacuna. La descubridora de dicha vacuna es la eminente científica perteneciente a nuestro Laboratorio: Doctora Mary Fishers. Ya se están realizando las gestiones pertinentes ante las autoridades correspondientes para comercializar la vacuna. La composición de la vacuna y los resultados de la misma la pueden ustedes estudiar en la dirección de Internet: "&lt;a href="http://www.microgensyn.proyectomgen1702.com"&gt;www.microgensyn.proyectomgen1702.com&lt;/a&gt;"&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¡Cómo! - exclamó fuera de sí Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Lo que oyes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Pero, ¡cómo es posible eso!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Un pirata informático ha accedido a nuestro sistema y es el que está dando la noticia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Has consultado la página a la que se refiere?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Sí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Y lo que en ella se expone, se corresponde con la realidad del Proyecto Mgen1702?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Arthur, es el Proyecto Mgen1702. No sé cómo, pero Mary se ha burlado de nosotros y ha logrado su objetivo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Mary Fishers sonreía fríamente ante la mirada sorprendida de sus interlocutores, deleitándose por la victoria obtenida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - ¿Decías algo, Arthur? - preguntó, burlona, Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Arthur Sullivan la miraba atónito y no respondió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - En ese caso, mi presencia en esta empresa está demás. Adiós señores, dimito de mi trabajo en Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Se dio media vuelta y abandonó el despacho. Cuando salió del mismo cogió a Brett Johnson de la mano. Rieron con la complicidad del que logra su objetivo y luego chocaron las palmas de sus manos hacia arriba y hacia abajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     Marcó un número en su teléfono móvil y dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;     - Felicidades, hermanito, lo has conseguido. Por fin hemos vencido al SIDA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;FIN&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; Una novela en Internet no es fácil de leer, aunque sea gratis, y mucho más si el autor es un perfecto desconocido. Si has leído la novela desde el principio hasta el final, quiero que sepas que desde aquí te estoy muy agradecido puesto que lo más importante para un escritor es que sus obras sean leídas.&lt;br /&gt;     Me gustaría saber si te ha gustado y has pasado momentos agradables con la lectura de LA VACUNA. Por ello te pediría un esfuerzo más. Si eres tan amable me gustaría conocer tu crítica tanto si es positiva como si es negativa (porque de estas últimas se aprende mucho). Puedes hacerlo en el apartado “Haz tus comentarios”, en la página “Paco Belda”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115092724863868185?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115092724863868185/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115092724863868185' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115092724863868185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115092724863868185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-veinticinco.html' title='Novela: &quot;LA VACUNA&quot;. Capítulo VEINTICINCO'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115082992638443029</id><published>2006-06-20T20:56:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:32:57.700+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTICUATRO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Aunque todavía disponían de tiempo suficiente, querían tomar una decisión con la suficiente antelación que les permitiera un margen de operación que, en caso de agotar el plazo de la fusión, no dispondrían. Tenían la necesidad de saber si podrían sobrevivir sin Microgensyn y hacer frente a la creciente coyuntura internacional de fusiones en el sector farmacéutico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El lunes quince de mayo, para romper la rutina de las reuniones en el despacho de David O´Connor, quedaron citados en el de Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hasta el lugar de destino se dirigieron en la limusina de color blanco de Bioconn. Era la primera vez que Jeff Colleman viajaba en ese automóvil y se quedó prendado de la lujuria prepotente que se vivía en aquel receptáculo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegaron a la sede de Sanders, Tigar &amp;amp; Truesdale en Los Angeles, situado en uno de los rascacielos del centro económico y financiero de la ciudad. El despacho de Brent Sanders era de estilo clásico y desde la ventana se podía divisar una estupenda vista panorámica del área metropolitana de Los Angeles, perdiéndose los edificios y las casas en el horizonte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;David O´Connor iba acompañado de su hijo Jason y de Jeff Colleman. Los tres se sentaron junto a Brent Sanders en torno a la mesa de su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Brent, he convocado esta reunión contigo para decidir si nos conviene la fusión con Microgensyn o si por el contrario decidimos acogernos a la cláusula de salvaguarda y renunciar a ella - comenzó diciendo David O´Connor, mientras miraba alternativamente a sus tres interlocutores, esperando una decisión acorde a los intereses de Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todo depende de vosotros y de la capacidad de maniobra que tengáis para poder sobrevivir en esta jungla de intereses, en la que se ha convertido el mercado farmacéutico mundial - le confió Brent Sanders, satisfecho por creerse el centro de la atención de aquella reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo que podremos salir adelante solos, sin Microgensyn. No los necesitamos para nada - le espetó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se trata de creer, Jason, sino de hechos tangibles. Todo depende de la oferta y la demanda, y lo que vosotros en solitario seáis capaces de ofertar al mercado - le contestó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por esa razón he creído conveniente que hoy esté presente en esta reunión Jeff Colleman - dijo David O´Connor dirigiéndose a él con la mirada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y bien? ¿Qué tiene que decir usted, señor Colleman? - preguntó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Jeff Colleman está aquí para contarnos cómo se encuentra a día de hoy de avanzado el buque insignia de Bioconn: el estudio de la vacuna contra el SIDA - intervino, de nuevo, David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si es tan amable, señor Colleman, le escuchamos - solicitó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es cierto que hemos tenido importantes problemas con la vacuna. Cuando pensábamos que era un éxito total, nos encontramos con la desagradable sorpresa del descubrimiento de determinados tipos de cáncer, que aparecieron en las personas voluntarias a las que se les había administrado la vacuna. La razón de ese efecto secundario es debido a que el material genético del plásmido se integra en el genoma de la persona que ha sido vacunada y tras un período de latencia, en algunas personas, muy pocas, pero de gran relevancia, aparecía el cáncer. Todo ello podría hacer peligrar la viabilidad de la vacuna, nadie se querría vacunar sabiendo que se exponía a padecer esa enfermedad. Pero hace unos días hemos hecho un descubrimiento crucial con el que probablemente podremos subsanar esa contingencia. Hemos descubierto la forma con la que se integran ambos materiales genéticos y ya hemos comenzado a diseñar una molécula que inhiba esa unión. En muy pocos meses, estaremos en disposición de anunciar a la comunidad científica internacional que por fin hemos descubierto la vacuna contra el SIDA - mientras disertaba Jeff Colleman, miraba a sus compañeros de reunión e intentaba transmitir con énfasis la seguridad del descubrimiento que pronosticaba. Se le notaba comedido, pero entusiasta a la vez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso está muy bien. Pero, ¿y, si mientras tanto, alguien se adelanta en el descubrimiento de la vacuna? - contestó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Se refiere a alguien en concreto, señor Sanders? - inquirió Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Son ustedes los que me han puesto sobre la pista. Creo que en más de una ocasión hemos hablado de la posibilidad de que Microgensyn tenga muy avanzado su proyecto de vacuna. Ellos se le podrían adelantar y entonces perderíamos el pastel de la fusión - aseveró Brent Sanders, mirando las notas que había tomado durante la reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué propone usted? - preguntó Jason O´Connor dirigiéndose a Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo no estoy en disposición de proponer nada. Mi trabajo consiste en asesorar exclusivamente y analizar la viabilidad de las propuestas que ustedes hagan - respondió Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La propuesta sería la siguiente - tomó la palabra David O´Connor -, como no estamos conformes con la política que está llevando a cabo Microgensyn, lo mejor para nosotros sería romper el pacto de fusión y en el caso de que lográsemos descubrir algún día la vacuna contra el SIDA, eso nos colocaría en una posición envidiable y entonces podríamos intentar la fusión con otra empresa de menor rango.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me agrada que hayas tenido en cuenta mi sugerencia del otro día. Yo creo que es una decisión sabia, pero, no obstante, es mejor no hacerla efectiva a día de hoy, sino esperar hasta que finalice el plazo para comunicársela a Arthur Sullivan. Ese prepotente seguro que te maldecirá - apuntó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y yo me alegraré. No quiero tratos con gente que utiliza métodos mafiosos - aseguró David O´Connor, zanjando el tema que habían venido a tratar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115082992638443029?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115082992638443029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115082992638443029' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115082992638443029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115082992638443029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-veinticuatro.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTICUATRO'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115082935573566559</id><published>2006-06-20T20:43:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:32:32.550+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTITRÉS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Mary salió de casa con el tiempo suficiente como para llegar a la de Brett Johnson con antelación. Él vivía cerca de Venice Beach, una zona que le encantaba y a la que solía acudir, en ocasiones, a pasear.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba segura de que él aceptaría su proposición, pero en el último momento sintió dudas. Una hesitación razonable bajo el punto de vista de lo que aquella acción podría suponer para él, en el caso de que fuera descubierto. Su puesto de trabajo en Microgensyn peligraría, por lo que pensó que no debía de presionarlo y que fuera él quien decidiese, por sí mismo, si aceptaba o no el encargo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Mary, pasa. Tengo preparado el café.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Brett.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras Brett Johnson preparaba el tentempié, Mary Fishers se acomodó en el salón que estaba un tanto desordenado. Brett había colocado un mantel en una mesita de cristal, de forma cuadrada, pequeña, y dispuso dos cojines turcos en torno a ella. Mary se sentó en uno de ellos y mientras lo esperaba, pasó el tiempo contemplando la gran cantidad de objetos que decoraban el salón. Estaban por todas partes, de todos los tamaños y hechos con los más diversos materiales. Se percató de que aquel contraste orden desorden, conjugaba en perfecta armonía, siendo fiel reflejo de la personalidad de Brett Johnson.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lo has leído?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿El qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El proyecto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! Perdona. Estaba distraída. Sí. Ya lo he terminado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué piensas? ¿Será aceptado por la comisión de investigación de Microgensyn? ¿Lograremos el permiso y los fondos para llevarlo a cabo? Sabes que estoy muy ilusionado en él. He invertido muchas horas de trabajo. Es ya casi como un hijo para mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me cabe la menor duda. Será aceptado. Te lo prometo. Yo también estoy muy interesada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers formaba parte de la comisión de investigación cuyo director era Christopher Norton. Parir un fármaco nuevo en la lucha contra el SIDA resultaba una tarea demasiado complicada, y el primer paso después del diseño y del protocolo de investigación, consistía en convencer a los componentes de la comisión de que ese experimento merecía la pena llevarlo a cabo, y que tras ser evaluado podría ser eficaz para la empresa y efectivo contra el SIDA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me gustaría darte las gracias por tu apoyo y por tu ayuda incondicional en todos los momentos en los que estuve perdido y que gracias a ti pude salir del atolladero en el que me encontraba. Diseñar una molécula nueva es una experiencia fascinante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No las merezco, Brett. Al fin y al cabo, yo soy la responsable de este proyecto, aunque la cabeza visible seas tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sabes que me gusta ser agradecido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, tengo que pedirte un inmenso favor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pídeme lo que quieras que sabré corresponderte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé si debo…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tan delicado es?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Más que delicado, es peligroso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary le contó a Brett Johnson la historia en la que estaba inmersa. Dejó de lado, algún que otro aspecto escabroso, que guardó bajo un escrupuloso secreto. Él la miraba sorprendido, no podía creer lo que le estaba contando y en aquellos instantes comprendió todas las medidas de seguridad que existían en Microgensyn y que tan aturdido lo tenían cuando empezó a trabajar en la empresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estás metida en un grave problema - atinó a decir Brett Johnson, mientras cambiaba de posición las piernas, intentando mantener el equilibrio para no caerse del cojín -. Si bien creo comprender, lo que me quieres pedir está relacionado con toda esta trama. No dudes en pedirme lo que creas conveniente, Mary. Quiero convertirme en tu cómplice.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquellas palabras alegraron el semblante de Mary Fishers que hasta entonces se mostraba cauta y un tanto rígida en sus expresiones y en sus gestos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Necesito conocer los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702 y quiero que me los consigas tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo. Pero, ¿cómo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Conozco la clave de acceso al proyecto de Kenneth Golberg. Deberás entrar en su despacho sin que te vean, introducir el CD que ha preparado mi hermano y ejecutarlo, está preparado para realizar el resto de funciones él sólo. Tú sólo tendrás que preocuparte de que no te descubran. Una vez que lo hayas conseguido, me lo llevarás a casa, donde yo te estaré esperando. ¿Qué contestas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que acepto. Esto me demuestra la confianza que tienes puesta en mi.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Brett Johnson era un tipo un tanto especial. Cuando entró a trabajar en Microgensyn, quizás por su forma de ser, un tanto desconfiado, se sintió desplazado por el color de su piel. En una empresa donde casi todos los científicos eran de piel blanca, presentía que el bronceado de su piel le podría granjear serios problemas. Pero desde un primer momento se sintió protegido por Mary Fishers, la cual lo avalaba con su presencia en todos los estamentos de la compañía. Por esa actitud, le estaría agradecido para siempre. A partir de entonces se convirtieron en amigos íntimos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora soy yo la que tengo que darte las gracias. ¡No imaginas cuánto te lo agradezco! - añadió ella, antes de beber un sorbo de café.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, de sobra sabes que no tienes que agradecerme nada. Estaba deseando que me pidieras algo importante para demostrarte mi gratitud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sólo quiero pedirte una cosa más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que tengas mucho cuidado. Si te ves en peligro, no te expongas. No quiero que te suceda nada. ¿Lo harás?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo prometo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Espero que me hagas caso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No te he dicho nunca que mis novelas preferidas son las de suspense? Las historias que más me gustan son aquellas en las que no se sospecha el final hasta la última página. Y ahora, verme implicado en una historia de espionaje, será un auténtico placer. ¿Me imaginas a mí representando el papel de Denzel Washington en alguna de sus películas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No - respondió Mary Fishers con certeza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues yo tampoco, pero lo intentaré - mientras decía estas palabras le apuntaba a ella con su dedo como si fuese una pistola a punto de disparar y los dos se echaron a reír con entusiasmo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras reían, Brett Johnson pensaba cómo iba a llevar a cabo la misión que le acababan de encargar. Sabía que le resultaría demasiado arduo, pero pondría todo su empeño y toda su astucia para lograrlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salió de casa de Brett Johnson, Mary Fishers utilizó su teléfono móvil para llamar a Jeff Colleman. Necesitaba hablar con él y comentar determinados puntos que creía conveniente aclarar por el bien de su relación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Quedaron en verse cuando él saliera de trabajar y el punto de reunión sería una vez más la casa de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary llegó a su casa a las ocho de la tarde y se dispuso a esperarlo. Sabía que no tardaría en llegar. Esperaba con el miedo como compañero, temiendo alguna insinuación por parte de él, acerca de las noticias aparecidas en la prensa sobre su vacuna y que probablemente la inculpaban a ella directamente. Tendría que afrontar ese tema de la mejor manera posible para no perderlo, algo que la corroía sólo de pensarlo. Intentaría ser natural y si él sospechaba algo ya pensaría qué hacer sobre la marcha. Debería ser sincera con Jeff Colleman para cimentar, sobre una base sólida, su relación u ocultar los hechos y que el destino decidiera por sí mismo. A veces es mejor callar para no herir a la persona que se ama.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó, ella ya estaba preparada y bajó a la calle directamente. No le apetecía recibirlo en casa. Se besaron nada más verse. Un beso abonado con la duda del remordimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Comenzaron a pasear y Mary Fishers advirtió que Jeff Colleman se mostraba más distante que en las ocasiones anteriores. No hablaban de nada en particular sino de los temas que dos personas enamoradas y que acaban de iniciar una relación suelen hablar. La conversación estaba centrada en determinados aspectos de ellos mismos, precisaban conocerse a fondo: gustos, aficiones, preferencias, proyectos, objetivos… Todo con tal de afianzar el amor recién estrenado y comprobar que la afinidad de criterios y de pareceres favorecería el compromiso de aquella unión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tengo algo que preguntarte - se atrevió a decir él, aprovechando un amplio silencio en la conversación, mientras caminaban cogidos de la mano -. ¿Has sido tú quién ha filtrado la noticia a la prensa? - inquirió él, mirándola a los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. No he sido yo - contestó con rotundidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿quién? Estoy convencido de que tú sabes algo y quiero que me lo aclares.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es cierto que yo robé esa información de la caja fuerte de tu despacho pero yo no la he aireado a la prensa - ella confesó su acción, no le quedaba otra opción si pretendía retenerlo a su lado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo has sido capaz de hacerme eso, Mary?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es una historia larga de explicar. Me han obligado a ello. No me preguntes el porqué, también yo me lo he preguntado a veces…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y tu amor, es verdadero o también es falso?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella lo besó con dulzura en los labios y luego añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mi amor es verdadero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, agradezco tu sinceridad. Por ello, también debo confesar que yo procuré dejarte a solas en mi despacho para que tuvieras la oportunidad de hurgar en mis documentos. No imagino cómo lo lograste, pero lo cierto es que los resultados son bien conocidos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo tampoco voy a preguntarte cuáles fueron las razones que tuviste para provocar que yo tuviera la oportunidad de descubrir los secretos de tu vacuna.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero yo, sí que puedo contártelo - la interrumpió él -. Mi empresa está dudando de Microgensyn desde que acordaron la fusión. Querían saber si toda la manipulación a la que fue sometida partía de ellos o no, y ahí apareciste tú. Me pidieron que te facilitara la labor y de esa manera poder cerciorarse con qué personas estaban tratando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Jeff, por confiar en mi.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te quiero, Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo también te quiero, Jeff.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las dudas se habían disipado. Los dos se confesaron mutuamente y llegaron al convencimiento de que su amor estaba por encima de las circunstancias que estaban viviendo. El amor verdadero no existe sin una controversia que lo pueda poner en peligro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115082935573566559?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115082935573566559/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115082935573566559' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115082935573566559'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115082935573566559'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-veintitrs.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTITRÉS'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115082894825216964</id><published>2006-06-20T20:27:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:32:08.176+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTIDÓS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Frágiles son las negociaciones que salen a la luz pública. A veces, cuando un proceso de negociación se lleva de forma soterrada, hay aspectos sobre los que no se puede tener un control exhaustivo. En términos de un proceso de fusión de empresas hay que tener mucho cuidado para que no se filtre ninguna noticia antes de que ésta se haya realizado. En Bioconn no lo habían podido evitar, mientras que en Microgensyn se pusieron todos los medios para que se conocieran determinadas informaciones que les podían interesar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada vez faltaba menos tiempo para que las dos empresas se fusionasen. Los días pasaban, y aunque ya no se celebraban reuniones conjuntas, no por eso habían olvidado aquel proceso, sino que cada una movía pieza según sus intereses. Parecía como si estuviesen abocadas a entenderse, pero la realidad podía cambiar en cualquier momento. De hecho, la noticia que publicaba determinado medio de comunicación auguraba nuevas tensiones entre ambas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La exclusiva de la fusión parecía reservada a Los Angeles Times. La sagacidad de sus reporteros hacía que todas las primicias acerca de la misma, se pudiesen seguir a través de sus páginas. Tan evidentes noticias, podían hacer sospechar que una mano negra pudiera estar filtrándoles información interesada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La portada del periódico el miércoles diez de mayo era una auténtica bomba: “La vacuna de Bioconn contra el SIDA produce Cáncer”. Luego, en letra pequeña se podía leer que era efectiva y que se había iniciado una nueva línea de investigación para subsanar los problemas con los que se encontraron los científicos que la investigaban. También aseguraban que la información procedía de fuentes fidedignas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La reunión finalizó y los tres hombres abandonaron el despacho. Tomaron el ascensor, bajaron hasta la segunda planta, donde se apeó Jason O´Connor para dar instrucciones a Jeff Colleman y, cuando regresó, continuaron hasta la planta baja. Al llegar al vestíbulo, los empleados de Bioconn que encontraban a su paso, se erguían con premura y pronunciaban saludos en tono cortés.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la calle les esperaba una limusina de color blanco y los tres hombres entraron en ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Crees que habrá sido Mary Fishers? - preguntó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me cabe duda - respondió David O´Connor que, previamente, durante el trayecto desde su despacho hasta el coche lo había puesto en antecedentes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se trataba de una trama urdida por David O´Connor y su hijo para conocer quién estaba filtrando las noticias a la prensa. Necesitaban la certeza de que Microgensyn se hallaba realizando aquellas maniobras tan sutiles que tan arduos quebraderos de cabeza les causaban. El éxito no tardó en llegar, y la pista de la noticia publicada por el periódico conducía exactamente hasta las dependencias de Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Solamente hay una persona que ha podido tener acceso al despacho de Jeff Colleman, que es quien tiene toda la información sobre el Proyecto de la vacuna y esa persona es Mary Fishers - añadió Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es evidente vuestro enfado pero, ¿estáis seguros que es Microgensyn quién está detrás de todo esto? - preguntó Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tenemos la menor duda - respondió Jason O´Connor -. ¿Por qué no ha de ser así? ¿Se te ocurre algo en particular?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tengo entendido que esa mujer es la responsable del Proyecto de la vacuna contra el SIDA de Microgensyn. Y, además, una de sus mejores investigadoras. Puede ser que sea ella quién esté detrás de todo este incidente desagradable, y no sea más que un simple espionaje científico para conocer cómo se encontraba de adelantada la vacuna de Jeff Colleman y, de esa manera, seguir con sus investigaciones - respondió Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo creo, Brent, porque durante estos días han ocurrido diversos hechos que yo creo que no están al alcance de Mary Fishers y que hacen pensar que detrás de todo el entramado se encuentra Microgensyn. Ella, sí que es la culpable de la filtración de los problemas con la vacuna - le contestó David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esto os crea un grave problema - aseguró Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Con eso ya contábamos - replicó David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La limusina contaba con todo tipo de lujos en su interior que hacían que el viajar en ella fuera un auténtico placer. Mullidos asientos de cuero blanco, televisión, bar, ordenador con acceso a Internet y una larga lista de detalles que no se podrían ni tan siquiera imaginar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El precio de las acciones va a caer - aseguró Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- También estamos al tanto de esa cuestión - dijo, en esta ocasión, Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y, ¿qué decisión habéis tomado? ¿Qué pensáis hacer?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De momento, poner en cuarentena el proceso de negociación - afirmó David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te entiendo - dijo Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es evidente. Si Microgensyn pretende jugar con Bioconn será porque no está interesado en la fusión. En última instancia, seremos nosotros los que decidamos si realmente nos conviene fusionarnos con esos mafiosos - contestó malhumorado Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sería una sabia decisión. Siempre se pierde algo cuando uno se fusiona con alguien superior, sin embargo, se sale ganando cuando se realiza con otra empresa inferior en el ranking. Si lo que pretendéis es crecer, yo os aconsejaría que tal como están las cosas actualmente, desistierais del proyecto con Microgensyn y busquéis otra empresa de menor rango, para que en todo momento seáis vosotros los que toméis las decisiones - dijo, convincentemente, Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón, Brent - asintió David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La conversación se interrumpió cuando el coche se detuvo. Se encontraba aparcado ante la entrada principal de Microgensyn. Con prontitud, se apearon las tres personas y se adentraron en la empresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vez en ella se dirigieron hacia el despacho de Arthur Sullivan. La señora Fletcher tuvo conocimiento de la visita y recibió órdenes de avisar a su jefe cuando ellos llegaran. Cuando los vio venir los condujo hasta la sala de reuniones y les dijo que el señor Sullivan se reuniría pronto con ellos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan se presentó ante ellos acompañado de Charles Scott.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué agradable sorpresa! ¿A qué debo el honor de su visita? - comenzó diciendo Arthur Sullivan, mostrándose con su fina ironía, pues de sobra conocía el objeto de la visita de los miembros de Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur, déjese de memeces - bramó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir con ese tono? - preguntó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe a mi hijo, señor Sullivan. Ya conoce su carácter impulsivo. Estamos aquí como consecuencia de la noticia que publica en primera página Los Angeles Times que, supongo, usted ya conocerá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, estoy al tanto. Y para restarle importancia al asunto, para que no cunda el pánico y para que ustedes estén tranquilos, Microgensyn está dispuesto a seguir adelante en el proceso de fusión, aún en el caso de que esa noticia sea cierta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras las palabras de Arthur Sullivan se escucharon los sonidos del silencio en la sala de reuniones. Estaban sentados en la mesa oval y con su mirada, él tenía controlados a sus tres contrincantes que enmudecieron ante la armonía con la que fueron pronunciadas aquellas palabras, más en tono diplomático que conciliador. Arthur Sullivan se bastaba sólo para manejar la más que probable discusión puesto que en el arte de la oratoria era superior incluso a David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El problema no es Microgensyn. Probablemente Bioconn tenga que sopesar en estos momentos y volver a estudiar detenidamente todos los pormenores del acuerdo y decidir si todavía está interesado en la fusión o por el contrario podemos hacer valer la cláusula de salvaguarda y romper el pacto - planteó David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te dejes humillar por semejante personaje con artes mafiosas. No te das cuenta, papá, que nos quiere embaucar con su palabrería. Está claro que son ellos los que han provocado toda esta situación. Nosotros no los necesitamos para nada, son ellos los que precisan de nosotros. ¡Vámonos! No soporto tanta desfachatez - espetó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por educación, por edad y por respeto, no voy a tener en cuenta tus palabras, Jason, aunque - Arthur Sullivan miró a David O´Connor - nuestra proposición sigue en pie y estamos dispuestos a asumir las consecuencias que, el hecho de que la vacuna de Bioconn sea un fracaso, traiga consigo. Estamos dispuestos a fusionarnos con Bioconn con o sin vacuna - aseguró él, intentando disimular su velada alegría, impidiendo que en su rostro se reflejara una mueca de satisfacción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso y si las dos partes están de acuerdo, propongo zanjar este malentendido con un apretón de manos y dejar las cosas como están. No hay que tomar decisiones en el fragor de una discusión. Todavía hay tiempo, todavía disponemos hasta el día veintidós de mayo para decidir si las dos empresas están de acuerdo y estiman oportuna la fusión - terció Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos abandonaron la sala de reuniones. Unos con evidente malhumor y cara circunspecta, mientras que Arthur Sullivan reprimía una sonrisa ladina. Pensaba para sus adentros, en tono vulgar, que ya los tenía en el bote, y agradecía la magnífica idea de Pascale Carter, puesto que con ello tenía a Bioconn a sus pies. Era obvio que se manifestasen de aquella manera, pero tampoco pretendía que se arrastrasen ya que la dignidad está por encima de todas las cosas. Era cierto que estaban enfadados y eso le hizo pensar que el acuerdo estaba más cercano y la sugerencia de ella, del intercambio de acciones favorable a Microgensyn, factible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers estaba de vacaciones, por lo que esa mañana se permitió el lujo de levantarse tres horas más tarde. El dormitar a primeras horas de la mañana era un placer que sólo se permitía los domingos y ese tiempo que disfrutó en la cama le pareció una lujuria de descanso. Al mismo tiempo, recordó las palabras de Arthur Sullivan y agradeció aquellas vacaciones inesperadas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tenía mil cosas que realizar, mil asuntos pendientes y proyectos que precisaban una dedicación exclusiva. Necesitaba tiempo libre para estrujarse las neuronas y poder parir ideas que le sirvieran para experimentar posteriormente en el laboratorio. Su naturaleza inquieta le impedía relajarse y disfrutar de unos días alejada del trabajo, por ello, todas esas horas las aprovecharía para trabajar mentalmente, si cabe, mucho más. El placer, para ella, resultaba efímero, mientras que el trabajo era una verdadera obsesión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante el desayuno aprovechó para poner en orden su agenda de trabajo vacacional durante los días siguientes. Fue anotando diferentes ideas que tenía aplazadas y el tiempo que dedicaría a desarrollarlas. También diseñó las horas de ocio que se iba a permitir. Más bien pocas, no era derrochadora con el tiempo. No le sobraba en exceso. Cuando terminó de desayunar, prácticamente tenía su agenda repleta de anotaciones hasta el martes veintidós de mayo. Ningún hueco libre. En letras rojas apuntó: Concertar reunión con Brett Johnson para concluir el proyecto del nuevo fármaco contra el SIDA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con más parsimonia que en otras ocasiones, terminó de arreglarse y se dispuso a salir de casa en dirección a Microgensyn. El trayecto lo realizó relajada, mostrándose paciente con los semáforos en rojo. No tenía prisas, al fin y al cabo sólo iba a recoger el informe del nuevo proyecto para estudiarlo a fondo posteriormente. Estaba ilusionada en el nuevo fármaco, que aunque no sirviera para curar la enfermedad, sí que evitaría la aparición de la sintomatología del SIDA una vez que una persona fuera seropositiva, retrasando la aparición del síndrome mientras el paciente estuviese tomando el fármaco. Había dedicado muchas horas junto con Brett Johnson para diseñarlo y por fin lo habían conseguido. Al final, fue él quien se encargaría de redactar el proyecto definitivo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La señora Wilcox la miró extrañada cuando la vio llegar. Le resultaba complicado aceptar que Mary Fishers estuviese de vacaciones por aquellas fechas. La conocía bien y sabía que no era de su agrado, pero no la importunó realizándole pregunta alguna que pudiera resultar impertinente en semejante situación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antes de acudir al laboratorio en busca de Brett Johnson, donde lo podría encontrar, Mary entró en su despacho y puso en funcionamiento el ordenador. Quería leer los correos electrónicos que hubieran llegado en las últimas horas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se sentó cómodamente en el sillón y esperó pacientemente la configuración del ordenador. Introdujo la clave de acceso y no encontró respuesta. Pensó que se había equivocado por lo que procedió a pulsar las teclas, cerciorándose en esta ocasión que las marcaba correctamente. Nuevo intento baldío. Comenzó a impacientarse y a barruntar negros presagios. Una tercera vez sería suficiente para comprender que algo extraño sucedía. Una a una tecleó cada letra y los signos que le daban acceso a su ordenador, y obtuvo la misma respuesta que en los intentos anteriores: Error en la contraseña, pulse de nuevo su clave de acceso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una respuesta en blanco que tenía diferentes interpretaciones. Quería pensar que el sistema fallaba en algún punto sustancial, pero esa opción no tenía fundamento, ya que si fuera así, le hubiera ocurrido lo mismo a la señora Wilcox cuando puso en funcionamiento su ordenador y ésta no le había hecho ningún comentario al respecto. Desechó rápidamente tal hipótesis. Analizando la situación, existía otra posibilidad que era más plausible, pero que sólo el hecho de tenerla en cuenta le horrorizaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me han quitado el acceso a mi ordenador. Esos cabrones no pueden jugar así conmigo. ¡Me están robando mi trabajo, mi vida! No tienen derecho a gastarme esta putada.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sólo era una posibilidad, pero con visos evidentes de ser toda una realidad. Se estremeció y sintió pánico. Estaba tiritando. La temperatura era agradable, pero temblaba de miedo. El juego había llegado demasiado lejos y Mary Fishers comprendió que la misión que en un principio aceptó como consecuencia de la promesa que un día realizara a su padre y, además, por la vanidad de poder ser ella la descubridora de la vacuna contra el SIDA, que salvaría a la humanidad de una terrible enfermedad que estaba menospreciando y a la que no se dedicaban todos los recursos pertinentes porque en la actualidad afectaba fundamentalmente a países en vías de desarrollo, estaba actuando en su contra. Se encontraba perdida en un laberinto del que no sabía cómo escapar, pero lo más importante es que a pesar de todo no comprendía nada. Había aceptado una trama de espionaje muy a la ligera sin sopesar las consecuencias que le pudiesen acarrear. En estos momentos no sabía qué hacer para liberarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero pronto, probablemente, con tesón, argucia y espíritu para aguantar nuevas sorpresas desagradables encontraría la verdad. ¿Por qué impedían que tuviera acceso a su ordenador? Ella, que había sido ignorada, que había sido capaz de cumplir con lo que le habían exigido y de descubrir en un tiempo récord que la vacuna de Jeff Colleman fracasaba estrepitosamente, podría descubrir algún asunto que ellos pretendían ocultar. ¿Qué podría encontrar Mary Fishers en Microgensyn? ¿Qué secretos guardaba su ordenador? Algo verdaderamente importante ocurría en Microgensyn cuando le negaban algo tan nimio cómo el acceso a sus correos electrónicos. ¿Qué intentaban ocultar Arthur Sullivan y Christopher Norton pretendiendo que ella no lo descubriera? Muchas preguntas sin resolver, pero si se indaga siempre se encuentra la respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Ahora sabía a ciencia cierta que la tenían en cuenta y lo que en principio aceptó como un reto, se convirtió en una aventura de la que conocía determinados entresijos, pero no el fin por la que fue diseñada. Ahora sabía que le tenían miedo. Ahora sabía que tendría que apostar fuerte, apostar a ganador, aunque corriese peligro, porque en ello le iba la vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La vacuna. Esa es la cuestión. Tiene que ser la vacuna. Mi hermano tiene razón. Mi vacuna es un éxito, pero ellos no me van a dejar saber si tengo razón o no. No quieren dejarme conocer los resultados definitivos. Me están espiando. Conocen todos mis movimientos. Saben que he estado investigando por mi cuenta y que estoy cerca de descubrir que me han tendido una trampa. Ese es el problema: La vacuna.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pensaba a una velocidad de vértigo y sus razonamientos le resultaban providenciales. El miedo desapareció y comenzó a meditar la estrategia con la cual afrontar el nuevo episodio que acababa de averiguar. Por un momento atisbó la posibilidad de descubrir la vacuna contra el SIDA y ello le dio la valentía suficiente para enfrentarse a sus enemigos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Apagó el ordenador. Se puso en pie como empujada por un rayo. Abandonó a toda prisa su despacho y cuando salió no tuvo tiempo ni para dirigirle una mirada a la señora Wilcox, ni tan siquiera un saludo fugaz. Ella cada vez estaba más sorprendida con la actitud de Mary Fishers. Tenía la impresión de que algo no marchaba como debería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pasó delante del ascensor y giró en dirección a las escaleras, las cuales subió de dos en dos. Cuando llegó al piso de destino cruzó el pasillo como si fuese perseguida por el mismísimo diablo. Miró con cara de pocos amigos a la señora Fletcher y sólo le dio tiempo de escuchar unas palabras que resonaron lejanas: ¿Señorita Fishers, dónde va usted? Abrió sin titubear la puerta y luego la cerró de un portazo, y ante ella encontró el gesto sorprendido de Arthur Sullivan sentado en el sillón de su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur, ¿se puede saber qué está sucediendo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No comprendo, Mary. ¿Qué pasa? - contestó, insinuando desconocer el motivo de su presencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya estoy harta de tu ironía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por favor, Mary, tranquilízate y siéntate.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No quiero sentarme. Así te puedo controlar mejor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quieres explicarte de una puñetera vez? - contestó Arthur Sullivan con gran enfado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa con mi ordenador?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Con tu ordenador!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, mierda, con mi ordenador. Quiero explicaciones ya. Me habéis quitado el acceso a mi ordenador - aquella exclamación exasperó a Mary Fishers y no pudo contenerse ni en el gesto de ira que hizo, ni en la palabra vulgar que utilizó para hacer patente su enfado mayúsculo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, no consiento esas expresiones a nadie ni a ti tampoco. No te creía capaz de caer tan bajo. Si eres tan amable, abandona mi despacho ahora mismo y no tendré en cuenta tu insulto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De aquí no me marcho hasta que me des una explicación convincente. Quiero saber qué significa todo esto. ¿Por qué me das vacaciones y al día siguiente descubro que no tengo acceso a mi ordenador?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, te recuerdo que estás hablando con el Presidente de Microgensyn y que en esta empresa mando yo y que no consiento que se me hable en ese tono.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me das miedo, sabes, Arthur Sullivan, ya no temo a nada ni a nadie. Esta situación ha llegado demasiado lejos, me habéis utilizado, me habéis engañado y ahora estoy pagando las consecuencias por aceptar el espionaje al que me obligasteis. Quiero saber qué está sucediendo. ¿Por qué tengo que ser yo la cabeza de turco?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, aquí, no pasa nada, tú no eres ninguna cabeza de turco - Arthur Sullivan no daba su brazo a torcer y, además, no le quería dar ningún tipo de explicaciones. Era el Presidente y podía hacer y deshacer a su antojo en la empresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, estaba siendo paciente. La consideración que tenía por Mary amortiguó el deseo de echarla del despacho. A pesar de los improperios que ella pronunciaba sin cesar, él se mostró impertérrito y los encajó como un púgil que, a punto de estar noqueado, se sobrepone y mortifica a su rival.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo que no pasa nada! Os doy una información confidencial, la que me habéis obligado a robar mediante el espionaje, y al día siguiente sale publicada en primera página en el periódico y, supongo que, hoy será la comidilla de toda la comunidad científica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Piensa que es una estrategia de la empresa y nada más. No voy a negarte que hemos filtrado la noticia interesadamente - contestó él en su papel, mostrando incredulidad ante la actitud de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cada día me sorprendes más, Arthur. No comprendo vuestro juego - dijo ella, que se mostraba gesticulante una vez más. Abría y cerraba los brazos, señalaba con su dedo acusador a Arthur y giraba a uno y otro lado como si estuviese poseída.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ni falta que te hace. Ese no es tu trabajo. Te recuerdo, querida, por si lo has olvidado, que tu trabajo sólo consiste en investigar y realizar descubrimientos científicos para Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te recuerdo, querido - replicó ella con sorna - que ese no es exclusivamente mi cometido en esta empresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Disculpa si te he herido. Lo había olvidado - nuevamente se mostraba irónico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿quieres explicarme de una puñetera vez por qué me quitáis el acceso a mi ordenador?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No hace falta que sepas que pienso que eres demasiado inteligente y que eso te convierte, a la vez, en una persona peligrosa en estos momentos. Mary, te has extralimitado en tus funciones, has menospreciado nuestro poder y has estado jugando con nosotros. Si no hubiera sido porque te tenemos vigilada, no hubiéramos descubierto que nos estabas mintiendo y eso te convierte ahora en nuestro enemigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No era esa mi intención. Además, estaba obligada a guardar silencio. Lo que descubrí en el despacho de Jeff Colleman era demasiado importante y pensaba que esa información podría mal interpretarse y que no sería beneficiosa para ninguna de las partes implicadas en esta trama - se disculpó ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tú no tienes derecho a juzgar. Tu misión consistía en averiguar el resultado de la vacuna de Jeff Colleman y a continuación venir a Microgensyn e informarnos de tus descubrimientos. En eso consistía tu trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Entonces? ¿Es esa la causa?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sin quererlo, te has convertido en un problema. Ahora resultas peligrosa. No nos fiamos de ti y queremos que estés al margen hasta que todo esto se resuelva. No quiero que vuelvas a aparecer por Microgensyn hasta el día veintitrés. Cuando llegue ese día olvidaré este incidente y tendrás, de nuevo, acceso a tu ordenador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me estás engañando, Arthur. Yo tampoco me fío de ti. Esa no es la razón. Esas palabras no te justifican. Tiene que haber otra causa más importante que me estás ocultando y que no quieres que yo descubra - le espetó ella en un tono diabólicamente intencionado, queriendo aseverar con sus palabras que estaba segura de lo que decía, queriendo dejar claro que no se dejaría manipular y que no se detendría hasta que encontrase la verdad de aquella conspiración.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te juro que es la verdad. No hay otra razón - estaba recostado en el sillón, mirándola altivo y con gestos, en ocasiones, despectivos, que ella interpretó a su manera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡La vacuna! - exclamó Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué vacuna? - inquirió él, no dándose por enterado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella adivinó con aquella pregunta que existía otra razón más importante que la esgrimida anteriormente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué vacuna va a ser, Arthur! ¡Mi vacuna! ¡La vacuna contra el SIDA de Microgensyn! - exclamó Mary Fishers, esperando expectante la respuesta de él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por unos segundos no supo qué responder. Se mantuvo quieto, en silencio. Luego añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tu vacuna no tiene nada que ver en este proceso. Es lo que menos me preocupa en estos momentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mientes, Arthur. El resultado definitivo de mi vacuna se conocerá el martes dieciséis. Y ese día no queréis que yo lo pueda conocer. Me tenéis miedo, Arthur. ¿Qué escondéis? ¿Por qué no queréis que yo esté presente cuando se conozca el resultado final del Proyecto Mgen1702?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te repito una vez más que ese tema no me interesa. Es un tema secundario que podremos tratar a su debido tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te creo, Arthur.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puedes creer lo que quieras. Ese es tu problema. Y ahora que veo que estás más calmada, si estás de acuerdo podemos poner punto y final a esta conversación. Vete de vacaciones. Disfruta del tiempo libre. Medita y si el día veintitrés, cuando regreses, me presentas tus excusas, yo zanjaré esta conversación y olvidaré lo que aquí hemos hablado. Si no es así, obraré en consecuencia y te aseguro que no seré piadoso y que mi admiración por ti habrá desaparecido. Por favor, Mary, ponme las cosas fáciles o me obligarás a echarte de Microgensyn - hablaba convencido, con la sabiduría que le proporcionaba su edad y consecuente con las mentiras que acababa de pronunciar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary salió del despacho con la misma rabia con la que entró. En esta ocasión obvió dar un portazo. Se había mostrado desafiante con Arthur Sullivan y le demostró que no le tenía miedo. Se sabía poderosa. No obstante, encabezaba el escalafón de investigadores de Microgensyn, y cuando se tiene poder se puede decir la verdad. De la conversación no sacó ninguna conclusión positiva, sino simplemente sospechas, determinados recelos que la encaminaban cada vez más a buscar la verdad en ella misma y en su trabajo, su vacuna. Cada vez se cercioraba más de que la clave de todo este entramado se hallaba en el Proyecto Mgen1702 y que si lograba averiguar por qué le querían hacer creer que era un fracaso, podría salir airosa y victoriosa de esa conspiración.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Caminó lenta por el pasillo y luego descendió por las escaleras de la misma forma. Pensaba cómo combatir el impedimento de poder acceder a los secretos de su ordenador y, una vez más, se acordó de su hermano. Él la podría ayudar, seguro que se le ocurriría algo, alguna estratagema. Confiaba plenamente en él, ya que nunca le fallaba. Una de las facetas que más admiraba de él, era la intuición y ello propiciaba que, en la mayoría de las ocasiones, tuviera razón. Haría caso de sus propuestas y por ellas sería capaz de poner su vida en peligro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el fragor de la ira, recordó que todavía no se había reunido con Brett Johnson, por lo que decidió encaminarse hasta el laboratorio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Mary. ¿Es verdad que estás de vacaciones? - preguntó Brett Johnson cuando la vio acercarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Es verdad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces… ¿Qué haces por aquí?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vengo a recoger el informe del proyecto del nuevo fármaco contra el SIDA. ¿Lo has redactado ya?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Lo tengo en el archivador. Ven y te lo entrego. Supongo que ahora tendrás tiempo libre para estudiarlo detenidamente. Una vez que lo hayas hecho me gustaría que nos reuniésemos para hacer una puesta en común - insinuó él, mientras se dirigían a recoger el informe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto - aceptó ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me gustaría que fuese lo antes posible. ¿Cuánto tiempo tardarás en leerlo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora mismo, tiempo es lo único que tengo. Dedicaré toda la tarde y creo que esta noche lo habré concluido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, ¿qué te parece si nos vemos mañana?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo. ¿Dónde?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quieres que nos veamos aquí o sería mucho pedir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo que no sería lo adecuado, ¿olvidas que estoy de vacaciones? No debo de aparecer por aquí - mintió ella, no quería dar explicaciones, resultaba un asunto demasiado embarazoso y no tenía ganas de implicar a su fiel colaborador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, ¿te parece bien que nos veamos en mi casa? Te invitaré a un café.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso me parece mejor. ¿A qué hora?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Podría ser mañana, sobre las seis de la tarde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Allí estaré. Espérame con el café bien caliente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Resultaba descorazonador e irónico al mismo tiempo. Estaba a punto de ser despedida de Microgensyn si no acataba las órdenes recibidas y ella sólo pensaba en continuar con su labor de investigadora. No podía desconectar, era un sentimiento superior a sus problemas, que en ningún momento podían mermar la capacidad de trabajo que era capaz de desarrollar. A pesar de todo, seguiría con su labor científica como si no hubiera ocurrido nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando concluyó la reunión con Mary Fishers, Arthur Sullivan se quedó pensativo en su despacho. Tenía dudas acerca de si había obrado bien o mal. Desconfiaba de ella. Las vacaciones que le concedió, así como el ultimátum, podrían resultar un acicate que actuara en su contra. La conocía demasiado bien y quizás hubiera sido mejor actuar como si no hubiera pasado nada, porque ahora estaba herida en su orgullo y sabía que no se detendría ante nada hasta averiguar qué era lo que sucedía en realidad en Microgensyn. Buscaría la verdad y cuanto más se busca, más posibilidades existen de encontrar algo que puede ser desagradable para todas las partes implicadas. Al final se consoló al pensar la buena idea que habían tenido al tenerla vigilada constantemente. Cualquier maniobra que ella realizara la conocerían y podrían obrar en consecuencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba ensimismado en sus pensamientos y recobró el pulso de la realidad cuando el teléfono llamó su atención. Se trataba de la señora Fletcher que lo llamaba por la línea directa entre ambos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dígame señora Fletcher.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe, señor Sullivan, la señorita Carter desea ser recibida por usted.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pascale Carter!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, señor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dígale que pase. La recibiré.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba al tanto de todo lo sucedido. Christopher Norton le había contado la reunión con el Doctor Hodgkins en el centro comercial. Tenía ganas de encontrarse con ella y decirle lo que pensaba acerca de su comportamiento poco ético. Aquella era una palabra que solía utilizar con frecuencia y a la que se refería cuando negociaba el precio de algún medicamento para desnivelar la balanza a su favor pero, puesta en su boca, parecía una palabra llena de connotaciones filosóficas que sólo utilizaba cuando tenía algo que ganar y cuyo significado, obviamente, resultaba distinto que para el resto de seres humanos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se disponía a levantarse de su sillón cuando se abrió la puerta y la vio entrar. Se dirigió hacia ella y cuando Pascale Carter alargó el brazo para saludarlo, miró hacia su mesa y cogió el memorándum de la fusión, rehusando darle la mano, regocijándose al ver su cara de sorpresa. Era el primer aviso de que aquella reunión no iba a resultar muy amistosa y que la empatía que existía entre ambos se había evaporado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, Arthur - comenzó ella a hablar antes de que él pudiera lanzarse dialécticamente sobre ella -. Traigo buenas noticias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Buenas noticias! - masculló él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias a tu información las acciones de Bioconn están cayendo y estamos a punto de conseguir el nivel que tanto ansiábamos para cerrar la fusión de acuerdo a nuestros intereses. Falta muy poco para que la equivalencia sea de cuatro acciones de Bioconn por una de Microgensyn - temía a Arthur Sullivan, temía lo que se le venía encima. Por eso, comenzó adulándolo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esa era tu estrategia, ¿no? - le dio un margen de confianza antes de entrar en la diatriba que pensaba espetar a Pascale Carter.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puedo equivocarme, pero en la mayoría de las ocasiones suelo acertar en mis propuestas - dijo ella con falsa modestia -, y en esta ocasión creo que hemos dado en la diana. A propósito, ¿es cierto eso del cáncer?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Querida Pascale! - él sólo hablaba así cuando estaba enfadado -. ¿No crees que es demasiado petulante por tu parte desconfiar de mí? ¿Acaso me crees capaz de acusar con falsas propuestas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Por supuesto que no! - aunque estuvo a punto de contestar afirmativamente, porque en aquella jungla de intereses empresariales todo estaba permitido. Pero hubiera sido demasiado, no quería sentir el mazo de la exasperación de él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Claro que es cierto. De no ser así ellos podrían desmentirlo fehacientemente y la noticia se hubiera vuelto en contra nuestra, provocando una subida inesperada de las acciones de Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! Tienes razón. No se me había ocurrido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo que no se te va a ocurrir! Si hubieras estado convencida de que la noticia era falsa hubieras comprado acciones de Bioconn y habrías dado un nuevo pelotazo en bolsa - comenzó él, muy enfadado, con su acusación, antes de que ella lo esperara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur, no consiento que nadie me acuse de esa manera - respondió Pascale Carter, avanzando un paso, dispuesta a enfrentarse a él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo que no consientes! Has estado a punto de tirar por la borda el trabajo de dos años y en estos momentos la fusión puede no llevarse a cabo. Esta mañana ha estado aquí David O´Connor y se mostró muy ofendido por todo lo sucedido con su empresa desde que tú empezaste con tu juego y a enriquecerte en bolsa. Ahora mismo se están replanteando si les conviene la fusión o no.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Claro que les conviene - aseveró ella con rotundidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No estés tan segura, querida. Además, te advierto que si ésta no se lleva a cabo, voy a hundirte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡No sé cómo! - seguía mostrándose provocativa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pienso denunciarte a la Comisión Deontológica del Colegio de Abogados y hacer público lo que has hecho en todo este asunto. Además, estoy enterado de que no es la primera vez que das un pelotazo en bolsa. Al parecer, ese es tu proceder con los clientes que confían en ti. Lo que me extraña es que, hasta el momento, hayas salido airosa en todos tus sucios negocios y que nadie se haya atrevido todavía a denunciarte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Y tú tampoco lo harás! - afirmó ella, cada vez más enfrentada a él, reprobando las acusaciones de Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me estás subestimando. No me conoces bien. Te arrepentirás de haberme conocido y haberme traicionado - respondió él, alzando la voz y levantando, al mismo tiempo, la mano con el puño cerrado y el dedo índice extendido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué pasa si te subestimo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te atreves a desafiarme?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mi querido Arthur, me desilusionas. Te creía más inteligente - replicó ella, dando un paso hacia atrás, desviando la mirada hacia el cuadro que pintaba el cielo de Nueva York invadido por colosales rascacielos, dando a entender con aquel gesto que menospreciaba su autoridad -. ¿No has imaginado por un momento que yo esperaba esta reacción tuya y que tengo bien guardadas las espaldas? ¿No creerás que sea tan necia como para actuar de esa manera sin guardar una carta en la manga?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sé que eres muy astuta, pero a pesar de todo no te librarás de mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Escucha, Arthur, siéntate si no quieres caerte de espaldas antes de escuchar lo que tengo que decirte - se atrevió ella a insinuar, provocándolo todavía más -. He estado trabajando en esta fusión durante dos años, dos largos años de mi vida los he dedicado a tu empresa. Como comprenderás tengo todo un dossier de sucesos comprometedores para Microgensyn que he ido descubriendo y guardando a buen recaudo durante todo este tiempo. Si yo revelara todo lo que sé acerca de ti y de tu empresa podría hundirte en la miseria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ahora te muestras arrogante! ¡No me esperaba que cayeras tan bajo ni que fueras tan ruin! Te voy a…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Atrévete a insinuar algo acerca de mí y conocerás a la verdadera Pascale Carter - bramó, cortante, Pascale Carter, al tiempo que interrumpía lo que él iba a decir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era una lucha de tú a tú, en la que dos seres prepotentes se acusaban mutuamente, y en la que la miseria de los secretos que cada uno escondía le daba el valor para poder enfrentarse sin remilgos y sin pudor a su contrincante. Ninguno de los dos se amilanó al escuchar determinados comentarios, y como si de una partida de ajedrez se tratara, el final se vislumbraba un tanto incierto, hasta que cualquiera de los dos propusiera unas tablas que probablemente serían aceptadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tienes nada contra mí. Es un farol…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cuando quieras puedes descubrirlo. Sólo tienes que decir algo contra mí y te aseguro que te fulminaré - le espetó ella, mirándole a los ojos, desafiante, sin ningún atisbo de miedo -. Yo venía con la esperanza puesta en una felicitación tuya, por mi gran trabajo y porque ahora tienes en bandeja a Bioconn, al precio que Microgensyn se puede permitir la fusión. Yo he ganado miles de dólares, no lo niego, pero no me negarás que con mi estrategia vosotros ganáis cientos de millones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que tengas razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso te aconsejo que tengas la boca cerrada y me des las gracias por el trabajo que he realizado - sentenció enfurecida Pascale Carter, mientras realizaba el ademán de marcharse del despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pascale! - la llamó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué? - respondió ella, girándose hacia él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No… nada. Puedes marcharte - era mejor no decir nada. Una persona herida puede ser muy peligrosa y nunca hay que menospreciarla. Es mejor tenerla de tu parte, tenerla como amiga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La mañana estaba resultando bastante ajetreada. Tres reuniones tan tensas son capaces de dinamitar la paciencia del ser más flemático. Salió airoso de las dos primeras, pero en la tercera encontró una mujer mucho más fuerte y segura de sí misma de lo que imaginaba y nada pudo hacer ante los argumentos de ella. Le dolía tener que guardar silencio y que ella saliese victoriosa de aquel envite. No estaba acostumbrado a perder, y menos aún a que le ordenasen lo que debía hacer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sintió una necesidad apremiante de relajarse y contarle a Christopher Norton lo ocurrido en las tres entrevistas, por lo que ordenó a la señora Fletcher que lo llamara para reunirse con él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No tuvo que esperar demasiado tiempo. Pasados unos minutos lo tuvo como un perro faldero ante él. Con Christopher Norton podía conspirar y se sentía idolatrado porque siempre le seguía la corriente y nunca osaba discutir ninguna de sus propuestas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando estuvieron juntos lo puso al corriente de lo acaecido en las tres reuniones pero, más que en Bioconn y en Pascale Carter, el tema de conversación estuvo centrado en Mary Fishers. Arthur Sullivan se percató de que Christopher Norton disfrutaba con la nueva situación que vivía Mary Fishers y, cuando le contó que le había pedido que le presentara excusas o la echaría a la calle, vio cómo saltaban los ojos de Christopher Norton de sus órbitas y la pérfida sonrisa dibujada en sus labios. Sabía que ella no era de su agrado y después de los últimos acontecimientos Arthur Sullivan también se estaba hartando del comportamiento de Mary, por lo que no reprimió los sentimientos de aquél, puesto que eran similares a los que él experimentaba en estos instantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando Christopher Norton abandonó el despacho de Arthur Sullivan pensó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Jódete, Mary Fishers. Por fin lo he conseguido. Ahora sí que estás fuera de Microgensyn. Habrá que organizar un pequeño escándalo para que nadie te quiera contratar.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers salió de Microgensyn con la sensación de que nunca más volvería a pisar aquella estancia. Estaba enfurecida consigo misma por lo que le había sucedido y no atinaba a comprender todo lo que estaba pasando y cómo se dejó engañar de esa manera tan tonta. En el fondo, se sentía culpable por haber participado en una trama en la que nada tenía que ganar y sí mucho que perder. Había confiado en Arthur Sullivan, un personaje que admiraba pero del que desconocía su verdadera faceta, que no era más que una simple borrachera de poder.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando se alejaba de Microgensyn, comenzó a sentirse aliviada y se concentró en urdir la dulce venganza con la que aliviar la afrenta de la que había sido objeto. Venganza, dichosa palabra, una vez más en su mente. No era rencorosa, no quería ningún mal para Arthur Sullivan, pero tenía la esperanza de ganar aquella batalla que ya abarcaba varios frentes. No menospreciaba ninguno, y en su fuero interno, ansiaba salir victoriosa de todos ellos. Si no se tiene el ánimo de ganar y no se está en disposición de entregarse hasta el final, nunca se puede alcanzar la meta marcada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Puso rumbo a Moon Digital. Sorprendería a su hermano con una visita inesperada. Nunca lo hacía. Pensó que le agradaría recibirla en su pedestal informático aunque ella acarreaba una pesada carga de problemas que no sabía cómo solucionar y que sólo con la ayuda de la mente privilegiada de su hermano Alec podría solventar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante el trayecto se percató de que una furgoneta de color blanco la seguía a cierta distancia. Su imagen permanecía fija en su espejo retrovisor y cada vez que ella cambiaba de dirección, una vez más, a lo lejos, aparecía reflejada. Comprendió que la estaban siguiendo y que el juego no se había terminado todavía. Aunque Mary Fishers pretendía ser quien dijera la última palabra y decidir cuándo debía de concluir aquella conspiración.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El miedo es un sentimiento que corroe a los débiles. Mary Fishers era una mujer fuerte que no se dejaba amilanar por ninguna situación. Presentía el final, miró el espejo retrovisor y pensó: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Qué pérdida de tiempo, no me van a asustar!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entró en las dependencias de Moon Digital y se dirigió sin premura de tiempo a buscar a su hermano. La recibió su secretaria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, Sara, quiero ver a mi hermano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, señorita Fishers, ahora mismo lo aviso. Si es tan amable, pase a su despacho. Espérelo allí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el despacho de su hermano reinaba la anarquía. No era uno cualquiera. Como en todos, había una mesa con los utensilios propios de un presidente de empresa, pero lo que llamaba la atención y lo que presidía aquella estancia era la gran cantidad de monitores, teclados y unidades de ordenador que había dispuestos en una mesa infinita. Todos estaban encendidos y Mary se dedicó a mirarlos con profusión. Pudo apreciar las diferentes configuraciones de estos y que incluso varios estaban conectados a Internet. Por lo demás, diferentes litografías de ilustres pintores vestían las paredes. Le llamó la atención que todas éstas eran de estilo cubista, como si estuvieran emparentadas con el sincronismo de la figura de la obsoleta pantalla cúbica de ordenador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Mary. ¿Qué haces tú por aquí?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vengo, una vez más, en busca de ayuda - como siempre, ella se sentía segura en compañía de su hermano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estás en el lugar idóneo. Vamos siéntate. Te escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Acaban de darme un ultimátum.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te ha hecho ese miserable?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ha estado a punto de despedirme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo que escuchas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cuéntame qué ha sucedido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers le contó con pormenores toda la conversación con Arthur Sullivan. Luego también hizo hincapié en el incidente de su trayectoria, desde Microgensyn hasta Moon Digital, con relación a la furgoneta blanca que la venía siguiendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante unos segundos, Alec Fishers no hizo comentario alguno. Dejó su mente volar, dilucidando una estrategia que sirviera para subsanar aquel nuevo incidente, uno más de la maltrecha aventura que había encarado junto a su hermana. Hasta que al final añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Que piensas hacer?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé. Espero que se te ocurra algo interesante. Confío en ti y sé que no me defraudarás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Agradezco tu estima, hermanita, pero todo tiene un límite - contestó Alec, que no se le ocurría cómo solucionar aquel asunto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sé que es demasiado pedir, pero tengo la esperanza de que algo se nos ocurrirá entre los dos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me lo pones muy difícil. Más aún si no tienes acceso a tu ordenador. No se me ocurre cómo vas a poder enterarte del resultado final del Proyecto Mgen1702. La Doctora Galloway te puede enviar a tu casa las conclusiones, pero si éstas no se activan en el ordenador central de Microgensyn, no podemos conocer si tu vacuna es un éxito o un fracaso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Espera un momento. Creo que existe una posibilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál? - preguntó Alec Fishers, incorporándose en su sillón, alentado por la posibilidad de una luz en la oscuridad de aquella trama.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo no puedo ir a Microgensyn, pero otras personas pueden realizar ese trabajo por mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién? ¿Quién hay trabajando en Microgensyn que sea de tu entera confianza y que te quiera realizar ese favor?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Brett Johnson - los ojos de Mary Fishers se iluminaron cuando pronunció el nombre de su íntimo amigo. La persona que más estimaba de todos sus colaboradores. Un hombre que sabía que nunca le fallaría y que no se podía negar a un favor que ella le demandara, aunque tuviese que arriesgar su prestigio y su vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estás segura?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo pondría la mano en el fuego por Brett Johnson y creo que él también lo haría por mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso propónselo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A pesar de todo lo sucedido, la suerte parece que me sonríe…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué Mary? - la interrumpió él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque hace unos momentos acabo de quedar con él. Me voy a reunir con Brett mañana en su casa para trabajar sobre un proyecto nuevo en el que estamos investigando. ¿Qué se supone que debe de hacer? - preguntó ella imaginando que su hermano le explicaría lo que Brett Johnson tendría que realizar para conseguir los correos electrónicos activados de los diferentes investigadores que estaban haciendo el trabajo de campo en el Proyecto Mgen1702.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Muy sencillo, ahora mismo preparo un CD con un programa informático que dará las instrucciones al ordenador central para que los correos electrónicos activados se vuelquen en él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Alec, existe un serio problema - dijo ella con gesto circunspecto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál, Mary?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Brett no trabaja en el proyecto Mgen1702.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué significa eso? - preguntó Alec mirando a su hermana fijamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que a través de su puesto de trabajo, en Microgensyn, no tiene acceso a los resultados. Como ya sabes, en la empresa trabajamos con claves y Brett no tiene ninguna para acceder al Proyecto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ese no es ningún problema. Está claro que con tu clave tampoco puede acceder, pero ¿no conoces la contraseña de ningún otro investigador que participe en el Proyecto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora que lo dices, sí. Pero sería demasiado arriesgado para él - musitó Mary Fishers&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque sólo podría acceder a través del ordenador de Kenneth Golberg, ya que yo conozco su clave. Debería aprovechar un momento en el que él no estuviera en su despacho para manipular su ordenador y extraer la información que precisamos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Para eso están los amigos, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Para eso y para muchas cosas más. En concreto, ¿Qué debe hacer?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Nada. Sólo introducir el CD en su unidad, ejecutarlo y él sólo realiza todo el trabajo. Después, obviamente, debe de salir lo más rápidamente posible de Microgensyn y dirigirse a tu casa donde en tu ordenador podrás tener acceso, en unos minutos, a los resultados definitivos de tu Proyecto - Alec Fishers hablaba convencido de lo sencillo que resultaría vulnerar el sistema de seguridad de Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te he dicho en alguna ocasión que eres un genio?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En más de una, hermanita - contestó Alec Fishers, inundando aquel despacho con una de sus típicas y sonoras carcajadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A propósito, me tienes intrigada, contéstame a una pregunta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dime, ¿cuál es?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué tienes tantas pantallas de ordenador en tu despacho?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Muy sencillo, hermanita. A través de ellas, tengo acceso a todo el trabajo que están realizando, en cada momento, los programadores de Moon Digital y, al mismo tiempo, yo puedo trabajar conjuntamente con ellos. Cualquier problema que surge es mucho más fácil solucionarlo si dos mentes trabajan en él. Esa es la explicación. No hay nada escondido. Aquí, en mi empresa brilla la luz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No esperaba menos de ti.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se quedaron hablando durante un tiempo prudencial. Mary no quería importunar con su presencia ni interrumpirlo en su trabajo porque sabía que estaba demasiado ocupado. Ella lo invitó a comer, invitación que él declinó aludiendo motivos profesionales. Sin embargo, quedaron citados para repetir la comida en casa de Mary el martes dieciséis de mayo y de esa manera celebrar el éxito de la vacuna de Mary Fishers y, también, el éxito de la misión de ambos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115082894825216964?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115082894825216964/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115082894825216964' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115082894825216964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115082894825216964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-veintids.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTIDÓS'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115065513918035920</id><published>2006-06-18T20:13:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:31:23.633+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTIUNO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Joel Carmickle pronunciaba una y otra vez: “el amor nunca es pasajero”. Solía diversificar sus programas y en ocasiones dedicaba alguno a un tema monográfico. En esta ocasión, el turno le había tocado al amor, amor en todas sus vertientes, amor hombre y mujer, amor por el arte, amor al trabajo, como sinónimo de dedicación a la empresa. Amor como contrasentido al poso amargo que queda cuando desaparece, porque cuando muere el amor siempre puede aparecer en escena el odio. Amor y odio, una frágil barrera fácil de atravesar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Martes nueve de mayo, el día donde el amor nunca es pasajero, repitió una vez más y a continuación enumeró los invitados que comentarían sus experiencias aquel día en el programa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ahora te necesito más que nunca. Necesito tu ayuda.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pensó Mary Fishers. Un pensamiento dirigido a su hermano y, en cierto modo, a Jeff Colleman. El amor de su hermano lo utilizaría para descubrir los entresijos del Proyecto Mgen1702 y, por ende, saber si su vacuna serviría para combatir al SIDA, y poder salir victoriosa de la venganza que desde hacía años tenía pendiente. El amor de Jeff Colleman lo utilizaría como bastión donde poder asirse en los momentos de desesperanza, donde unos momentos de placer sirvieran para combatir la sensación de aislamiento ante una sociedad que, a veces, nos sorprende con inicua maldad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tenía que estar alegre. No se podía permitir el lujo de caer en la abulia ni en la desesperación, y aunque tuviera que hacer frente a serias acusaciones, las debería afrontar con las armas que equivalen a una victoria absoluta: la alegría. Porque en el caso de un serio contratiempo, lo podría sobrellevar mejor, y aguantar con estoicismo cualquier tipo de imputación. Por ello, durante el trayecto hacia Microgensyn, optó por seguir escuchando en la radio de su coche el programa del showman Joel Carmickle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Seguía fiel a su costumbre y, como siempre, era la primera en llegar. Se trataba de momentos en los que podía disfrutar plenamente de Microgensyn, donde podía campar a sus anchas por los pasillos desiertos y escuchar el silencio de paredes, tarimas de parquet y mobiliario de oficina, que sólo era interrumpido por el ruido procedente de la sala de animales que utilizaban para la experimentación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó, la señora Wilcox le preparó el café con leche de todos los días. Esa mañana no había encendido todavía el ordenador. En cierto modo, estaba tensa, aguardaba la llamada de Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La llamada se había producido y ella subía presta a la cita. La suerte estaba echada y no sabía cómo iba a responder, no había planificado nada, sólo le quedaba la baza de la espera, y en función del discurso de Christopher Norton, actuar, tomar una decisión firme y asumir las diatribas que probablemente él espetaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es necesario que te sientes, Mary. Voy a ser muy breve - dijo Christopher Norton, con gesto hosco, evitando que Mary tomara asiento, como por norma era habitual en sus reuniones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien - respondió ella, mirándolo a la cara, sin temor alguno, mostrándose arrogante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quiero saber la verdad - Christopher fue directo, sin preámbulos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué verdad? - contestó ella, con fingido disimulo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ayer me mentiste y no permito que nadie me mienta… que nadie me tome el pelo, y menos aún una mocosa como tú - Christopher Norton comenzó a utilizar un lenguaje soez y despectivo -. Tengo noticias fidedignas de que la vacuna de Bioconn es un rotundo fracaso y según mis informaciones tú robaste el informe de la vacuna de la caja fuerte de Jeff Colleman y conoces la causa de su fracaso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y si fuera cierto, qué? - se acercó hacia él, provocativa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tus razones tendrás para ocultar la información que se te ha exigido. Eres muy lista y no hace falta que te diga a qué te expones - contestó él, sorprendido por la actitud adoptada por Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé a qué me expongo, ni me interesa - contestó llena de rabia, asumiendo cada una de sus palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso será mejor que lo conozcas. Sabes que te tengo ganas y me encanta decirte que se te abrirá un expediente por desacato y que tus días en Microgensyn están contados a partir de hoy - ahora sonreía, Christopher Norton disfrutaba con aquella conversación, se trataba de un momento que había imaginado mil veces y ardía en deseos de poder decirle a Mary: &lt;em&gt;Mira, chica, quedas despedida.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De sobra sabes que eso me trae sin cuidado. Tendrás Microgensyn y podrás comprar Bioconn, pero siempre habrá cien laboratorios dispuestos a contratar a Mary Fishers. No lo olvides y asegúrate muy bien de tu decisión porque puede ser que tú sigas mis pasos, porque Mary Fishers significa patrimonio, yo soy un valor añadido para cualquier empresa, y si alguna vez me encuentro ante esa tesitura, la cola de laboratorios esperando en mi puerta puede llegar hasta San Francisco - Mary Fishers adoptó un papel desafiante, acusador y no se arredró ante las imputaciones de él, participaba en aquella lucha desigual en la que uno de los dos saldría victorioso. Dos seres marcados por el odio visceral, como contrapunto al amor de Joel Carmickle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me lo pones fácil. Si persistes en tu actitud de no querer decirme por qué falla la vacuna de Jeff Colleman, ya puedes estar preparando las maletas. Si sales por esa puerta sin contarme lo que has descubierto, te aseguro que no volverás a entrar - Christopher Norton se sentía satisfecho de sí mismo en aquel papel, provocador y acusador. No sabía qué deseaba más, si que Mary le contase lo que sabía o por el contrario que no lo hiciera y así poder deshacerse de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, lo vas a saber… - dio un paso hacia atrás, agachó la cabeza y la volvió a erguir complacida, sonriente, como si desde un principio supiera con exactitud qué es lo que iba a hacer y qué pretendía sacar de aquella reunión -… porque, al fin y al cabo, la gran beneficiada de esta revelación voy a ser yo, y como vosotros intentasteis convencerme, bajo la adulación de un espionaje auspiciado por vuestros paupérrimos intereses, aunque suene a ironía, el Premio Nobel me está esperando, si mi vacuna es un éxito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Eso está por ver! Y si te decides, te escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La vacuna de Bioconn está muy avanzada, pero han fracasado en el ensayo clínico. Es cierto que es eficaz contra el SIDA y que las personas a las que se les administró quedaron inmunizadas contra la enfermedad…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿dónde está el fallo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En los efectos secundarios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué problemas tiene?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Al parecer han aparecido varios casos de cáncer estadísticamente significativos. Los atribuyen al material genético del plásmido, y en el momento actual están intentando subsanar ese inconveniente. Han iniciado esa nueva línea de investigación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso los retrasará y nos permitirá ganar el tiempo que precisamos para nuestros intereses.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué intereses son esos, Christopher? Creo que tengo derecho a saber por qué me habéis utilizado, por qué me he expuesto a realizar el espionaje que ha podido dar al traste con mi carrera como científico, en el caso de que me hubieran pillado - Mary Fishers quería conocer esas razones a las que antes le habían contestado con evasivas, pero ahora se sentía autorizada moralmente y por eso lo demandaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La razón no es otra que la negociación que mantenemos con Bioconn para fusionar las dos empresas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Todo esto por la fusión!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, Mary. Para negociar es preciso conocer las armas de tu rival y en este caso queríamos conocer con detalle el estado actual de la joya de la corona de Bioconn: la vacuna. Porque si todavía no es efectiva, si aún tienen problemas con ella, significa que su empresa vale menos y el precio a pagar por Microgensyn será menor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Todo por el afán de poder! ¡Todo por controlar la industria farmacéutica mundial! ¿No es así?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mira quién lo ha dicho. ¿Y tú? ¿Por qué lo has hecho?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque vosotros me habéis obligado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, Mary, no. Yo te voy a decir por qué lo has hecho. Tú también tienes afán de poder y de gloria. Tú también eres presuntuosa y Arthur Sullivan y yo te confiamos esta misión porque sabíamos que no nos defraudarías. Sabíamos, de antemano, que no te importaba el riesgo que corrieras y que te expondrías con tal de conocer si era verdad lo que se rumoreaba sobre la vacuna de Bioconn. Nosotros queremos que nuestra empresa sea un líder mundial, pero tú aspiras a convertirte en la científica más importante de la actualidad. Tú quieres el Premio Nobel, tú quieres pasar a la historia de la investigación como la descubridora de la vacuna contra el SIDA, como la persona que venció al SIDA - comentó, convencido, Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tienes derecho a hablarme así, no te lo permito. ¡Qué sabrás tú de mí! - contestó, enfurecida, Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La verdad duele, Mary. Y más si te la dicen con tanta franqueza a la cara - Christopher Norton estalló en una risa compulsiva y burlona que retumbó en los tímpanos de Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Salió de allí sin despedirse, mientras él seguía riendo con estridencia, entre sarcástico y socarrón. La verdad duele. Lo que le dolía, muy en el fondo, es que probablemente él tuviera razón, y que la promesa que le realizara a su padre en el lecho de muerte, no fuera más que la excusa para lograr un objetivo entroncado en el egotismo de su personalidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La habían descubierto, pero Christopher Norton no le pudo sonsacar el porqué de su actitud. Aún tenía cartas que jugar en aquella partida y, a pesar de todo, esperaba ganar el tiempo suficiente para conocer todos los detalles que le indicaran si su hermano tenía razón. Si ello era así, tenía que conocer qué poderosa razón y qué detestables argumentos esgrimían Arthur Sullivan y Christopher Norton para hacerla creer que su vacuna era un rotundo fracaso, cuando la realidad le rendía tributo con su triunfo. ¿Por qué Microgensyn no quería hacer patente el descubrimiento de una vacuna contra el SIDA? ¿Por qué Microgensyn no quería hacer público, a la comunidad científica internacional y a toda la población en general, que la lucha contra el SIDA se había terminado, y que por fin el hombre disponía de un arma para erradicarla?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Toda pregunta tiene una respuesta. Sólo es preciso que pase el tiempo. Aunque a veces es necesario aprender a leer en las páginas de la historia para encontrar una contestación irrefutable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi siempre, una premisa lleva correlacionada una determinada acción. Y como casi siempre que Christopher Norton se reunía con Mary Fishers, a continuación acudía, cual chivato, al despacho de Arthur Sullivan a contárselo todo, a rendirle pleitesía, a ganarse el favor y a continuar medrando para hacer los méritos suficientes para poder alcanzar, algún día, la meta definitiva: la presidencia de Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entró directo, tras saludar a la señora Fletcher.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya lo tengo. Noticias frescas y candentes - dijo, con rapidez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dime, Christopher, pareces ilusionado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La verdad es que sí. Ya los tenemos en nuestras manos - respondió él, aludiendo a Bioconn, aunque lo que de verdad lo tenía excitado era haber podido poner a Mary Fishers en el lugar que él pensaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A quién, Christopher?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué noticias tienes de Bioconn?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La verdad, Arthur, tenías razón. Mary lo ha conseguido. Hoy me lo ha contado todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué ha descubierto de nuevo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Nada. Sólo que ayer me engañó. Había conseguido el informe de la vacuna de Bioconn el viernes cuando estuvo en el despacho de Jeff Colleman. Pero ayer, no sé por qué, me lo ocultó. He de felicitarte. Fue una estupenda idea hacer que el Doctor Hodgkins siguiera sus pasos. Fue él, quien me advirtió del fracaso de la vacuna de Bioconn y hoy, Mary, no ha tenido más remedio que reconocerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A ver si lo entiendo. ¿Mary tenía esa información desde el viernes y ha sido hoy cuando te lo ha dicho? Explícame el porqué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La he puesto contra las cuerdas y al final no ha tenido más opción que claudicar y confesar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál es la razón por la que fracasa la vacuna?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te lo vas a creer. La vacuna produce inmunidad contra el SIDA, pero tienen problemas porque al mismo tiempo produce cáncer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Dios Santo! ¡Qué contrariedad! - Arthur Sullivan nunca pronunciaba tacos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Más bien, diría yo, ¡qué suerte hemos tenido! Ahora los tenemos cogidos por los… - Christopher Norton no se dejó llevar por su alegría y con ello meter la pata, por lo que en el último instante evitó pronunciar el taco que ya era evidente. Tenía que guardar la compostura ante Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo, ahora nos tenemos que poner en contacto con Pascale Carter. Ya le podemos ofrecer la noticia bomba que demandaba desde que se puso en contacto conmigo en España - aseveró Arthur Sullivan, recordando la estrategia de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y luego esperar a ver qué ocurre con las acciones de Bioconn. Seguro que caen en picado. Ya son nuestros. No tendrán más remedio que aceptar nuestra oferta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mientras tanto, hay que pensar en Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton advirtió el gesto de Arthur Sullivan y evitó una sonrisa pícara que lo pudiera delatar. Simuló un gesto sobrio, grave, para asegurar con él que estaba en contra del proceder de Mary, presintiendo que Arthur pensaba igual que él. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir? - la mesa los separaba, Christopher Norton que estaba sentado se incorporó, apoyó el codo sobre la mesa y colocó el puño cerrado de su mano derecha con el pulgar extendido sobre el mentón, para a continuación poner cara de sorpresa y esperar que Arthur Sullivan emitiera un veredicto sobre Mary Fishers, un veredicto favorable para los intereses de Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que hay que actuar contra ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De qué manera?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé, déjame pensar… - estuvo en silencio unos segundos, captando la expectación de Christopher hasta que al final se decidió -…Creo necesario que Mary Fishers se tome unas vacaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Unas vacaciones! - exclamó, realizando un gesto de sorpresa pues no comprendía realmente lo que Arthur Sullivan pretendía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es evidente que Mary Fishers ha jugado con nosotros y ha menospreciado nuestra autoridad. No comprendo su comportamiento y no me fío actualmente de ella. Por el bien de Microgensyn y por nuestros intereses, sería conveniente que estuviera alejada de la empresa durante unos días, hasta que todo el proceso de fusión haya concluido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Resulta evidente que los días de gloria son para aquellos que los persiguen. Nada se obtiene caído del cielo. El mundo está lleno de perdedores y vencedores y son éstos los que, bajo el prisma de la lucha y la perseverancia, consiguen los objetivos marcados, aunque sea de forma ilícita. Con aquellas noticias, los dos hombres fuertes de Microgensyn estaban a punto de lograr las metas que se habían marcado. Arthur Sullivan quería consolidar la empresa en el primer lugar de la industria farmacéutica mundial. Christopher Norton, por una parte, pretendía asegurarse un camino libre de obstáculos para alcanzar, algún día, la Presidencia de Microgensyn y, por otra, librarse de Mary Fishers. Aunque los dos eran conscientes de que la partida todavía no había finalizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel centro comercial parecía la oficina del Doctor Hodgkins. Un lugar de reuniones que, en cierto ámbito, se hace necesario cuando la prudencia y la discreción se elevan a la categoría de arte. Estaba cerca de su empresa, por lo que podía ausentarse durante un espacio breve de tiempo, realizar la gestión pertinente y regresar, de nuevo, a su trabajo oficial, sin llamar la atención. Además, le gustaba aquel ambiente distendido, donde el tiempo brillaba por su ausencia, y parecía pasar con una cadencia infinitesimal. Le servía de relax y de sosiego, como contrapunto a las actividades que, con frecuencia, se veía obligado a realizar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegó con antelación a la cita. No tenía prisa. Más aún, fue una acción premeditada. Necesitaba relajarse y preparar concienzudamente lo que le tenía que decir a su interlocutor. Como contrabandista de información, en la gran mayoría de las ocasiones, lo importante no es la comunicación de algo que se ha descubierto, sino cómo transmitirlo y el mensaje que va a obtener la persona a la que confías todo lo que sabes. La preparación concienzuda y ser minucioso, es lo único que vale a la hora de comunicar. Improvisar es cosa de necios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo ante un escaparate repleto de libros. El aroma del libro recién salido de la imprenta le llamó la atención. Entró en la librería y se detuvo ante un estante donde estaban colocados gran cantidad de volúmenes del último libro de Michael Crichton: “Rescate en el tiempo, 1999-1357”. Estaban colocados de todas las maneras posibles: De pie, acostados, en diagonal, apilados hexagonalmente; mil formas diferentes que servían para llamar la atención del lector, provocando una alocada incitación, a cualquier persona, a llevar a cabo el acto de comprar. Cogió uno, leyó detenidamente alguno de sus párrafos, a continuación lo hojeó, hizo un breve esquema mental de su argumento y al final tomó la decisión de comprarlo. Lo atendió una dependienta encantadora, con una sonrisa dentífrica que era la misma para todos los clientes, y que él atisbó fehacientemente que desempeñaba el papel de vendedora a comisión. Pagó en efectivo y desechó el envoltorio de plástico. Cuando se despidió, salió de la librería con el libro debajo del brazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacia él se acercaba un hombre alto, elegante, que vestía un traje valorado en una cantidad considerable de dólares. No tenía el gesto adusto de otras reuniones, sino que en su semblante reflejaba una bien disimulada alegría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, Doctor Hodgkins - dijo él con respeto, mostrándose resuelto y amigable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, Christopher.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias por la información sobre Mary Fishers. Ha hecho un trabajo admirable - seguía mostrándose en un tono halagador, como si el beneficio obtenido por aquellas revelaciones le hubieran servido para cambiar su carácter. Aunque el Doctor Hodgkins no se fiaba de él, porque sabía que ante cualquier contratiempo volvería a mostrarse como el hombre implacable que caracterizaba su personalidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por sus palabras creo adivinar que la información que le suministré le ha servido en gran manera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto, y ya se han tomado las medidas pertinentes - sentenció Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me alegra que mi trabajo sirva para actividades loables - el Doctor Hodgkins se mostraba irónico, conocedor de que sus revelaciones pondrían en un serio aprieto a Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todo trabajo bien hecho es correctamente aprovechado - añadió Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, imagino que la información que vengo a revelarle le será de gran utilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Usted nunca se equivoca. Como buen adalid del espionaje siempre trabaja con la verdad. Si usted lo dice, seguro que tiene razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaban dando un paseo por el centro comercial. En aquellos momentos no les interesaban los escaparates ni ningún tipo de tienda. Centrados en el tema de conversación, obviaban todo lo demás. Era la primera vez que parecía existir entre ellos una bienintencionada complicidad que hacía que se mostrasen abiertamente comedidos, sin ambages que recreasen los tópicos contrasentidos de las palabras utilizadas con doble intención.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora tengo noticias interesantes sobre el personaje que tantos quebraderos de cabeza les ha creado en los últimos días. La persona que, aprovechándose de la información privilegiada, ha conseguido una buena tajada especulando en bolsa - le confió el Doctor Hodgkins, dotando a sus palabras con el halo de misterio tan característico en él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Está seguro? ¿Tiene ya esa información?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Completamente seguro - ratificó el Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién es ese despreciable traidor?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pascale Carter.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pascale Carter! Esa zorra… - se aventuró en un comentario soez lleno de rabia, porque con la actitud de ella lo había puesto a él en un serio compromiso, ya que Arthur Sullivan no lo descartaba como sospechoso y aquella situación lo tenía preso en medio de una conspiración en la que su participación brillaba por su ausencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es la primera vez que ocurre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que esa mujer se aprovecha de su posición privilegiada para enriquecerse en bolsa. No es el primer pelotazo que realiza, sino que ha realizado el mismo juego en varias ocasiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo lo hace? - se interesó Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Doctor Hodgkins puso a su interlocutor al día acerca de las actividades que solía llevar a cabo Pascale Carter. Por supuesto, obvió el encuentro que los dos personajes mantuvieron en el mismo centro comercial. Al final, añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es una mujer peligrosa. Ella sola, con su acción, puede echar abajo toda la operación de fusión entre Bioconn y Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo me sorprende usted! ¡Siempre tan bien informado!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Para eso me contrata, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Claro que sí - respondió brevemente -. Y también para que tenga la boca callada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ese es mi problema…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo supongo… y respecto a Pascale Carter, esa zorra pagará por su atrevimiento. Me imagino lo que pensará Arthur Sullivan cuando se lo cuente. ¡Cómo lo ha engañado!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ha finalizado ya mi relación contractual con ustedes? - preguntó el Doctor Hodgkins, cambiando de tema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todavía no. Hay que seguir vigilando a Mary Fishers unos días más. Ya recibirá órdenes mías. Mientras tanto, manténgame informado de sus movimientos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que se consume la fusión? - volvió a interesarse el Doctor Hodgkins con descaro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No le he dicho en más de una ocasión que su misión es la de informar y no la de hacer preguntas impertinentes? - respondió enojado Christopher Norton, apreciándose en él una mirada de desprecio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, y por su forma de mirarme, adivino que estoy en lo cierto. Por lo tanto, presiento que, si la fusión se confirma el día veintidós, tendremos que vigilar a Mary Fishers hasta ese día. ¿No es así? - inquirió el Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Admiro su fina ironía. Siempre apuesta fuerte y, además, le gusta caminar en la cuerda floja. Un consejo, ya que usted se permite ser tan mordaz, eso le puede acarrear funestas consecuencias - le espetó Christopher Norton, herido por la sutil perspicacia de su interlocutor, abandonando las buenas maneras del principio de su cita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La vida es una dulce venganza contra el destino. El Doctor Hodgkins esperaba un beneficio económico de Pascale Carter, pero ella escapó y no se arredró ante sus proposiciones, dejándolo sumido en un profundo estado de crispación. Esa fue la realidad evidente, pero la realidad futura sería el panorama que ella encontraría en Microgensyn tras las revelaciones de él. Con ello se cobraría el precio que avivaría su tormentosa fama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está claro que las desgracias nunca vienen solas. Siempre esperamos que la última sorpresa desagradable se deslice por un camino de inflexión que ponga fin a todo un espectro calamitoso, pero cuando alguien entra en esa espiral nunca existe el final, siempre hay una vez más. No es una quimera, sino una realidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Malos augurios presagiaba Mary Fishers cuando fue llamada al despacho de Arthur Sullivan. Subía dubitativa y en aquel momento se dio cuenta de que tenía unas ganas enormes de que finalizara, por fin, aquella trama que ya empezaba a odiar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siéntate, Mary. Quiero que me escuches atentamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Arthur. Te escucho con atención - remarcó ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En primer lugar, me gustaría agradecerte el esfuerzo encomiable que has realizado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué será que los jefes siempre empiezan dando las gracias cuando en realidad te van a sentenciar? Quizás sea para allanar su camino y que la realidad de la reprobación sea más apacible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, pero no las merezco - respondió ella con humildad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- He de admitir que gracias a tu astucia Microgensyn se beneficiará, aunque la que sacará más provecho de este descubrimiento vas a ser tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Yo? - preguntó sorprendida, conocedora del porqué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Porque si tu vacuna es un éxito, cosa que todos esperamos con impaciencia, probablemente estarás en la terna de los Premios Nobel de este año o del próximo, y estoy seguro que lo conseguirás - respondió él con convicción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Agradezco tu sinceridad, siempre he admirado en ti la sabiduría con la que te expresas - intentó adularlo, no sin resquemor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tienes por qué agradecerme nada, aunque cuando te comente lo que quiero decirte, en segundo lugar, probablemente sí que lo harás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De qué se trata? - preguntó con avidez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En reconocimiento a tu denodada labor y al evidente peligro que has corrido al exponer tu prestigio, prestándote al juego del espionaje, creo sinceramente que te mereces unas buenas y merecidas vacaciones. Sería conveniente que para desintoxicarte y para librarte de la presión que seguramente has tenido que soportar los últimos días, te tomaras unos días libres y te olvidaras de Microgensyn y de Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero, Arthur, ¡mi verdadera terapia antiestrés es el trabajo! ¡Yo puedo olvidarme de todo en Microgensyn!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso es lo que tú crees, pero yo pienso que serás más rentable para la empresa si te alejas durante un tiempo y durante ese periodo de descanso llenas tu mente de nuevas ideas y propósitos. Estoy seguro que dentro de unos días, cuando regreses, volverás como un torbellino y propondrás nuevos proyectos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. No estoy muy convencida… - aseveró, recostándose en el sillón, desconfiando para sus adentros de aquella proposición.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo lo sucedido, se encontraban en un momento crucial. Faltaban muy pocos días para que se resolviera el enigma del Proyecto Mgen1702 y aquella sugerencia, aquellas vacaciones le resultaban fuera de lugar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Convéncete, Mary. Has trabajado muy duro y te las mereces. Además, ¿desde cuándo no te tomas vacaciones?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hace ya casi año y medio. Las últimas fueron en la Navidad de 1998.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Más a mi favor. ¿No crees?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto, si tú lo dices - asintió Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, no hablemos más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan se levantó de su sillón. Mary Fishers lo imitó y los dos se juntaron en el centro del despacho. Él la abrazó con ternura, colocando su brazo por encima del hombro de ella y terminó de convencerla susurrándole lo necesaria y lo importante que era ella para Microgensyn. Luego, salió compungida de su despacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señora Wilcox vio llegar a Mary con cara de pocos amigos y no quiso preguntar cómo había sido la reunión con Arthur Sullivan. A veces, una mirada, un gesto, valen más que mil explicaciones y comprendió que lo que ocurriera no era agradable para ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando entró al despacho cogió el teléfono y marcó con apremio el número de Moon Digital. Necesitaba hablar con su hermano y comentarle lo sucedido. Necesitaba escuchar sus palabras y sus consejos objetivos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dime, Mary, ¿hay noticias nuevas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí - contestó lacónica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Buenas o malas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Desagradables, más bien!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te apetece contarlas o no puedes hablar?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Sí, hermanito! Se pueden contar por teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, te escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me han dado vacaciones… - le comentó, como quién no quiere decir nada, parca en palabras&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que me han dado vacaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers estaba sentada en el sillón, apoyada en la mesa. La imagen de su cara denotaba la profunda concentración que tenía en aquellos momentos. Los ojos querían escapar de las órbitas y bailaban enloquecidos un twist de un lado hacia el otro, horizontalmente, y cuando, a veces, se detenían, se quedaban fijos, en el centro, mirando hacia ninguna parte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡No te jode! ¿Y dices que son desagradables? - preguntó él con socarronería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es que… no sé… - contestó Mary Fishers apesadumbrada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a ver si me entero bien. Me llamas para decirme que te han dado unas vacaciones, y encima, por el tono de tu voz, creo comprender que no estás de acuerdo, que estás enfadada. ¡Ojalá pudiera yo tomarme unas vacaciones en estos momentos! Mary, eres una privilegiada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo, Alec, que no me estás comprendiendo. - respondió ella, sintiéndose mal interpretada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Explícamelo bien, ¿por qué te han dado vacaciones en pleno mes de mayo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé muy bien.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién se ha dirigido a ti para ofertártelas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Toma ya! - y se oyó la risa de Alec Fishers con sonoridad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué te ríes ahora, Alec?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque el jefe en persona te ha dado unas vacaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso es lo que ha ocurrido - aseguró ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dijo que me lo merecía por los servicios prestados y para que me relajara por los hechos acaecidos en los últimos días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tiene razón. Te vendrán muy bien unas buenas vacaciones - afirmó Alec Fishers, de acuerdo con Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero, Alec, yo estoy bien. Yo no estoy estresada. No necesito unas vacaciones. Además, no las merezco, y menos aún, por ese desdichado asunto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, por favor, no le hagas ascos. Siempre vienen bien unos días de descanso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero, resulta que no lo comprendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué tienes que comprender?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El hecho de darme unas vacaciones, así, sin más. Sin una explicación coherente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te parece poco merecido?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es que… resulta que… - balbuceó ella -… me han descubierto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir, Mary? - Alec adoptó un tono de voz serio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ayer le mentí a Christopher Norton y tras la conversación con el Doctor Hodgkins, que te comenté anoche, éste ya se ha chivado y hoy no he tenido más remedio que contarle la verdad a Christopher Norton. Poco después, cuando ese perro soplón se lo dijo a Arthur Sullivan, éste me llamó a su despacho, y allí, con muy buenas y elocuentes palabras me dio las gracias y acto seguido me dijo que me tenía que ir de vacaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya te dije que tendrías un grave problema si averiguaban que les estabas mintiendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora no es momento de lamentaciones. Es un riesgo que asumí y el desenlace ha tenido lugar antes de lo esperado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y ahora te vas de vacaciones, ¿no es así?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso creo. Ya las he aceptado. No tenía más remedio y, además, no me pude negar, no tenía argumentos. Por otra parte, ya te he hablado en más de una ocasión de Arthur Sullivan. Sus decisiones nunca se pueden discutir. Siempre hay que aceptar lo que él diga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso te aconsejo que te alejes unos días de Microgensyn y vuelvas el próximo martes para asegurarte de los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702. No te vendrán mal estos días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero, Alec, no me fío.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A veces, fiarse de alguien es un ejercicio de extrema irresponsabilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary, durante toda la conversación adoptó la misma posición sobre el sillón. No se movía. Tenía el teléfono pegado a la oreja, como no queriendo perder el hilo del diálogo y, con ello, pretender evadirse de Microgensyn, y estar al lado físicamente de su hermano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es de lo que no te fías?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya no me fío de ninguno. Ni de Arthur Sullivan. Pienso que todo es una nueva estratagema - aseveró ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué lo crees?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé, pero algo me huele mal. Sigo estando en sus manos y creo que me vuelven a utilizar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dales un margen de confianza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se lo merecen.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya lo sé.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Además, creo que se está cociendo algo muy importante y tengo la impresión de que se quieren deshacer de mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te digo ni sí, ni no. Si esa es tu impresión, puede que tengas razón. Entonces, Mary, manéjate con prudencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No temas, así lo haré.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers colgó el teléfono, se echó hacia atrás en el sillón, hundiéndose en él y se puso a mirar las plantas que decoraban su despacho, pero aunque se fijaba en ellas, en su mente no se reflejaban esas imágenes, sino que mentalmente sólo imaginaba las figuras de Arthur Sullivan y Christopher Norton conspirando contra ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sonó el teléfono y Mary Fishers, distraída, apenas si reparó en él. Cuando por fin reaccionó, lo descolgó y oyó la voz de la señora Wilcox que le decía que el señor Colleman la llamaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola Jeff, ¡qué tal!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Muy bien, ¿y tú?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Demasiado bien, diría yo. Acaban de concederme unos días de vacaciones - mintió ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué suerte! - exclamó él, asegurando con esa expresión el beneplácito a los días de descanso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me alegra oír tu voz. ¿No te he dicho nunca que tu voz suena a música celestial a través del teléfono?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Nunca. Pero, me encanta que te guste. A propósito, me apetece verte esta tarde, ¿qué dices?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A la hora que tú quieras. Estoy libre toda la tarde. De hecho, en estos instantes pensaba marcharme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te parece a las seis de la tarde? - propuso Jeff Colleman que se moría de ganas por volver a encontrarse con Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo. Te espero en casa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Allí estaré.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De la mente de Mary Fishers se esfumaron las imágenes borrascosas de sus jefes. En cambio, ahora, se recreaba imaginando otras que deseaba y que había soñado con gran agrado desde la cita con Jeff Colleman. Imágenes de cuerpos retozando en un jardín de sábanas blancas, disfrutando de la pasión de un sábado por la noche, entregando su amor con candidez y con la profusión de un huracán desenfrenado. Sintiendo cómo brotaba el amor de aquella relación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Deseaba volver a revivir la experiencia y necesitaba sentir la mano de Jeff Colleman fuertemente agarrada a la suya, como símbolo de protección, aunque él no supiera nunca por qué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cogió sus cosas. Salió del despacho. Se dirigió a la señora Wilcox y le dijo que se ausentaba, que estaba de vacaciones, pero que volvería al día siguiente para recoger unos expedientes que Brett Johnson estaba terminando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La señora Wilcox la miró extrañada y se despidió de ella hasta la mañana siguiente. No comprendía nada de lo sucedido: &lt;em&gt;¡Vacaciones en mayo! ¡Qué raro!&lt;/em&gt; Pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo hierve por dentro cuando alguien espera al ser amado. El simple hecho de arreglarse para esperarlo se convierte en un acto harto difícil, donde te puedes probar hasta la saciedad mil camisas, pantalones o vestidos, hasta encontrar el más adecuado para la cita. Luego te quedas esperando y te desesperas porque las manecillas del reloj no avanzan, sino que caminan lentas, sin prisa. Las descargas de adrenalina se suceden y un nerviosismo encantador te hace dirigirte hacia la ventana en busca de la presencia, con adelanto, del ser amado, a pesar de saber que todavía no es la hora acordada. Y luego, realizas cosas tontas que repites hasta la saciedad, como buscar algo que parece que has olvidado, asegurarte que estás perfecta…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers sentía el nerviosismo impropio de una persona de su edad, más habitual cuando se es un adolescente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se asomó por quinta vez a la ventana esperando encontrar la figura de Jeff Colleman abajo, en la puerta de su edificio. Miró el reloj y vio que faltaban cinco minutos para la hora acordada. Dio media vuelta y se dirigió hacia la cocina, tenía sed. Bebió un vaso de agua y cuando fue a colocar la botella en su lugar, escuchó el timbre de su casa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Será Jeff?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cogió el interfono y su cara se iluminó cuando escuchó la voz de él. Quedó con Jeff en la calle. Recogió sus cosas, salió de casa, llamó al ascensor y el tiempo que éste tardó en llegar le pareció infinito y su corazón palpitaba como un motor sobrealimentado, herido por la larga espera. No lo esperó. Bajó las escaleras deprisa, todo lo rápida que pudo, abrió la puerta del edificio y cuando al fin llegó a la calle, lo miró con ojos chispeantes y lo besó en los labios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cruzaron hasta el paseo, que por entonces estaba abarrotado de turistas. En la playa también había multitud de personas tumbadas sobre la blanca arena, disfrutando de los últimos rayos de sol de aquella tarde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Caminaban cogidos de la mano, un contacto superficial que apreciaban por tratarse de la primera vez. Paseaban con tranquilidad, sin prisa, recreándose con parsimonia en los detalles de sus tiernas miradas, en las palabras pronunciadas con el calor que confiere haber encontrado el amor esperado, y también deseado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary disfrutaba plenamente de aquellos momentos, dejándose llevar por la emoción de un amor recién estrenado. Su mente se disparó y pensó que aquella era la venganza y el beneficio obtenido a causa de la misión de espionaje a la que fue obligada. Disfrutó al comprender que no había mal que no trajera consigo una recompensa inesperada. Al final, por irónico que parezca, tendría que agradecer a sus dos jefes que le encargaran el trabajo que tan amargamente asumió. La obligación trajo consigo un agradecimiento del que no se arrepentía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero los momentos felices duran poco. La felicidad es tan efímera como la vida de una mariposa. Mary Fishers sintió que aquella dicha era lo máximo que le había ocurrido en los últimos años, pero su mente ya se estaba encargando de hacerla añicos. No podía durar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a sentir remordimientos y el miedo se apoderó de ella. El trabajo sucio que realizó le proporcionó la coartada perfecta para poder encontrar a un hombre que le parecía encantador, pero al que creía haber traicionado. La misma misión que los juntó ahora podía separarlos si él descubría la trama en la que ella participó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un profundo estado de preocupación inundó su pensamiento que disimuló con una sonrisa forzada, participando de una conversación de la que por fuerza estaba ausente. Dignidad o deshonor consigo misma, he ahí el dilema. ¿Tendría valor para contarle todo lo sucedido antes que estallara la noticia? O por el contrario, callaría y esperaría el momento adecuado. O, quizás, nunca le contaría lo ocurrido. Tenía miedo. Temía perder a Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba confusa, algo inhabitual en ella, que atribuía a las experiencias vividas en los últimos días. Tenía que tomar una decisión, aunque ésta le resultase dolorosa. Tenía que ser fuerte y afrontar con decisión los hechos junto a Jeff Colleman. De momento, esperaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115065513918035920?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115065513918035920/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115065513918035920' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115065513918035920'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115065513918035920'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-veintiuno.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTIUNO'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115056800733903688</id><published>2006-06-17T20:00:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:28:47.766+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;La decisión estaba tomada. La meditó durante todo el fin de semana y eligió la que creyó más acertada. Con ello pretendía ganar tiempo, mientras esperaba al martes dieciséis de mayo, fecha en la que recibiría los resultados definitivos del Proyecto Mgen1702. Por otro lado, tuvo en cuenta la experiencia vivida con Jeff Colleman y sabía que, si contaba la verdad de lo que había descubierto, podría hacerle mucho daño. No obstante, se las tendría que arreglar para explicar por qué no había revelado el carrete de fotos, aunque encontraría alguna explicación convincente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No dedicó mucho tiempo a pensar sobre aquel asunto. Ya tendría tiempo para prepararse cuando tuviera que ir a informar a Christopher Norton. Se dirigía a Microgensyn y estaba contenta porque aunque los demás mortales detestasen los lunes, a ella le encantaba su trabajo, y para ella significaba retomar la actividad interrumpida por un relajado domingo, y comenzar una nueva semana llena de ilusiones inmersa en su trabajo. Presentía que los siguientes siete días iban a ser muy duros y difíciles de llevar, por lo que cuanto antes se enfrentara a ellos, antes terminaría, y antes conocería todo lo que le esperaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos los lunes son diferentes, pero aquel era especial. El brillo de sus ojos la delataba. No podía borrar de su mente la imagen de Jeff Colleman, la cena, la playa, su apartamento… El amor llega cuando uno menos lo espera y en las situaciones más inverosímiles, cuando, incluso, puede resultar un problema añadido. En la expresión de la mirada de Mary Fishers se podía adivinar que se había enamorado de Jeff y que el corazón se imponía al pragmatismo. Una tarea más a la que se tendría que enfrentar aquella semana pero, ojalá, que todas fueran de ese calibre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se sentía como una niña con zapatos nuevos. No caber en sí misma de gozo era lo máximo que le había sucedido en las últimas horas y no lo podía disimular ya que los gestos de una mujer enamorada la hacen parecer más guapa de lo que es, mucho más simpática y dulce a la vez. Todos los rasgos físicos y espirituales de Mary Fishers se multiplicaron y, aún siendo la misma, parecía una mujer diferente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días señora Wilcox. ¿Sería tan amable de traerme un café con leche?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto, señorita Fishers. Ahora mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La señora Wilcox se quedó sorprendida por la demanda de Mary. Era una acción nueva que nunca había realizado. Siempre llegaba alegre a Microgensyn cada mañana, nunca un gesto de cansancio ni de desagrado, pero aquella vez apreció un talante especial que no supo interpretar, más aún cuando solicitó el café con leche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Golpeó en la puerta y entró. Observó a Mary Fishers sentada en su mesa. Ya había encendido el ordenador y sin un minuto que perder ya estaba realizando alguna labor, el primer trabajo de la semana. No le gustaba perder su tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Señorita Fishers, aquí tiene su café con leche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, déjelo donde siempre - respondió Mary, con la mirada fija en la pantalla del ordenador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Discúlpeme, señorita Fishers, ¿puedo hacerle una pregunta?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Claro que sí, dígame - respondió sonriendo, alzando la vista hacia ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esta mañana, la encuentro rara, ¿sucede algo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué pregunta eso?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé… pero es como si estuviera más alegre. Hay algo en usted hoy que no atino a definir. La semana pasada estaba mucho más tensa, a pesar del éxito tan clamoroso que tuvo en el congreso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sé que usted posee un sexto sentido, pero yo me veo igual de feliz que cuando me fui el viernes de aquí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso es - afirmó la señora Wilcox, dando un paso hacia delante y señalando con el dedo a Mary -. Hoy la encuentro a usted feliz, porque aunque siempre está alegre, hoy no lo puede disimular y la felicidad se le escapa de las manos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La relación de las dos mujeres era muy cordial. Se entendían y se respetaban. Por la edad, la señora Wilcox podría ser su madre, pero en el trato se correspondía más con una hermana mayor, aunque Mary jamás se atrevió a contarle nada de su vida privada y, sin embargo, ella sí que le contaba a Mary sus problemas y la hacía partícipe de sus cuitas, solicitando en alguna ocasión sus consejos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Señora Wilcox, ¿qué diferencia existe entre alegría y felicidad? - preguntó Mary, intentando ponerla entre las cuerdas, aunque adivinaba que saldría airosa del envite.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me lo pone difícil - respondió la señora Wilcox, levantando la cabeza, girando sobre sí, como intentando buscar las palabras adecuadas con las cuales satisfacer la curiosidad manifestada por Mary Fishers -. Yo diría que la alegría es un sentimiento de satisfacción que se demuestra a través de actos y de gestos difíciles de reprimir, mientras que la felicidad es la sublimación de la alegría, algo que se muestra sutilmente, pero que se contagia y se transmite.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que tenga razón, pero yo me sigo viendo igual - no daba su brazo a torcer, no quería ser descubierta. Nunca le había contado ningún chisme y menos aún en esta ocasión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso - decía mientras miraba con ternura a Mary -, puede ser que me equivoque, no lo tenga en cuenta - la señora Wilcox era prudente por naturaleza y se trataba de la cualidad más apreciada y exigida en Microgensyn con relación a sus trabajadores. No obstante, estaba segura de sus apreciaciones. No debía importunar a su jefa, por lo tanto no volvió a insistir y cejó en sus apreciaciones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tiene importancia, señora Wilcox. Le agradezco profundamente que se preocupe por mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Desea alguna cosa más?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por ahora, no. Gracias, puede retirarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El café con leche estaba caliente. El humo que desprendía, se escapaba de la taza ascendiendo en círculos concéntricos que se iban diluyendo a media que lograban una determinada altura. Mary Fishers lo miraba absorta, al tiempo que llevó sus manos a la cara intentando descubrir algún signo exterior que evidenciara su felicidad. No sabía que fuera tan evidente y que se pudiera apreciar a simple vista.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No le interesaba aparentar semejante estado, por lo que intentaría evitar, en la medida que le fuera posible, aquellos gestos que pudieran descubrir su secreto. Celosa de su intimidad, no le convenía ser descubierta. Una relación sentimental con Jeff Colleman, tal como estaban las circunstancias, podría ser interpretada por sus superiores en cualquiera de sus versiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El sonido del teléfono desvió la atención de Mary, interrumpiendo sus pensamientos. Se fijó en él y se percató de que la llamada procedía de la señora Wilcox. Antes de cogerlo, bebió un trago de café con leche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sí? - respondió como siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Señorita Fishers, el señor Norton quiere que se reúna con él en su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ha dicho qué quería?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Su secretaria me ha comunicado que la estaba esperando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Muy bien, gracias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¡Cómo iba a decir lo que quería! Si se tratase de una reunión de trabajo sobre algún proyecto de investigación, seguro que lo habría insinuado para que subiera con algún informe. Pero Mary sabía que no se trataba de una llamada casual ni, más aún, informal. Christopher Norton estaría en su despacho ansioso por conocer detalles de la cita de Mary con Jeff Colleman y lo que ella hubiera averiguado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No se le había pasado por alto el hecho de estar siendo espiada y quién sabe si él sabría más de lo que ella pensaba. Pronto se enteraría, pero mientras tanto, lo haría esperar, con lo cual la recibiría tremendamente enojado, y esto lo haría más vulnerable, porque en ese estado podría ser mucho más locuaz y decir algo que no quisiera. Lo conocía bien y era mucho mejor enfrentarse a él embriagado de ira, cuando un desplante y la falta de respeto mermaran sus facultades para la mordacidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El café con leche tenía el punto de sabor que ella tanto apreciaba. La señora Wilcox, tan meticulosa, nunca se equivocaba y siempre lo preparaba como a ella le gustaba. Apagó el ordenador y mientras tanto se deleitó bebiendo aquel líquido, recreándose en el pensamiento de un Christopher Norton enardeciendo por momentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo creyó conveniente, sin pasarse en exceso, se levantó del sillón, estiró el vestido, gesticuló para adoptar una pose disimuladamente seria y se dispuso a subir precavida a su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba preparada. Adivinó, por el gesto hosco de la señora Myers, que Christopher Norton la esperaba de mal humor. De momento, había conseguido lo que se propuso. Ahora, en primer lugar, tendría que actuar con discreción, ya que la dilación que había utilizado con premeditación, había creado el ambiente que pretendía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días, Christopher - saludó Mary Fishers cuando entró al despacho, y posteriormente cerró la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pasa, Mary, y siéntate. ¿Se puede saber qué estabas haciendo? - preguntó él, ciertamente enojado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Terminando un trabajo, ¿por qué? - preguntó ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers había logrado el marco perfecto para sus propósitos. Lo tenía en sus manos y a partir de ahora intentaría explotar la fina ironía que, sólo en determinadas ocasiones, utilizaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque quiero saber qué sucedió en tu reunión con Jeff Colleman - contestó directo, sin andarse con rodeos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estuvimos reunidos el viernes durante cuatro horas, ¿quieres conocer algo en concreto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, por favor, no me hagas perder el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Precisamente por eso te he preguntado qué quieres saber. Hablamos de muchas cosas… - con sus comentarios dilatorios, Mary intentaba enervar aún más a Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te he llamado aquí para que me cuentes si te has acostado o no con Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué viene eso? - preguntó con decisión mientras se incorporaba del sillón, encajando a duras penas el golpe bajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora no me interesa ese tema. Si quieres, luego lo podemos abordar. Ahora quiero que me cuentes lo que hayas descubierto sobre la vacuna de Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No gran cosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir con no gran cosa?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que no he descubierto nada… Todavía… - golpe por golpe, pensó Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿se puede saber qué estuvisteis haciendo durante cuatro horas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Primero nos reunimos en su despacho y luego estuvimos en su laboratorio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton se puso de pie. No aguantaba más aquel diálogo de sordos y añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿En su despacho, en su laboratorio? - preguntó, agitando los brazos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí… - afirmó ella, viéndose ya claramente ganadora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, recapitulemos - comenzó a caminar alrededor de Mary, intentando serenarse -. De algo te habrá servido esa visita, ¿algún detalle? ¿No?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mira, ahora que lo dices, puede ser que sí. No había caído, pero en su despacho tenía una caja fuerte de grandes proporciones. Supongo que dentro de ella guardará los informes confidenciales o los proyectos de sus trabajos de investigación - Mary comprendió que Christopher Norton se hallaba al límite y que no podía continuar por más tiempo con su juego, porque podría no ser creída y eso sería peligroso para sus intereses. Por ello, prefirió ofrecer a Christopher una información nada comprometedora y que, al mismo tiempo, le sirviera de coartada para ganar tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede ser. Si no te llamó nada más la atención, seguro que es ahí donde guarda la información que necesitamos aunque, tal vez, también podría utilizar el ordenador para tal menester.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy de acuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Analicemos la situación - Christopher tenía ya claras las ideas -. Ahora sólo te queda por hacer una cosa más y finalizarás tu trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál? - inquirió Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes que estudiar cómo acceder a su despacho y coger la información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué propones?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Qué propongo?… - Christopher Norton, ya relajado, dejó ver su sonrisa perversa -… tienes dos opciones: Conciertas una nueva entrevista con él y aprovechas la ocasión para entrar a su despacho y consigues lo que necesitamos o bien accedes a Bioconn a una hora intempestiva, como si fueras una ladrona vulgar, y tratas de lograr tus objetivos - él seguía sonriendo porque no sabía qué le agradaba más, si conseguir el informe de la vacuna de Bioconn o que Mary fuera descubierta mientras lo intentaba, y posteriormente entregada a la policía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Robar o coger, he ahí el dilema!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué más da utilizar una palabra u otra! El resultado es lo que vale y sólo lo puedes conseguir robando - por fin se había decidido a utilizar aquella palabra con toda su crudeza, dejando entrever todas sus connotaciones. Y con ello, vengarse de la actitud que Mary Fishers estaba adoptando. Siempre existe una ocasión para la venganza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya lo pensaré - aseveró con desaire.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El tiempo se te acaba - afirmó él, implacable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hasta cuándo dispongo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Una semana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Una semana! ¿Por qué sólo una semana?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso no te incumbe. Quiero resultados Mary, o de lo contrario… - le espetó Christopher Norton, abalanzándose sobre ella, amenazándola con su dedo acusador -… te arrepentirás. Sólo tienes siete días para que ese informe se encuentre encima de mi mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Toda esta prisa es debida a la fusión con Bioconn, ¿no es así? - Mary intentó cambiar de tema para evitar las recriminaciones de Christopher Norton y dirigir la conversación hacia determinados argumentos con los que poder controlarlo, aunque llegado al punto actual sabía que iba a ser difícil de lograr. Tenía que encontrar nuevas tesis para tener bajo control las acusaciones impertinentes y los comentarios soeces que ya había mencionado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Y a ti qué más te da! - respondió, separándose de ella, dirigiéndose hacia su sillón -. La fusión no tiene nada que ver en este asunto. Lo importante es la vacuna que probablemente acaba de descubrir Bioconn y el fracaso que tú has tenido con la tuya.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué lo afirmas tan categórico?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La risa de Christopher Norton resonó con estruendo en el despacho, aliviando su resentimiento contra Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Que por qué lo afirmo? Mary, ¿es que no tienes sangre? Estás ahí sentada sin moverte, hierática, ¿no te das cuenta de lo que está sucediendo? - él ponía énfasis en su discurso -. El Proyecto Mgen1702, el proyecto más importante en la historia de Microgensyn y en el que se ha invertido una cantidad extraordinaria de millones de dólares ha sido un auténtico fracaso y ahora sólo nos falta conocer si es un éxito la vacuna de Bioconn. Porque si ello es así, Microgensyn caerá en picado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! - respondió Mary, sin realizar gesto alguno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Parece no importarte… pues te advierto que si perdemos esta batalla, tu puesto en Microgensyn corre peligro - ahora Christopher Norton se sentía en su papel, disfrutaba con su rol, amenazando sin disimulo a Mary, sintiéndose el protagonista de aquella reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me subestimes, Christopher. La guerra todavía no está perdida… Todavía no - sentenció Mary Fishers, antes de levantarse y dejar a Christopher Norton con la palabra en la boca, sentado en el sillón de su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers abandonó el despacho antes que Christopher Norton pudiera rebatirla. No le importaba y aunque fuera su superior jerárquico, se permitía esos desplantes. Todavía tenía poder. Todavía tenía una semana de margen. Una semana que era lo que faltaba para que los investigadores de campo le remitieran los correos electrónicos con los resultados finales del Proyecto Mgen1702, y hasta que éstos no se recibieran, todavía no se sabría con certeza si ella había fracasado o por el contrario el triunfo le abriría las pocas puertas que todavía tenía cerradas. Porque, a pesar de todo el éxito del mundo, siempre hay alguna puerta cerrada. Por todo ello, Mary Fishers se podía permitir la licencia de dejar a su jefe con la palabra en la boca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No quiso discutir el tema de Jeff Colleman. Las insinuaciones impertinentes y apócrifas de Christopher Norton las obvió porque era un tema que a él nada le importaba. Suponía que la estaban espiando y ese comentario que a él se le escapó, presa del estado de ánimo que ella provocó con su actitud, le confirmó la certeza de sus sospechas. Cada vez se confirmaba más el hecho de que tendría que cuidarse al máximo en todos los actos que emprendiera, porque al menor descuido, al menor desliz, podría ser descubierta en el doble juego que había decidido llevar a cabo, asumiendo hasta el fin sus consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los actos de la vida cotidiana son repetitivos hasta la saciedad, y la parafernalia con la que Christopher Norton envolvía su quehacer antes de reunirse con Arthur Sullivan, para informarle sobre cualquier asunto, era un ritual imbricado en un mimetismo harto elocuente. Siempre los mismos gestos antes de salir de su despacho, siempre el lento caminar por los pasillos, siempre ascender por el mismo lugar de la escalera, siempre la misma expresión, decidida y segura de sí mismo. Era como un acto simbólico de fe, donde cada detalle fuera elegido minuciosamente, no dejando escapar nada al azar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton era el centro de aquella trama, adoptando el papel de león o de cordero según fuese el interlocutor con el que se tuviera que enfrentar. Ante Mary Fishers le tocó actuar como un felino y aunque la reunión no se desarrolló por los cauces más alentadores para sus objetivos, siempre quedaba un poso provechoso del cual extraer una conclusión positiva. Ahora le tocaba embutirse en la piel de un inocente corderito para acudir a la cita con Arthur Sullivan e informarle de los últimos sucesos con los cuales llenar una página más de la conspiración que, entre ambos, habían urdido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La cita estaba planificada en el organigrama de aquel día. A las nueve de la mañana habían quedado para desayunar el Presidente de Microgensyn y el hombre que manejaba toda la información confidencial de la compañía, un hombre poderoso y que en determinadas circunstancias podría resultar peligroso a la vez, pero al que Arthur Sullivan podía utilizar a su antojo porque sabía que mientras él fuera presidente no se atrevería a difundir la información que manejaba. Toda persona tiene algo que ocultar. Christopher Norton podría tropezar en terrenos pedregosos, pero sabía muy bien donde pisaba y ante Arthur Sullivan no osaba emplear ninguna artimaña que se volviera en su contra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La señora Fletcher preparó el desayuno que había pedido a la cafetería de Microgensyn. El lugar elegido fue la sala de reuniones de la cuarta planta. De vez en cuando, dos o tres veces al mes, se reunían los dos prebostes de la empresa en aquel santuario. Siempre desayunaban lo mismo: café con leche; tostadas con mantequilla; pastel de manzana, que detestaba Christopher Norton pero que lo engullía con disimulado placer como cortesía a Arthur Sullivan, al cual le encantaba, y zumo natural de naranjas de California. En estas reuniones, los temas que trataban eran de vital importancia para Microgensyn. Veladas que servían para aunar esfuerzos en pos del bien de la empresa. Veladas que, en las más de las ocasiones, no eran todo lo éticas que, en una compañía que aspira a situarse en el número uno mundial de su ámbito, cabría esperar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde el pasillo, Christopher Norton olió a pan recién tostado y ello le confirmó que todo estaba preparado. Cuando lo vio venir, la señora Fletcher avisó a Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los dos hombres se encontraron en la antesala del despacho de Arthur.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tienes apetito, Christopher?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mentiría si digo que no. La verdad es que cuando estoy enfadado me entran unas ganas locas de comer - respondió Christopher Norton, mientras se dirigían a la sala de reuniones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo cierto es que disfruto cuando te veo enfadado - afirmó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué? - preguntó sorprendido Christopher, abriendo la puerta de la sala y cediendo el paso a Arthur.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque tus neuronas funcionan entonces al cien por cien y eres mucho más analista y crítico al mismo tiempo. Perdona que te lo diga, aunque no te guste, pero eres más lúcido cuando estás irritado que cuando no lo estás - respondió Arthur Sullivan, mientras señalaba el lugar que debía ocupar Christopher una vez dentro de la sala de reuniones de la cuarta planta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si tú lo crees así, mejor que mejor. Me gusta - por supuesto, habilidoso en el arte de la conversación, Christopher Norton nunca se oponía a una aseveración de su jefe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaban sentados en un extremo de la mesa. En aquella sala inmensa, en medio de un silencio sepulcral sólo interrumpido por las palabras que pronunciaban, parecían estar reunidos para confabular, y precisamente para eso se juntaban siempre en aquel lugar. La excitación que les producía esas reuniones era sinónimo de poder, porque en ellas tenían la posibilidad de decidir sobre la vida de millones de seres inocentes en todo el mundo, millones de personas enfermas cuyo futuro dependía de las decisiones que adoptaran sólo ellos dos en aquella sala, en apenas unos minutos. La podredumbre del poder político es algo asumido por la población, pero el poder farmacéutico es algo que no es tenido en cuenta y que, si cabe, es más importante aún. Aunque nadie fuera consciente, ellos sí que sabían que ocupaban el quinto poder fáctico sobre la tierra. Porque cualquier ser humano, en su escala de prioridades siempre demanda en primer lugar la salud, y ellos sabían que la salud de una determinada colectividad estaba en sus manos, y en aquel lugar podían decidir si los intereses económicos de su empresa se ajustaban a la comercialización de un determinado fármaco o, si por el contrario, si éste no fuera rentable para la empresa, aunque en término de salud si fuera eficaz, no llegase nunca al mercado. Aunque en algunas ocasiones, como gesto ejemplar y humano, decidían deshacerse de él vendiéndolo a otra empresa, a un precio simbólico, para que fuera ésta la encargada de comercializarlo. Aquellas reuniones servían para eso y para mucho más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cuéntame, Christopher, ¿qué ha sucedido en la reunión de Mary y Jeff Colleman? ¿Tenemos ya la información que necesitamos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esa perra ha estado casi todo el fin de semana con él y no ha conseguido nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cuida tu vocabulario, Christopher. Ya sabes que no me gustan los calificativos despectivos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A veces son necesarios…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dame una buena razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estuvo reunida con Jeff en Bioconn toda la tarde del viernes y dice que sólo se fijó en una caja fuerte que había en su despacho. No sé… estamos perdiendo el tiempo con ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sólo eso? - preguntó Arthur Sullivan después de beber un sorbo de café con leche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Hay más. El sábado por la noche la estuvimos espiando. Cenó con Jeff Colleman y después de un paseo por la playa se dirigieron a su apartamento y pasaron la noche juntos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso es lo que le sugerimos en España, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hace unos días fuiste tú el que me decías que no me fiara de ella. Ahora soy yo el que no se fía. Nuestro hombre me ha informado que parecían muy enamorados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ese es el juego, ¿por qué te preocupas ahora?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque Mary siempre consigue lo que se propone y no me creo que haya estado tanto tiempo reunida con Jeff Colleman y no descubriera nada. Tengo la impresión de que está jugando a dos bandas y si realmente se enamora de Jeff, probablemente nos está ocultando todo lo que ha averiguado, ¿no? - maquinaba Christopher Norton después de terminar de comer la tostada y contemplando las migajas desmenuzadas sobre el plato.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sigue estando vigilada, ¿no es así?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En efecto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, cometerá algún error y descubriremos su juego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué haremos con ella en el supuesto de que nos esté engañando? - no era una pregunta en vano, sino la trampa que Christopher Norton le tendía a Mary Fishers y en la que Arthur Sullivan estaba cayendo. Él ansiaba deshacerse de ella y con aquella pregunta quería asegurarse lo que sucedería con Mary -. Muy bueno el pastel de manzana - añadió Christopher Norton con un gesto de placer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé todavía. Lo tendría que meditar con calma - respondió Arthur Sullivan mirando a los ojos a Christopher, el cual se mostró impasible, conociendo el desprecio que sentía por ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo que tú decidas será lo correcto - aseveró Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cambiando de tema, ¿qué sabes del traidor?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En este capítulo tengo muy buenas noticias. El Doctor Hodgkins me ha asegurado que mañana nos confirmará quién es.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso lo dejo todo en tus manos. Te felicito Christopher, estás actuando con gran diligencia - apuntó Arthur Sullivan tras finalizar el zumo de naranja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton siempre actuaba correctamente. Cometía muy pocos errores, y cuando ello sucedía, no podían ser achacables a él. Hubiera preferido saber qué haría Arthur Sullivan con Mary si descubrían que ella les ocultaba información, pero al no conseguirlo, se contentó con la esencia de la dulce espera, porque no tener prisa era uno de sus mayores atributos. Como siempre, ante cualquier eventualidad que surgía en Microgensyn, él ponía los medios pertinentes para encontrar la solución más adecuada. Como siempre, su figura seguía ganando enteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de ser lunes, a pesar de ser media mañana, en el centro comercial ya había una cantidad de gente considerable realizando compras. En la mayoría de los casos se trataba de personal femenino, aunque los hombres no le iban a la zaga. De todas las tiendas, la más concurrida era la de Calvin Klein, seguida por una tienda de deportes donde predominaban las prendas de Nike. Era de grandes proporciones, con cientos de establecimientos donde cualquier persona podría encontrar el artículo que buscara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Doctor Hodgkins miraba disimuladamente el escaparate de una joyería que estaba situada frente a la escalera mecánica que ascendía desde la calle. Dentro de su vestimenta destacaba una pajarita estrafalaria que era la contraseña para la persona con la cual había quedado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba atento al cristal del escaparate en donde se reflejaba en ese preciso instante la figura de una mujer que se dirigía hacia él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Usted debe ser el señor Hodgkins - afirmó ella con determinación, porque aunque no había visto todavía la pajarita, lo supuso por ser ese el lugar de la cita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y usted Pascale Carter - contestó él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vamos, dígame eso tan importante que tiene que decirme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sígame, daremos un paseo por el centro comercial y, mientras hablamos, podremos disfrutar contemplando los escaparates.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tengo tiempo en estos momentos para perderlo mirando escaparates, sea breve - le ordenó Pascale Carter.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy en posesión de determinada información que pienso puede ser de su interés - comenzó diciendo el Doctor Hodgkins, intentando crear un clima de interés.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De qué se trata?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy bien informado acerca de una operación especulativa en bolsa que tuvo como objeto a una empresa llamada Bioconn y que se realizó a través de una agencia de bolsa radicada en las Islas Caimán.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo? - inquirió ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Le aconsejo que no juegue conmigo, señorita Carter, y que no ironice - le espetó el Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo nunca juego, señor Hodgkins - aseguró ella, desafiante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso iremos directos al grano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Caminaban despacio como si se tratase de una pareja que estuviera de compras, sin llamar la atención, procurando hablar con el suficiente volumen de voz para que sólo fuese escuchado por ellos y que nadie oyera su conversación. No les interesaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Le escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sé que usted está trabajando para Microgensyn en el proyecto de fusión con Bioconn y que, así mismo, se ha aprovechado de esa información privilegiada para dar un pelotazo en bolsa - afirmó el Doctor Hodgkins, girando su cabeza hacia ella y mirándola a los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué? - respondió impertérrita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues que usted ha traicionado los intereses de Microgensyn y está poniendo en peligro la fusión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Eso lo piensa usted o se lo han contado? - preguntó Pascale con descaro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Doctor Hodgkins se detuvo en un escaparate de alta costura femenina, en el que estaban expuestos diferentes modelos correspondientes a la temporada de moda del próximo verano que ya se avecinaba. Los precios, como era preceptivo, brillaban por su ausencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esa es la realidad. En estos momentos la operación se tambalea y podría no llevarse a cabo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Parece muy bien informado - sugirió ella, despreciando las matizaciones del Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya le comenté por teléfono que disponía de una información que le podría interesar bastante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues, ¡qué quiere que le diga! No me interesa su información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todavía no hemos terminado de hablar. Si es inteligente pienso que será receptiva a mi propuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! ¿También tiene una propuesta?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Podríamos llamarlo así.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y cuál es esa proposición? Ya le he dicho que no dispongo de mucho tiempo - dijo ella, esbozando una esplendorosa sonrisa saturada de matices de ironía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Podríamos entablar una relación comercial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Una relación comercial! ¿Con quién? - preguntó Pascale Carter antes de emitir una sonora carcajada que se propagó a través del eco de la galería del centro comercial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Doctor Hodgkins apenas si la miraba en alguna ocasión. Normalmente dirigía su mirada a los escaparates, pero aquella risa lo dejó perplejo y no pudo evitar mirarla de soslayo, como diciendo: ya verás, atente a las consecuencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Señorita - replicó él con sorna -, parece usted no comprender. Su comportamiento, sintiéndolo mucho, me parece en cierto modo un tanto casquivano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pensándolo bien, siento mucho disentir de sus apreciaciones, señor Hodgkins. No me es agradable su compañía, si me disculpa…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No hemos terminado todavía… - respondió él agarrándola por la cintura - … si la he herido en sus sentimientos, lo siento - ella sentía los dedos de él apretándole la cintura y lo miraba desencajada. Intentó separarse, pero él agarró su brazo con la otra mano -. Compórtese como una señorita, nos pueden mirar y ni a usted ni a mi nos interesa, ¿o acaso estoy equivocado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Dígame qué es lo que pretende.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya le he dicho que mi interés es puramente comercial. Usted ha ganado varios cientos de miles de dólares con la operación especulativa. Y si mi instinto no me engaña, a usted no le interesa que esta información sea conocida. Por ello, lo que le propongo es una asociación lícita en este negocio - afirmó el Doctor Hodgkins mientras dejaba de apretar con sus dedos la cintura de ella, dejándola libre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quiere ser más explícito, por favor, señor Hodgkins. ¿Cuál es su propuesta concreta?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Le estoy proponiendo que repartamos, en buena lid, el dinero del que usted se ha apropiado con esa operación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En primer lugar, Hodgkins - respondió ella con gran enfado, aparcando las normas de educación -, yo no me he apropiado de ningún dinero y, en segundo lugar, si hubiera ganado algún dinero en bolsa, no estaría dispuesta a compartirlo con nadie.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ese es su problema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál es mi problema?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está claro que su problema comenzaría cuando en Microgensyn se enterasen de su juego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Me está amenazando?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo no lo llamaría así.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabe lo que le digo? ¡Váyase al cuerno! - se dio media vuelta, sin que él la pudiera agarrar, comenzó a caminar a grandes pasos, y luego aceleró la marcha corriendo todo lo que pudo. Llamó la atención de las personas que había en aquel lugar, pero no le importó. Cuando ya se encontraba lo suficientemente alejada, miró hacia atrás y contempló la cara de sorpresa del Doctor Hodgkins que todavía se encontraba quieto en el mismo sitio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Qué será que cuando alguien triunfa en determinado campo de la actividad económica, ya sea legal o ilegalmente, siempre hay alguien dispuesto a amargarle los éxitos. Quizás sea el precio que hay que pagar por los desvelos, las horas de trabajo, y el encomio en conseguir algo que los demás envidian.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pascale Carter huyó despavorida del centro comercial. Salió a la calle y cogió el primer taxi que encontró. Cuando se acomodó en el asiento trasero, cesó la respiración agitada y se serenó. Analizó la situación y pensó que no tenía que preocuparse. Llegado el momento afrontaría la situación y saldría airosa de la misma. Pensó que ella no había obrado mal. ¿Quién en su situación no hubiera comprado acciones de Bioconn?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las situaciones rocambolescas son la esencia de la vida misma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las turbulencias vividas la semana anterior parecían haberse alejado y en Bioconn esperaban que en los siguientes días un tiempo de bonanza se dejara caer por sus oficinas. Por el momento, el lunes había comenzado bien. El precio de las acciones se estaba estabilizando en Wall Street. Los periódicos ya no publicaban nada de la fusión con Microgensyn. Todo parecía aventurar que el éxito de la operación que habían diseñado estaba asegurado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya no existía el revuelo de los días anteriores en los aledaños del despacho de David O´Connor y, aunque las reuniones de trabajo se seguían realizando, éstas retomaron la misma dinámica de siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman se encontró en el pasillo con Jason O´Connor y ambos se dirigieron juntos al despacho del Presidente de Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días. Sentaos - los recibió de pie David O´Connor y se sentó, a su vez, en el sillón de su mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jason O´Connor y su padre miraban fijamente a Jeff Colleman y éste los miró alternativamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vamos al asunto, Jeff - comenzó diciendo David O´Connor -, cuéntanos lo que ha sucedido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Como ya sabéis, estuvimos reunidos el viernes por la tarde y luego, el sábado, nos vimos para cenar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Has averiguado qué pretendía con esas citas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ciertamente no.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál fue la actitud de Mary Fishers? - se interesó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Muy diplomática, en todo momento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué interés mostró acerca de nuestra vacuna? ¿Qué preguntas te hizo? - inquirió David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ninguna. No hizo ninguna pregunta sobre la vacuna. En ningún momento tocamos ese tema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me sorprende que, de pronto, y después de vuestras desavenencias públicas, Mary Fishers concierte varias entrevistas contigo y no te interrogue sobre la vacuna que estamos experimentando - sugirió Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El primer sorprendido he sido yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué lo atribuyes? - volvió a demandar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. En España, cuando salimos durante el Congreso, dejamos claro que no hablaríamos de la vacuna y ella, desde entonces, respetó ese tema. No creí que fuese capaz - Jeff Colleman respondía a cada una de las preguntas que le hacían sus interlocutores con la seguridad que le proporcionaba la veracidad de sus afirmaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Puede saberse de qué habláis, entonces? - preguntó David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hasta el momento, nuestro tema de conversación se basa exclusivamente en el proyecto de estudio científico que ya os comenté. El proyecto sobre el origen de la vida en la tierra que hemos diseñado y cuya idea inicial surgió en España por parte de ella - mintió sutilmente, existían determinados aspectos de la relación entre ambos que Jeff Colleman obvió porque pensó que no eran de la incumbencia de sus jefes, y porque desconocía cómo reaccionarían ellos ante el relato de aquella historia de amor. Una aventura en la que él tendría que hilar muy fino para que fuese duradera y no, simplemente, una relación deliberadamente ardorosa de fin de semana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Parece como si esa mujer te hubiera hechizado. Noto en tus palabras un trasfondo demasiado elocuente. No creo que esté aquí sólo para ese tema. Es demasiado lista. Estoy seguro que te está engañando - propuso Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué dices eso, Jason? ¿Por qué crees que tiene un interés disimulado en la actividad a la cual nos estamos dedicando? - las tornas se habían cambiado y ahora era Jeff Colleman quien pedía explicaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Seamos francos, Jeff. Es evidente que corren rumores sobre el proyecto de fusión entre Bioconn y Microgensyn. Visto desde fuera, desde tu perspectiva, las cosas pueden resultar demasiado fáciles, pero te puedo asegurar que no es así. Es cierto que estamos en negociaciones y nos encontramos en una situación un tanto peliaguda - matizó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sabía nada - aseguró Jeff -, mejor dicho, sólo estoy al tanto de las noticias que publican los periódicos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por eso te solicitamos que le facilitaras la labor a Mary Fishers, y si ella se mostraba interesada en nuestra vacuna, que le dieras toda la información que te demandara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo siento, pero eso no ha sucedido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lo crees así? ¿Puedes asegurarlo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres Jason?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quiero decir que si en algún momento has tenido la sensación de que ella se hacía con la información que nosotros creemos estaba buscando. Puede que en algún momento estuviera sola…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora que lo dices…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué? - preguntó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Durante unos minutos estuvo sola en mi despacho…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En tu caja fuerte guardas todos los informes acerca de la vacuna contra el SIDA - comentó David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En efecto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Crees que ha podido abrir la caja y extraer toda la información?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo dudo, aunque su comportamiento…- recordó la disparatada y tonta imagen de Mary lanzando el tarro hacia arriba -… aunque me duela reconocerlo, fue un tanto extraño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres, Jeff? - preguntó Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me ausenté de mi despacho durante unos minutos, y cuando regresé la encontré un tanto azorada. Parecía asustada. Me marché de nuevo y, sin embargo, cuando volví al despacho, en esa ocasión, dormía plácidamente - respondió Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es evidente que existe un contrasentido en su comportamiento - aseguró David O´Connor -. Probablemente aprovechó ese momento para robar la información que precisaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pudiera ser. ¡Quién sabe! Yo obré según las indicaciones que ustedes me formularon. Intenté dejarla sola en mi despacho. Siento no poder informarles si logró abrir la caja fuerte. Tampoco puedo asegurarles, conforme se ha mostrado en estos días, si realmente ese era su objetivo. Si verdaderamente lo único que pretendía era robar esa información, ha logrado engañarme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Será mejor pensar que lo ha logrado - añadió Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ciertamente, no alcanzo a comprender por qué están ustedes tan interesados, y por ende Bioconn, en que Mary Fishers conociese el fracaso de nuestra vacuna, si ello conlleva un desprestigio para nuestra compañía - aseveró Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Jeff, dirigir una compañía como Bioconn o como Microgensyn, es una tarea harto delicada. A veces se realizan actos, contratos, concesiones, que sólo pueden ser bien entendidos desde la perspectiva de la presidencia de la compañía. A veces, ni el staff directivo de la empresa está al tanto de todas las negociaciones que se mantienen, porque siempre hay diferentes campos de actuación. Por esa razón, te pedimos que fueras prudente y que no comentaras en ningún sitio que nosotros te habíamos pedido que te mostraras intencionadamente distraído y que le facilitaras la labor a Mary Fishers para que ella conociera el punto donde se encuentra actualmente la investigación de nuestra vacuna contra el SIDA, con los problemas que estamos teniendo con ella - la elocuencia era una de las virtudes de David O´Connor. Con su voz aterciopelada se sentía en su papel y sabía que le facilitaba la labor para disuadir y convencer a cualquier interlocutor, aunque también manejaba otras artes como crear un clima sereno donde poder transmitir la empatía que él consideraba fundamental a la hora de cerrar cualquier trato.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Simplemente, Jeff, se trata de una estrategia enmarcada en la ingeniería de gestión y desarrollo de nuestra compañía. Nosotros estamos interesados en que Mary conozca el resultado actual de nuestras investigaciones, pero no el definitivo. Nos interesa que Microgensyn esté al tanto de nuestras posibilidades actuales, pero no de las futuras - dijo Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Los temas macroeconómicos, como es lógico, no los domino y no atino a comprender realmente por qué les interesa que Microgensyn conozca los detalles actuales de nuestra vacuna, aunque, supongo, que los tendrán; porque, a pesar de toda la disertación, todavía no me han explicado con exactitud cuál es la razón que les ha motivado a dejarse espiar por Mary Fishers, si es que, realmente, la actuación de ella es la que ustedes suponen - Jeff Colleman hablaba con recato, midiendo muy bien las palabras que utilizaba para reflejar que ellos no le estaban contando toda la verdad sobre el asunto que tenían entre manos. Al final, con sapiencia, intentó exculpar a Mary Fishers de la trama que se le suponía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que estés en lo cierto, Jeff, pero la razón fundamental sólo la conocemos mi hijo y yo, que al fin y a la postre, somos los responsables de que Bioconn prospere y se consolide en uno de los primeros puestos de la industria farmacéutica mundial. Llegado el momento, si lo estimamos oportuno, y si ello no afecta al buen funcionamiento y al desarrollo de Bioconn, te podríamos hacer partícipe, como compensación a tu diligencia y prudencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Francamente, señor O´Connor, le eximo de esa responsabilidad. Mis funciones en Bioconn son otras y la dirección de la compañía les concierne exclusivamente a ustedes. Yo prefiero mantenerme al margen de los secretos de empresa - concluyó Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Realmente, conocer los planteamientos de una empresa suele ser algo difícil de comprender para un profano. Era obvio que David O´Connor y su hijo Jason, bajo el prisma de la fusión con Microgensyn, habían elaborado una estrategia para conocer las intenciones de éstos. En esa lid, entraba en juego Jeff Colleman, e indirectamente Mary Fishers, y a través de ella Microgensyn. Tenían dudas acerca de la fusión. Las continuas oscilaciones en bolsa y la especulación de la que estaba siendo objeto su empresa los tenían alerta. Por esa razón, prepararon una acción encaminada a descubrir el entramado mafioso de Microgensyn.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día había resultado mucho más tranquilo de lo que en un principio esperaba. Aunque pareciese extraño, no volvió a tener en cuenta la conversación con Christopher Norton ni sintió un ápice de desconfianza por parte de él. Todo parecía ir por buen camino y las explicaciones que dio, aceptadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De regreso a casa conducía despacio, sin prisas, absorta en sus pensamientos, como si la desdicha fraguase en un camino de rosas, que todavía no había podido pisar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Soplaba una brisa suave que hacía que los brazos de las palmeras revoloteasen en lo alto, como queriendo escapar de su prisión de madera y unirse en su vuelo a las gaviotas que vagabundeaban libres en un cielo de tonalidades celestes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó a casa, antes de entrar en el aparcamiento le sorprendió la presencia de un hombre que conocía bien. Con los brazos en alto, le indicaba que se detuviera. Ella obedeció y a continuación bajó el cristal de la ventanilla del coche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenas tardes señorita Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me gustaría hablar con usted, si es tan amable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, dígame.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no aparca y damos un paseo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tengo prisa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se preocupe, seré breve.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers aparcó su coche delante de su casa. Bajó y a continuación comenzaron a caminar a través de la acera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es eso que tiene que decirme?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Siempre es usted tan directa?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Procuro serlo. No me gusta perder el tiempo tontamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Le aseguro que conmigo no lo hará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, supongo que arderá en ganas de decirme lo que quiere - a Mary Fishers no le agradaba aquel hombre. No sabía el porqué, pero su presencia le incomodaba. Un sentimiento espúreo que emanaba de la figura del Doctor Hodgkins se clavaba con morbosa desazón en su ser. A pesar de todo, aceptó su invitación porque sentía curiosidad y quería saber las razones que tenía él para presentarse ante ella por sorpresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Se trata de la conversación que mantuvo usted hoy con Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo sabe usted que yo he hablado hoy con Christopher Norton?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo sé muchas cosas señorita Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Quizás pudiera ser la pieza que faltaba para completar el puzzle. Se sabía espiada, pero no sabía por quién. Sabía que corría un peligro incierto y que alguien, en la sombra, acechaba tras ella. Si el Doctor Hodgkins conocía la existencia de esa conversación, probablemente se hallaba ante el enemigo invisible que ella ansiaba descubrir. Se serenó y pensó que debía colaborar con aquella persona detestable, para intentar conocer sus pretensiones y el futuro inminente que le aguardaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué quiere saber acerca de esa conversación? - se mostró conciliadora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo que le ocultó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién le ha contado a usted que yo le oculté algo a Christopher Norton?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Él me lo contó todo y yo sé que usted le mintió, aunque él no lo sepa todavía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué relación mantiene usted con el Doctor Norton? Usted no trabaja para Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Digamos que mantenemos una relación comercial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué tiene usted para comerciar con Microgensyn? Usted es un científico mediocre - Mary Fishers pasó al ataque.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Información, señorita Fishers, información…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! Entonces… resulta que es usted.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién soy yo, señorita Fishers?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El espía que sigue mis movimientos e informa a Christopher Norton - acusó ella con descaro y sin ningún temor por las consecuencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dicho así, en ese tono, resulta peyorativo. Aunque resulte un eufemismo, yo lo llamaría profesional de la información. Cuando alguien realiza una acción, resulta notorio que ésta se hace pública. Yo me limito a conocer hechos y a trasladarlos al lugar más apropiado - aseguró él con talante irónico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si usted está bien informado, ¿por qué me acusa de mentir a Christopher Norton? Yo sólo le dije todo lo que sé.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Señorita Fishers, usted sabe que eso no es verdad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Seguían caminando. La calle estaba bastante concurrida y las personas pasaban distraídas a su alrededor. No sabía si era por el viento o por la ansiedad de sentirse descubierta, pero lo cierto es que sentía frío, por lo que procedió a ponerse la chaqueta que llevaba sobre los hombros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dígame, entonces, ¿en qué le mentí?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Usted le comentó a Christopher Norton que no había descubierto nada en el despacho de Jeff Colleman, pero yo sé que eso no es cierto. Usted abrió la caja fuerte y tuvo el tiempo suficiente para empaparse y fotografiar los informes archivados en ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo podía conocer esos detalles el Doctor Hodgkins? Ella no apreció en ningún momento que allí hubiese instalada ninguna cámara oculta. Tuvo en cuenta ese detalle y el despacho estaba limpio. No sabía cómo, pero ahora estaba entre las cuerdas porque la acusación vertida por él, era cierta. Tuvo en cuenta las cámaras, pero obvió otro detalle. Además, tampoco podía imaginar que hubiera micrófonos ocultos, por lo que el ruido que hizo al abrir la caja fuerte y el ruido al pasar los folios del informe de la vacuna, la delataron. Él sabía más de lo que ella imaginaba y ahora se encontraba ante la tesitura de colaborar con él y reconocer el error cometido con Christopher Norton, o mantenerse firme y negar las acusaciones afirmadas por él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo puede pensar usted eso! ¿Me cree a mí capacitada para abrir una caja fuerte, Doctor Hodgkins? Eso sólo sucede en las películas, yo no soy una espía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No imagino cómo, pero le puedo asegurar que usted lo consiguió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué se supone que yo habría descubierto allí? ¿Qué se supone que yo tenía que haber contado a Christopher Norton?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que la vacuna de Bioconn es un fracaso - afirmó convencido el Doctor Hodgkins, mirándola a los ojos para escrutar el gesto de sorpresa que ella realizó y que le confirmó, aún más, que estaba en lo cierto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El carácter sobrio y severo de las palabras del Doctor Hodgkins la dejaron perpleja. Titubeó por unos instantes y se percató de que él se había dado cuenta de sus gestos. Al sentirse descubierta se ruborizó. No lo pudo evitar. El doctor Hodgkins, con su hablar pausado y sereno, con el tono grave de su voz, y el hecho de estar curtido en ese menester, hablando con frases cortas y sin decir más allá de lo que pretendía expresar, había conseguido acorralarla y a punto estaba de conseguir sus objetivos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo no sé nada de eso. Yo sólo conozco los rumores que corren acerca de la vacuna de Jeff Colleman, y según parece, es todo un éxito y Bioconn está esperando el momento adecuado para darla a conocer - afirmó Mary Fishers, intentando ser coherente y, al mismo tiempo, convincente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué bella es la mentira, señorita Fishers! Se parece a usted.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Doctor Hodgkins, yo no miento nunca, lo que le digo es la verdad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, le sugiero que vaya pensando cómo le explica mañana a Christopher Norton que le ha mentido, porque estará esperándola. Usted conoce, igual que yo, que la vacuna de Bioconn es un rotundo fracaso. Yo no sé el porqué, pero usted sí. La causa del fracaso es lo que precisa conocer Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo no le temo a Christopher Norton - dijo ella, con seguridad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ese es su problema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y para qué quieren saber por qué falla la vacuna de Bioconn?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no se lo pregunta a Christopher Norton? Estoy seguro de que él se lo contará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Doctor Hodgkins, ¿por qué me cuenta todo esto? Porque, en cierto modo, lo que usted pretende es ponerme en alerta y avisarme que Christopher Norton me estará esperando con el hacha preparada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En cierto modo, señorita Fishers, siento aprecio por usted - respondió él, ahora con dulzura - y, con sinceridad, la admiro. Yo… no sé, en otras circunstancias, tal vez… - balbuceó, no atreviéndose a pronunciar lo que pensaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es necesario que diga nada. Le estoy muy agradecida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me tiene que agradecer nada. Sólo en esta ocasión me he permitido una cierta licencia. Yo sólo trabajo y cumplo órdenes. Puede ser que en otra ocasión no sea tan tolerante. Actúe con cuidado. Está en peligro y le podría suceder algo desagradable - sentenció el Doctor Hodgkins, antes de despedirse de ella. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El camino de regreso a casa fue un lento deambular por las calles de Main Street. Necesitaba pasear y desahogarse consigo misma, necesitaba respirar aire puro y sentirse libre, sin ser espiada. Necesitaba poner en orden sus ideas y decidir qué hacer. De momento, adorar la libertad y suspirar por un final feliz, acorde a sus propósitos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por extraño que parezca, tuvo que reconocer que agradecía la colaboración de aquel siniestro personaje, pero por sus palabras, supo reconocer que se trataba de su enemigo, que aunque en esta ocasión estuviera de su parte, seguro que en otras circunstancias apreciaría la vileza y la falta de compasión que por el momento no había mostrado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Acató sus palabras, aunque no fuese necesario, puesto que desde hacía unos días actuaba con cuidado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Continuará...&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115056800733903688?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115056800733903688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115056800733903688' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115056800733903688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115056800733903688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-veinte.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  VEINTE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115037059309637447</id><published>2006-06-15T13:09:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:28:04.583+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECINUEVE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Se le había hecho tarde, como siempre que se reunía con su hermano, pero no le importaba, sólo era cuestión de arreglarse más rápida, sin entretenerse en detalles superfluos que le hicieran llegar tarde a la cita con Jeff Colleman. No le gustaba llegar tarde. Siempre procuraba ser puntual.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary se acicalaba con premiosidad, correteando vivaracha desde su dormitorio hasta el cuarto de baño y desde allí hasta el vestidor, para posteriormente comenzar un nuevo ciclo. Sin darse cuenta canturreaba las canciones que escuchaba, una tras otra, con sentido del ritmo y la melodía, casi sin desentonar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sonó el teléfono y se dirigió hacia él con pasos rápidos. ¿Quién sería ahora? ¡Por favor, que no fuera nadie de la empresa! Pensó dubitativa. Había pasado un día maravilloso y todo iba sobre ruedas para que ahora, que estaba disponiéndose para pasar otro de sus pocos momentos felices, la fueran a importunar con órdenes, sugerencias o más chantajes impropios de una empresa de semejante prestigio. Pensó dejarlo sonar hasta que se cansaran del pitido horripilante que se escucha cuando se llama con avidez y al otro lado de la línea no descuelgan el teléfono. Pero no, no podría obrar así, no era su estilo, no era arrogante; lo descolgaría y asumiría las consecuencias que ello trajera consigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Mary? Hola, soy Jeff, Jeff Colleman. Perdona que te moleste a estas horas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hola, Jeff! No digas eso, ¡tú nunca molestas! Hemos quedado a las ocho, faltan cuarenta minutos. ¿Qué quieres?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. Puede que sea absurdo. La verdad es que no estoy acostumbrado a este tipo de citas y no sé qué ponerme. No quiero hacer el ridículo. Yo creo que ya me he probado todo mi vestuario y todavía no me he decidido. ¿Qué te vas a poner tú?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues para ir a tono con tu vestimenta - respondió él ruborizado, aunque no le importaba, ella no podía verlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues… ahora que lo dices, no me había decidido todavía. ¿Qué te gusta más: formal o una indumentaria informal?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Francamente, preferiría una vestimenta informal. Ya estoy obligado a llevar todos los días corbata para tener que ponérmela de nuevo en esta ocasión.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ya está decidido. Yo también prefiero una vestimenta más de calle que de trabajo o de etiqueta. Sorpréndeme - dijo ella, antes de colgar el teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y tú también.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pensó él. Aunque él la veía elegante con cualquier ropa. Su porte y belleza hacían que le sacara el máximo provecho a las cualidades de cualquier pantalón, falda, chaqueta o camiseta. Estuvieron juntos en cuatro ocasiones y le llamó poderosamente la atención el garbo y la elegancia que derrochaba sin quererlo aparentar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Está pensando en mí! ¡Está nervioso! ¿Qué intentará decirme con ese comportamiento?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella se quedó pensativa durante unos instantes tras colgar el teléfono. Le halagaba el interés que despertaba ella en él. Hacía tiempo que no sentía esa sensación, por otra parte la más loable de las intenciones del hombre y la mujer, el enamoramiento feliz que va precedido de un intervalo de tiempo donde la conquista, los jugueteos y las intrigas son los primeros en manifestarse. Se le hacía tarde y sumida en sus pensamientos prosiguió con su arreglo personal y la decisión sobre la vestimenta que tendría que ponerse la dejaría para última hora. No le preocupaba en exceso puesto que si de algo estaba segura, era de sí misma y su imagen no cambiaría como consecuencia de la ropa que llevase puesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Escuchaba los primeros compases de una nueva canción. Notas melodiosas que se arremolinaban en derredor de sus oídos. Miró el sillón que había en su dormitorio y se dejó llevar por la tentación de arrellanarse en él. Quería escuchar con comodidad la canción que sonaba del grupo Maná: “En el muelle de San Blas”. En el último año la música latina gozaba de un gran éxito en Los Angeles y las cadenas musicales de radio la incluían cada vez más en su programación. Se trataba de un tema cuya letra le recordaba una época de su vida feliz pero amarga al mismo tiempo. Enfrascada en aquel recuerdo, dejó volar su imaginación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ray Jenkins era un residente muy brillante de último año de Dermatología. Mary ya trabajaba para Microgensyn, al tiempo que realizaba el primer año de residencia en el hospital propiedad del Laboratorio. Sus vidas se cruzaron a propósito de un caso clínico. Un paciente de Mary, afectado de una enfermedad infecciosa, había desarrollado en las veinticuatro horas anteriores una erupción cutánea, por lo que se hizo imprescindible consultar con el Departamento de Dermatología. Estudiaron el caso juntos y a partir de ese día se hicieron inseparables.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Solía vérseles pasear juntos de la mano por las calles de Beberly Hills y disfrutar de la parafernalia idílica que representaba. Eran dos niños, ya adultos, sobre todo él, que soñaban con lograr el éxito y el prestigio que acompaña las ilusiones de todo residente. Por eso elegían con frecuencia pasear por el mundo de la ilusión y el glamour que significaba aquel lugar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para Mary era su primer amor. Su gran amor. Pero ello no era óbice para distanciarla de sus propósitos y su gran objetivo, que no era otro que especializarse en Microbiología clínica, ya que esa especialidad sería la puerta de entrada para conseguir algún día la promesa que había realizado. Supo compaginar en todo momento el tiempo que precisaba dedicar a Ray con el que requerían sus estudios y sus proyectos de investigación, que por aquellos momentos ya había iniciado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los eminentes investigadores que trabajaban para Microgensyn, entre ellos algún candidato a Premio Nobel, la miraban por encima del hombro, puesto que había tenido la osadía de proponer una línea de investigación sobre una vacuna contra el SIDA, y el hecho de ser aceptada por la cúpula dirigente de Microgensyn le granjeó algunos enemigos. Pero lo peor de todo fueron los comentarios jocosos y soeces, en ocasiones, que su figura generaba y que tuvo que soportar con estoicismo. Y todo por la incomprensión creada en torno a una recién licenciada y, para colmo, residente de primer año, que había tenido el atrevimiento de iniciar tan disparatada línea de investigación, por entonces muy lejos de poder hacerse realidad, por no decir que inviable. Pero a Mary no le amedrentaba nada ni nadie y los comentarios no le importunaban. Más aún, le servían de acicate para dedicarse con más ahínco a la investigación iniciada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En aquellas circunstancias, gozó del apoyo incondicional de Ray Jenkins y, aunque tenían poco tiempo para disfrutar juntos, él supo apreciar las cualidades que atesoraba Mary y abonar sus ilusiones con una dosis de amparo fuera de lo normal. Él la comprendía, la socorría y la estimulaba en los momentos difíciles y de desaliento, aunque no lo precisara puesto que ella no se dejaría arredrar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se trataba de instantes en los que el tiempo no era más que un parámetro abstracto que servía exclusivamente para enarbolar las horas de ocio, de estudio, de trabajo, de amor y de pasión. Un tiempo en el que la génesis de ideas y de aprovechamiento hasta la más exigua infinitésima de segundo iluminaban cada uno de los recónditos rincones de su mente privilegiada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ray Jenkins terminaba su residencia. Sólo le quedaban en el hospital pocas horas. Al finalizar el día siguiente conseguiría acabar la residencia y por fin, tras arduos días de estudio y trabajo obtendría la especialización en Dermatología. Aquella tarde habían salido a festejarlo. Como siempre, se dirigieron a Beberly Hills y Ray la agasajó invitándola en uno de los restaurantes más caros de aquellos pagos. La ocasión merecía la pena y aunque andaba escaso de recursos económicos no dudó por un instante. Durante la cena hablaron del maravilloso año que pasaron juntos y lo que habían significado el uno para el otro. Rieron hasta la extenuación con anécdotas y comentarios acerca de los sucesos que tuvieron que superar y que hicieron peligrar su unión sentimental, su platónico amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de cenar se encaminaron hacia Santa Mónica y una vez allí se dirigieron hasta la playa. Mary le confió que uno de sus anhelos era afincarse allí y que haría todo lo posible por comprar un apartamento desde el cual pudiera divisar el mar cada mañana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegado el momento de las confesiones, Ray halló el instante oportuno para manifestarle a Mary lo que durante toda la tarde no se había atrevido. No quiso ser brusco, por lo que comenzó su disertación hablando sobre objetivos de futuro, objetivos que obviamente parafraseaba en plural, objetivos en conjunto, objetivos de ambos. Luego interrumpió haciendo un breve paréntesis acerca de las ofertas de trabajo que había recibido. Tenía cinco propuestas encima de la mesa para trabajar en clínicas especializadas y una que le encantaba sobremanera para trabajar en Dermatología Estética, un campo que era lo que realmente le apasionaba. Se trataba de una clínica radicada en Miami.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antes de proponerlo, él la besó en los labios. Un beso apasionado en el que Mary se entregó con inusitada pasión. Cuando abrieron los ojos, se separaron y Ray le dijo lo que pretendía. Había aceptado la propuesta y cuarenta y ocho horas más tarde tenía que estar en Miami para incorporarse a su nuevo puesto de trabajo. Él, le pidió que lo acompañara, que no concebía irse de allí sin ella, que ella era su vida y que no podría vivir sin Mary. Ray le estaba pidiendo que abandonara Microgensyn, que abandonara la residencia, que abandonara el proyecto de investigación de la vacuna contra el SIDA y que lo siguiera hasta el fin del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary se separó de él. Lo miró a los ojos y adivinó que a pesar del año tan maravilloso que habían pasado juntos, a pesar de todos los problemas a los que se enfrentaron y a pesar del amor que, sin duda, se profesaban, él no la conocía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Contestó que no podía acompañarlo. Que no podía abandonar los proyectos que había iniciado. Que no podía marginar los objetivos que tenía marcados en su vida. Intentó, en vano, hacerle ver que estaba equivocado en la opción que elegía. Pretendió, sutilmente, retenerlo cerca de ella, procurando convencerlo para que aceptara la propuesta que tenía de una clínica de Dermatología de Los Angeles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No hubo avenencia y aquella noche, después de un beso desenfrenado sobre el blando colchón de arena de la playa, sus vidas se separaron y nunca más volvieron a encontrarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El punto de reunión acordado fue la casa de Mary. A las ocho en punto sonó el interfono y tras verificar que se trataba de él, lo invitó a subir. Antes de que él llegara, se dirigió rápidamente al vestidor y se puso con destreza el vestido que había elegido, de color verde oliva, escote en uve y manga francesa, terminando justo por encima de las rodillas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando él llamó a la puerta, ella ya estaba allí para abrirle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Mary, ¿estás preparada?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Enseguida termino. Pero, entra, no te quedes ahí. ¿Quieres tomar una copa mientras esperas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, gracias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él se quedó en el salón, en tanto que ella subía al dormitorio para terminar de arreglarse con unos detalles que engalanaran su feminidad: los pendientes, la gargantilla, una pulsera y finalizar con una pulverización de su perfume preferido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora sí, ya estoy preparada. Podemos irnos - dijo ella, acercándose por el pasillo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman miraba las figuras de porcelana situadas encima de una de las estanterías del salón. Cuando se volvió, Mary aprovechó para fijarse en él y escrutar la indumentaria que había decidido ponerse y que la tenía intrigada. Mentalmente dio el visto bueno, le gustaba el atuendo de Jeff.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dónde vamos? - preguntó él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Primero podríamos dar un paseo, si estás de acuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Claro que sí. ¿Y después?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- He reservado mesa para cenar en Jake &amp; Annie´s. Creo que te gustará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo dudo - respondió él con tono halagador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bajaron hasta la calle. Cruzaron la avenida y se dirigieron hacia el paseo que discurría paralelo a la playa. En primavera la temperatura de Santa Mónica variaba poco, por lo que el pasear se convertía en una perfecta terapia relajante. A lo lejos, escuchaban el batir de las olas contra la arena de la costa. Caminaban uno al lado del otro, camuflados entre cientos de parejas y grupos de personas que aprovechaban la tarde noche del sábado para pasear.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al principio estuvieron hablando del proyecto de investigación que habían iniciado juntos, pero se notaba que ambos no deseaban ese tipo de conversación, sino encontrar otro tema más enraizado en los vericuetos y la vida azarosa de ambos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De qué quieres que hablemos ahora? - se atrevió a preguntar Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé… - respondió ella, escondiendo su parecer -. Proponlo tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me gustaría conocer algo más de ti. Quisiera conocer otros aspectos de tu vida. Francamente, no conozco, apenas, nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué aspecto de mi vida te interesa conocer? Mi vida es bastante extensa y prolífica. Nos llevaría muchas noches, muchos encuentros para poder contártelo todo acerca de mí. ¿Por dónde quieres empezar? - aseveró ella, haciendo el gesto de mirarse a sí misma, como queriendo decir que esa era ella y que no tenía nada que esconder.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Podríamos comenzar por un capítulo excitante y bastante desconocido que podríamos titular: “La gran Mary Fishers y sus amores”. De ti, sólo se conoce tu carisma como científico, pero nada de amores ni de escarceos que comprometieran tu prestigio. Supongo que sí los ha habido. ¿Estoy en lo cierto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si… - respondió lacónica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te importa contármelo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé si debo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me gustaría conocerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué? - inquirió Mary, esperando una contestación lo suficientemente contundente como para abrirle su corazón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Digamos que es importante. Puedes llamarlo curiosidad machista o como tú quieras, o simplemente el ánimo de empezar una relación entrañable con una persona fascinante, intrigante, y que merece ser conocida con detenimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me atrevo. Me da…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te propongo un juego - se atrevió a interrumpirla -. Primero me cuentas tu historia sentimental y luego te pongo yo al corriente de mi vida amorosa. ¿Te parece bien?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, he de decir que estás siendo muy astuto, no puedo negarme. ¿No es así?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff frunció el ceño, en gesto angelical, como si nunca hubiese realizado una mala acción, aprobando las palabras de Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede ser. Venga, atrévete, te escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Caminaban despacio, juntos, aunque a veces tenían que separarse, para ceder el paso a otras personas que pasaban entre ellos sin la menor cortesía que implicaba que dos personas que pasean juntas tuvieran que separarse por culpa de otras que no son capaces de desplazarse unos grados en su rumbo para evitar tal esperpento. Cuando sucedía una situación así, que se repitió en varias ocasiones, acompañaban sus pasos con una mirada fija a los ojos, que denotaba implícitamente un deseo mutuo de estar juntos de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se encontraban a la altura de Ocean Park Boulevard y antes de que Mary comenzase a contar su historia, Jeff giró en torno a una palmera, dejando su cuerpo balancearse al ritmo que imprimían sus musculosos brazos. Esa acción sirvió para crear un ambiente distendido y provocar la risa cómplice de Mary Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Se llamaba Ray Jenkins y estaba muy enamorada de él…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman se acercó a Mary. El ruido tumultuoso de la gente que caminaba cerca de ellos y las palabras que oía lo podían distraer y lo que él intentaba, era escuchar atentamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- …Lo conocí al poco de entrar a trabajar en Microgensyn. Yo era residente de primer año y él realizaba el último año de Dermatología. Yo, que jamás había creído en los flechazos, tuve que admitir que verdaderamente existían. Nos enamoramos como dos niños. Pasamos un año maravilloso, pero al final todo se estropeó y se terminó nuestra relación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué fue lo que pasó? - preguntó él, ávido por conocer los detalles de aquella ruptura, al parecer, traumática.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tuvo que marcharse - contestó escueta, le resultaba difícil volver a hablar de aquel tema después de tantos años. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué? No lo entiendo, si estabais enamorados…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tenía muchas ofertas de trabajo y aceptó la que creía más conveniente para su carrera y se fue a Miami - Mary Fishers intentaba justificar aquella decisión que tanto daño le hizo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Así, sin más. Supongo que volveríais a veros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Supones mal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a ver. Me estás diciendo que lo vuestro era amor verdadero y que por un simple trabajo rompisteis vuestra relación. Es increíble, no me lo creo - contestó Jeff, realizando un aspaviento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí… sí que lo era.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary se ofendió con la actitud que mostraba Jeff. Le estaba contando algo muy importante de su vida que nunca supo nadie, salvo su madre y su hermano, y él reaccionaba con escepticismo. No sabía por qué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no te fuiste con él? - indagó Jeff, queriendo conocer la razón auténtica que había roto un amor, al parecer, sincero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hubiera tenido que sacrificar mi carrera, todo aquello por lo que siempre he luchado. Mi vida es la ciencia, ¿lo entiendes Jeff? Yo no puedo abandonar, ni antes ni ahora. Mi lugar está aquí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La razón esgrimida justificaba a Mary. Él se percató, por su modo de hablar comedido, de que detrás de aquella decisión se ocultaba una causa poderosa más importante que el egoísmo arrogante que acompaña a cada investigador, la posición envidiada que coloca a los científicos en un pedestal más alto que cualquier ser mortal, ya que con sus descubrimientos consiguen que sus nombres sean recordados y estudiados en los libros de texto, para así poder alcanzar la inmortalidad, algo que el ser más rico del mundo no consigue en toda su vida, algo que no tiene precio, que no se puede comprar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff no quería volver a insistir de momento en aquel tema. Podría herirla, por lo que cambió el rumbo de su interrogatorio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué sabes de Ray? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Desde entonces nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No te volvió a llamar? ¿No se interesó por ti?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Nunca más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y tú? ¿Te interesaste por él?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si te refieres a si lo llamé, la respuesta es no. Pero si lo que quieres saber es si lo estuve esperando, la contestación es afirmativa. Pero de ese tema hace ya mucho tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lo has olvidado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Hoy en día es un episodio de mi pasado que ya no significa nada, sólo lo recuerdo como una simple anécdota. A mi edad ya estoy vacunada contra esos problemas de juventud - Mary intentaba reflejar una actitud fuerte que hiciera pensar a Jeff la invulnerabilidad que tenía ante ese tipo de aventuras, pero que en el fondo resultaba increíble, incluso para ella misma. Jugaba con la posibilidad de que no le resultaría fácil convencerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El amor no es un problema de juventud. El amor es la vida. Sin amor nada merece la pena.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pareces muy entendido en ese tema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Simplemente es una opinión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y tú qué? ¿Dónde está tu amor? - prorrumpió ella con gesto hosco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora no hablamos de mí - respondió, seco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues ya es hora - contestó con desagrado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Seguían caminando. Mantenían las distancias y en estos momentos estaban más separados, como estableciendo una concordancia con la conversación que sostenían.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo nunca te hubiera abandonado…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué? - respondió Mary sorprendida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que yo no me hubiera marchado a Miami. Me habría quedado siempre contigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Tú qué sabes!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te conozco poco, pero lo suficiente como para apreciar que me encuentro ante una persona maravillosa a la cual merece la pena entregarse en cuerpo y alma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Si tú supieras!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En otro contexto, aquellas palabras las hubiera aceptado como un cumplido halagador y probablemente ella también hubiera caído en la trampa que le estaba tendiendo Jeff Colleman, en el juego embaucador del amor que siempre comienza con pequeñas frases como caídas del cielo, pero puestas en la boca de uno de los personajes, aquél que se atreve a dar el primer paso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Si tú supieras!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que se enamoró, el trabajo mató al amor. Jeff Colleman pudiera haber sido su segundo gran amor, pero en esta ocasión ni siquiera se atrevería a enamorarse, también como consecuencia del trabajo, ya que esta vez la culpa sería suya. En la historia nunca hay una sola vez, sino que lo más habitual es la repetición y la redundancia de hechos para bien o para mal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Si tú supieras lo que está ocurriendo no te enamorarías de mí, y si yo fuera sensata saldría corriendo antes de que mi corazón se dejase llevar por la pasión. Jeff, eres una persona maravillosa y no te mereces la jugarreta que te estoy realizando.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya hemos llegado. Allí está el restaurante Jake &amp;amp; Annie´s - dijo ella, señalando el lugar donde iban a cenar, sintiéndose aliviada por cortar en seco la conversación que mantenían y que había llegado hasta un punto que ella no se atrevía a traspasar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez en su vida estaba dubitativa. No tenía claras las ideas ni las intenciones y tampoco sabía realmente qué hacer. No todo debería depender de una decisión que marcara el rumbo de una vida, sino que todo tendría que ser más fácil, más asequible, sin tantos problemas ni tantas opciones trascendentes que barajar, para que una persona pudiera determinar qué hacer con su vida con la aquiescencia de su propia voluntad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La norma fundamental en la recepción de cualquier restaurante que se precie de una elevada distinción es el recibimiento amable y primoroso de sus clientes. Jake &amp; Annie´s, por cortesía y como norma de la casa, así lo tenía establecido. Se trataba de un local en el que la juventud de sus dueños no mermaba la calidad de su buen hacer, sino que por el contrario la engrandecía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ocuparon una mesa que estaba situada cerca del piano. La decoración vanguardista era del agrado de Mary y la comida que servían de su gusto. Un local que le encantaba y al que casi siempre acudía sola a cenar, salvo en raras ocasiones, y ésta con Jeff era una de ellas. Le gustaba compartir con los seres que apreciaba los detalles más destacados y más arraigados en su forma de ser y de disfrutar de la vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bonito lugar, si la comida está a la altura de la decoración, no cabe duda que es un restaurante sobresaliente - dijo Jeff, que había observado con la precisión de un científico cada detalle de aquel local.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te aseguro que no te va a defraudar. Ya verás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y si la velada resulta encantadora, sin lugar a dudas que se trataría de un lugar para regresar en otra ocasión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy de acuerdo. Y hablando de todo un poco, ¿no crees que ya es hora de hablar de ti? Ahora es tu turno, sigamos jugando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres que te cuente?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. Empieza por lo más interesante y digno de contar de tu vida, no me interesan las frivolidades.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te adelanto que mi historia no es tan bonita ni tan ardiente como la tuya. Yo resulto mucho más aburrido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me da igual. Tenemos mucho tiempo por delante y me tienes intrigada. No intentes engañarme porque te voy a descubrir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tampoco es eso - respondió Jeff Colleman, mirándola con entusiasmo y reflejando la sinceridad con la que iba a cumplir con su parte del juego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no te has casado todavía? - inquirió Mary, haciendo gala de una naturalidad pasmosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me lo pones fácil. La respuesta es muy breve y sencilla, aún no he encontrado la mujer adecuada - respondió él, saliendo del atolladero que la sorpresa de aquella pregunta, tan directa, le había provocado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me suena a frase hecha.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se trata de eso, sino que es la pura realidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero supongo que en tu vida habrá habido muchas mujeres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo creas. No tantas, más bien pocas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Imagino que habrás tenido relaciones serias? - siguió ella indagando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Serias, lo que se dice serias, entendiendo por ello una relación de un profundo enamoramiento platónico con una base fundamentada para pensar en matrimonio, la verdad es que no - Jeff miraba a Mary, a intervalos bajaba la cabeza, dirigiendo su mirada hacia la mesa, con cierto aire de timidez, intentando esconder sus sentimientos y su fracaso sentimental, algo impropio de una persona de su estatus, curtido en los derroteros de la vida, y que, sin embargo, se dejaba amilanar ante la presencia de una mujer bella e inteligente. Sin duda alguna, se manejaba mejor ante la mujer inteligente que ante la delicada feminidad de una mujer preciosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ni siquiera una?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ni eso - asintió él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y el resto de mujeres?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Simplemente relaciones fugaces, sin tiempo y sin oportunidad de intimar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff estaba abrumado. Ahora comprendía la actitud de Mary Fishers cuando la estuvo atosigando con preguntas y aseveraciones acerca de la relación de ella con Ray Jenkins. Ahora era él quién se hallaba contra la espada y la pared.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y la culpa, ¿de quién es?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo más sencillo siempre es culpar a los demás de tus fracasos. Pero en este caso, a fuerza de ser sincero, creo que la culpa es mía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quizás no he estado a la altura de las circunstancias. Quizás no he sabido dar aquello que exige una mujer. La verdad es que nunca me he desenvuelto bien en el caprichoso mundo de las relaciones entre un hombre y una mujer. Siempre he intentado ser bastante decidido pero, no obstante, en la mayoría de las ocasiones, he percibido la evasiva de las mujeres a las que intenté cortejar - musitó Jeff, ciertamente avergonzado de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary estaba sorprendida por el valor de Jeff. Su sinceridad resultaba escandalosamente enternecedora y el valor y la naturalidad con los que afrontaba sus fracasos amorosos, dignos de encomio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella escuchaba atenta y sus palabras hacían mella en su corazón. Cada vez le atraía más aquel hombre y un cosquilleo interior le anunciaba el sentimiento cercano al amor que estaba anidando en su ser.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No debes pensar eso, no debes sentirte así - terció ella, mientras colocaba su mano encima de él y la acariciaba con un gesto de ternura y comprensión -. Todo hombre y toda mujer encuentran, al final, la persona con la que se complementan y tú, Jeff, sin lugar a dudas, la encontrarás. Se trata, sin duda, de un error de tiempo - continuó diciendo después de retirar la mano de la de él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡De un error de tiempo! ¿Qué es eso?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Científicamente, se trata de una variable relacionada con la casualidad o más bien con el azar - era superior a ellos mismos, aunque no estuviera en el ánimo de Mary, ni en el de Jeff, siempre reconducían sus conversaciones en términos de ciencia, un lugar acotado en el que se manejaban con mayor naturalidad y que exprimían con la sabiduría y la seguridad de encontrarse en un medio que dominaban a la perfección -. Me explico mejor, todo es cuestión de encontrarse en el lugar adecuado en el momento oportuno y encontrar a la mujer de tu vida. Obviamente, ese instante hay que aderezarlo con una dosis de intuición que te permita vaticinar que te hayas ante la verdadera mujer de tu vida - Mary concluyó su pragmática disertación con la frase que todo hombre anhela: la verdadera mujer de tu vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y ese momento, ¿cómo se intuye? Más aún, ¿cómo saber que te hayas ante él? - preguntó, casi sin querer, como si se le hubiesen escapado las palabras de la mente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. A veces, el flechazo es instantáneo y te das cuenta al sentir cómo hierve tu cuerpo y empiezas a perder el control de ti mismo. En otras ocasiones, supongo que es el roce, el conocimiento, el día a día, el que te hace descubrir en la otra persona valores que despiertan los sentimientos y germina un amor puro, reflexivo, que lo hace más interesante todavía. No sé… - volvió a repetir, evitando el refulgir de los ojos de Jeff, mirando fijamente hacia su camiseta negra, y a veces, la chaqueta gris y los botones de ésta -… francamente, creo que no te debes dejar asesorar por mis palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es muy bonito lo que me estás diciendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tal vez - asintió ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Quién sabe! ¡Puede ser que sea éste el momento oportuno y el lugar adecuado!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pudiera ser! ¡Quién sabe! - admitió ella. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers se echó hacia atrás, juntó sus manos y apretó los brazos contra su cuerpo, dejándose resbalar en el asiento. Durante ese instante tenía los ojos cerrados y su mente evitó la presencia de pensamiento alguno. No había nada que pensar, no había nada que decir, la realidad era evidente y sólo precisaba asirse a ella, o bien, evadirla. No podía ser cobarde, pero tampoco podía realizar ningún tipo de comentario, sino, más bien, esperar y dejar que el espíritu del sentimiento que se estaba manifestando entre ellos se revelase. Esperar al espíritu del amor, y que fuera él quien tomase la decisión por ellos, que no se atrevían ni tan siquiera a hablar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman la miraba con ojos chispeantes. Observaba su gesto y adivinaba, con parca intuición, que ella aceptaría sus proposiciones, que sus anhelos se encontraban frente a él y que tendría que luchar contra su incapacidad para la galantería, y encontrar el vocabulario adulador del que carecía. No estaba seguro de sí mismo y no se atrevía a dar el paso siguiente, una acción que le encaminaría a conocer los sentimientos de ella que, en caso de no ser acordes con los suyos, la podría alejar de él, pero que si estos fueran plenamente convergentes, sin duda alguna, serían los cimientos de una gran historia de amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, a veces, cuando más lo necesito, no encuentro las palabras adecuadas. No sé cómo decírtelo, si debo preguntártelo o debo pedírtelo, pero quiero que sepas una cosa - ella se inclinó hacia delante y lo miraba expectante -, creo que ahora es el momento y éste el lugar adecuado - por fin se atrevió a pronunciar unas palabras poco elocuentes, poco musicales sentimentalmente, carentes del ardor de una declaración amorosa. Pero así era él, un científico fuera de la seguridad de su laboratorio, al margen de un vocabulario profesional que manejaba sin titubeos. Sólo tuvo un tierno detalle, mientras hablaba cogió la mano de Mary, ella se avino a entrelazar sus dedos, y una vez que él terminó de hablar, juntaron los dedos pulgares de ambos, apretándolos entre sí, y luego comenzaron a juguetear, dibujando círculos, dejándose acariciar mutuamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sobraban las palabras. No era preciso un sí, pero a veces es necesario manifestarse con entusiasmo y emitir aquella frase que siempre has pronunciado en tu subconsciente, pero que nunca te has escuchado a ti mismo. Pronunciar lo que sientes te hace libre y te hace sentirte en paz contigo mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí… Jeff. Tu momento ha llegado y éste es el lugar elegido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary… te quiero - susurró Jeff, acariciando las manos de ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo también te quiero - respondió ella, reverberando las palabras que acababa de pronunciar en lo más hondo de su ser hasta difuminarse lentamente, sintiendo un profundo estremecimiento liberador como si de una venganza contra sí misma y contra su entorno se tratase, ya que por fin, y después de una ardua semana de problemas continuos y controversias con sus superiores, había adoptado una decisión propia, sin dejarse influir por ningún acontecimiento ni por nadie en particular, conociendo, de antemano, lo que aquella declaración de amor le podía acarrear.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Habían terminado con los postres y cuando se acercó el camarero solicitaron champán para celebrar el amor recién estrenado de dos personalidades reconocidas y admiradas, pero, al mismo tiempo, de dos seres solitarios en el mundo de las relaciones humanas más elementales y perseguidas con fruición por cualquier ser. Seguridad en sí mismo, seguridad en el ser querido, seguridad para afrontar el devenir del día a día, sin falsos prejuicios que supongan que la felicidad se pueda alcanzar en solitario, pues la compañía de tu amor es el baluarte que te da alas para superar los estados de ánimo que la sociedad te hace afrontar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las copas, limpias y transparentes, sonaron cristalinas cuando chocaron entre sí. Después, los dos bebieron, y las volvieron a colocar sobre el mantel de la mesa, con delicadeza, para que no se cayeran. A través del cristal, se veían resbalar lágrimas amarillo pálidas a través de sus paredes, como lágrimas que hubieran brotado de los ojos de Mary y Jeff. Y las diminutas burbujas ascendían como queriendo escapar de aquella prisión líquida, como si el amor de ellos dos quisiera evadirse de allí y sobrevivir a las amarguras con las que, sin duda, se tendrían que topar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El presente para Mary resultaba un torbellino de acontecimientos difíciles de catalogar. Parecía presa de una vida azarosa con sufrimientos difíciles de superar y que probablemente, con la decisión que había adoptado, se volverían a repetir. Su futuro estaría plagado de zozobras inquietantes por la que tendría que navegar con la limitada destreza de un grumete capitaneando un barco mercante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tenía una misión que cumplir y unos consejos, a modo de sugerencias, que le habían ordenado. Todo parecía salirle bien, mas se extralimitó en sus funciones, pues su corazón salía victorioso de una compleja aventura que nunca hubiese imaginado y su pragmatismo derrotado sin contemplaciones. Pero, ahora no era el momento adecuado de acordarse de los deberes ni de los hechos por realizar, sino de dejarse mecer en la nube caprichosa del amor y aprovechar los instantes de pasión que el destino le tenía reservados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman, estaba asustado. No se reconocía a sí mismo. Dudaba si vivía en la realidad o se trataba de una alucinación que su mente estaba ideando. Un sueño irreal fraguado de acerbas connotaciones que su corazón no estaría en condiciones de asumir, en caso de descubrir el engaño que se cernía sobre él. Pero, estaba de suerte, no estaba soñando, ni siquiera podía imaginar una situación similar, sino que se encontraba en Jake &amp;amp; Annie´s, un restaurante maravilloso de Main Street, y disfrutaba de una deliciosa cena con Mary Fishers, la cual hacía unos instantes le había dicho: “yo también te quiero”, la frase que durante toda su vida anhelaba escuchar, y que se hizo esperar treinta y nueve años.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al final de la velada, el cocinero que iba recorriendo las mesas, se acercó y quebró el momento mágico que disfrutaban. Cortésmente, se interesó por los platos consumidos y pidió el parecer de ellos, así como algún tipo de sugerencias, escuchando de boca de ellos que la comida degustada les había resultado espléndida y que, sin lugar a dudas, regresarían. No podía ser de otro modo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando abandonaron el restaurante se dirigieron hacia el paseo marítimo y emprendieron el camino de regreso, en dirección a la casa de Mary. Caminaban cogidos de la mano y en algunas ocasiones, Jeff la estrechaba contra su cuerpo abrazándola por encima del hombro, sintiendo en su cintura la mano firme y segura de Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El tema de conversación seguía centrado en ellos y parecían encantados con las anécdotas, comentarios y tonterías que narraban, pues en sus rostros se reflejaba la alegría y el goce que sus palabras, de niños que viven una experiencia nueva, les proporcionaban. Un hombre y una mujer, como luna y mar, y una noche eterna de amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegaron paseando a la altura de la casa de Mary y decidieron adentrarse en la playa. Caminaban por una alfombra de arena que se hundía con cada paso y no les importaba que sus zapatos se llenasen de arena, ¡cómo les iba a importar! Se sentaron y se quedaron en silencio, contemplando la inmensidad del océano lleno de vida, muriendo a dentelladas sobre la playa, y observando el reflejo de la luna mirándose en el espejo de la oscuridad del mar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary dejó caer su cuerpo lentamente y se acostó mirando a Jeff a los ojos. Él apoyó su brazo derecho y se inclinó sobre ella, observándola con dulzura. Estaban en silencio, no necesitaban hablar, ya estaba todo dicho porque cuando el amor prevalece sobre la palabra, el silencio suena a música celestial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo de Jeff descendió pausadamente, en tanto que Mary lo abrazaba por el cuello y sus labios se fundieron delicadamente, besándose con pasión en el fragor de la noche. Como si de un beso sempiterno se tratase, como si nunca un beso se hubiese cruzado en sus vidas, como si aquel beso fuese el inicio y el fin de una bella historia de amor, permanecieron entregándose su amor sin urgencias, como si se tratase del primer beso de dos niños.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando concluyó la escena romántica, se quedaron acostados sobre la arena. Jeff tenía el brazo extendido bajo el cuello de Mary y ella permanecía lánguida, observando el refulgir de las estrellas en el vasto universo de su paraíso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La historia nunca acontece una sola vez, sino que la noria de la vida nunca se detiene, volviendo al punto de partida, y cuando vuelve a girar siempre regresa al principio. Los hechos que suceden en la vida de cada persona nunca son aislados, una y otra vez la crónica de la biografía personal se repite experimentando lances inolvidables con redundante reiteración, aunque siempre con final incierto. Mary no podía librarse de su destino y aquella noche era el punto de partida de un episodio ya vivido, aunque, en esta ocasión, esperaba un final feliz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se despidió de Ray Jenkins con un beso en la playa. Inteligentemente, obvió ese detalle cuando le relató a Jeff determinados aspectos de su vida amorosa. Durante su narración pensó que no hacía falta entrar en determinadas escenas que marcaron su vida. Simplemente contó lo que le pareció sustancial. Ahora se alegraba de aquella decisión. Un beso en la playa puso punto y final a una relación y, sin embargo, el destino le deparó que un beso en la playa fuese el inicio de una nueva relación, que por la forma de desencadenarse, sin el ardor irreverente de la juventud, tenía visos de ser una historia de amor iniciada con las premisas de la estabilidad, la responsabilidad y la credibilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El tiempo, tan exasperante a veces, y tan plausible en otras, tuvo con Mary el detalle de pasar lentamente. De esa manera, los segundos de inmenso amor parecían infinitos, sumergiéndose en un placer sobresaliente. Si de algo estaba satisfecha en su vida fue el haber sabido aprovechar cada instante feliz y dichoso que se cruzó a su paso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ambos pensaban en silencio. Un pensamiento por el que se podría haber pagado un dólar, pero que ninguno hubiera vendido ni por un millón de dólares. Son momentos de intimidad con uno mismo, instantes donde las fantasías cabalgan por ralas praderas de ilusiones, soplos de felicidad que se recrean con parsimonia, y que casi nunca se suelen contar a la pareja con certeza, ni siquiera en instantes rayanos con la sinceridad. Ellos seguían ensimismados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary, en esta ocasión, sentía remordimientos. Los momentos de gozo fueron el preludio de pensamientos fatídicos que no tendrían que haber surgido en aquel instante, sino que hubiera sido deseable que se hubiesen presentado más tarde, en otra ocasión, que no sirvieran para amargar el dulce placer del estreno del amor. En la mente de Mary aparecían de forma fugaz imágenes seguidas de frases y de ideas que parecían no tener ilación alguna, pero que en el fondo reconocía la perfecta estructuración y sincronización de ellas. El pavor se adueñó de ella cuando contempló el espionaje al que sometió a Jeff, lo que descubrió escondido en la caja fuerte de su despacho y cuando reparó en el daño que el descubrimiento de aquellos secretos científicos le podían acarrear a él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En aquellos momentos tenía suerte. Los secretos dormían indiscretos en su mente y confiaba plenamente en su hermano. Sabía que él nunca la delataría ni revelaría nada de lo que le había contado. Una vez más tendría que decidir qué hacer: contar lo que descubrió o dejarlo morir en la inmensidad de su mente. Si obraba así, tendría que destruir el carrete que aún no había revelado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué hacemos? - preguntó Jeff, quebrando la monotonía del silencio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te apetece una copa? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, te invito. Vamos a mi apartamento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era la excusa perfecta. No era un si ni un no, sino simplemente una forma de quedarse a solas en un lujoso apartamento cerca de Main Street con vistas a la playa de Santa Mónica. Allí, probablemente, surgiría la opción de entregarse a la pasión. Dos cuerpos vestidos con el delicado manto de la piel humana, fundiéndose el uno con el otro en armónica conjunción. Probablemente, la primera vez resultaría maravillosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115037059309637447?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115037059309637447/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115037059309637447' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115037059309637447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115037059309637447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-diecinueve.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECINUEVE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-115030601140510531</id><published>2006-06-14T18:59:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:26:53.350+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECIOCHO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Apenas circulaban coches a las siete y diez de la mañana por las calles, las carreteras y las autopistas el sábado seis de mayo, en el área metropolitana de Los Angeles. Hacía una temperatura agradable, diecinueve grados centígrados. Mary Fishers conducía serena y se dirigía a recoger a su hermano a su casa. Vivía cerca de su empresa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él la estaba esperando. Cuando ella aparcó frente a la casa, salió portando un maletín de piel. Subió al coche, un saludo efusivo con un par de besos y, de nuevo, emprendieron la marcha. Ella no pudo aguantar más, necesitaba conocer el trabajo que había llevado a cabo su hermano sobre el Proyecto Mgen1702, en el disquete grabado en el ordenador de ella y preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Has descubierto algo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Algo he descubierto - respondió, haciéndose el interesante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y…?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todo está en orden.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir, Alec?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que los datos analizados en tu ordenador son correctos. Los he estudiado en el Programa 4GLium que tengo instalado en mi ordenador y he obtenido los mismos resultados que tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué significa todo esto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me gustaría equivocarme, pero como ya te dije hace tres días, creo que alguien ha saboteado los resultados para hacerte creer que el proyecto es un fracaso. No existe ningún motivo aparente para sospechar que el programa 4GLium funcione mal tras haberlo copiado. Me he detenido a estudiar minuciosamente sus códigos y no he encontrado ningún fallo. Sin embargo, sí que he localizado un par de llaves abiertas, a través de las cuales se puede acceder al programa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Explícate bien. A veces me pierdo en vuestra jerga informática.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Perdona. El programa está diseñado para acceder a él determinado número de personas, a través de claves, que por decirlo de alguna forma, serían los puestos de trabajo. Me explico, al ordenador central de Microgensyn se accede a través de terminales, por ejemplo el tuyo. El programa está diseñado para que sólo puedan trabajar con él determinados puestos de trabajo. A su vez, para acceder a él, tienes que introducir una clave. ¿Vas cogiendo onda?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora sí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues bien. Lo que me ha llamado poderosamente la atención es que, además de este sistema de protección de acceso, existen otros dos lugares, fuera de la arquitectura anterior, a través de los cuales se puede acceder al programa. Éstos también necesitan una clave de acceso y lo más paradójico del asunto es que desde ellos se tiene acceso al complejo entramado del programa y se le pueden dar instrucciones que luego ejecuta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vamos, Alec, dime ya de una vez qué es lo que has hecho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De verdad quieres escucharlo? Te advierto que te vas a poner furiosa. Yo sólo me limito a obedecer tus órdenes - dijo Alec, vuelto hacia ella, mirándola cómo conducía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy preparada. No te preocupes, después de esta semana ya no me sorprende nada. Cuéntame… - respondió ella, atenta a la carretera, mirando fugazmente, a veces, a su hermano. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hice una copia nueva del programa 4GLium y la volví a instalar. Después me sumergí en sus códigos e hice unas pequeñas modificaciones que me permitieron acceder al programa a través de esos otros lugares. Analicé el correo electrónico de la Doctora Carrie Galloway y luego di determinadas instrucciones al programa y, como por arte de magia… los resultados cambiaron.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué sucedió? Alec, ¿no te das cuenta? Me tienes intrigada, termina de una vez - Mary Fishers hablaba a su hermano con apremio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que los resultados obtenidos en un principio eran positivos, lo que indicaba el éxito de tu proyecto, mientras que los resultados que obtuve posteriormente fueron totalmente desastrosos, aparecieron aquellos datos que yo le indiqué al programa. ¿No lo ves…? El programa me obedecía y podía manipular, a mi antojo, todo aquello que se estudiara a través de él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso lo explica todo. ¿No crees? Tengo esperanzas de que tu teoría sea cierta, porque esto significaría que me están manipulando esos cabrones - barbotó llena de ira, ella que siempre se mostraba comedida en sus apreciaciones y que odiaba todo tipo de tacos, no pudo reprimir el impulso de pronunciar una palabra mal sonante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tranquilízate. Ya te he dicho que te ibas a enfadar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers seguía atenta a la carretera, pero al mismo tiempo no dejaba de darle vueltas a las palabras de su hermano. De momento parecía confirmarse lo que él ya suponía, pero no podría dar un paso hacia delante sin antes corroborar aquellos hechos, que podrían estar a medio camino entre el delito, o bien, simplemente, tratarse de una estrategia empresarial. Pero se trataba de su trabajo, y más aún de la ilusión de su vida. No se trataba del Premio Nobel, no se trataba de conseguir prestigio científico, sino que era un compromiso formal, una promesa por la cual había hipotecado su vida hasta conseguir una vacuna eficaz contra el SIDA y lograr que esa terrorífica enfermedad quedase reducida en los libros de texto a un simple comentario como enfermedad infecciosa antigua, ya desaparecida gracias al uso de una vacuna.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No sabía por qué, pero si su hermano tenía razón, no consentiría bajo ningún pretexto, compromiso o medida de fuerza que nadie le arrebatase el descubrimiento de la vacuna contra el SIDA. Si ellos pretendían ocultar aquel descubrimiento, allí estaría ella para desenmascarar la trama urdida por aquellos infames personajes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Perdona mi lenguaje, Alec. Es verdad, estoy enfadada. Pero, sabes una cosa…En el fondo estoy muy contenta - Mary hablaba rápida, desviando la mirada continuamente hacia su hermano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Bueno! Si… ahora resulta que estás contenta. Dime por qué, pero por favor, no hace falta que me mires, preferiría que estuvieras más atenta a la carretera - dijo él, retumbando sus palabras en el eco de su garganta, y señalando con su dedo en dirección a la autopista, temiendo que aquella súbita desazón les trajera consecuencias desagradables en forma de accidente de tráfico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De todo esto prefiero quedarme exclusivamente con un hecho, que es lo que verdaderamente me importa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que la vacuna del SIDA es efectiva, y que el sueño de toda mi vida profesional por fin se ha cumplido. ¿Te das cuenta lo que eso supone para la humanidad? - respondió poniendo mucho énfasis en sus palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sé lo importante que es para ti el descubrimiento de un arma que sirva para erradicar el SIDA, pero no te hagas ilusiones. Vayamos paso a paso. Sólo tienes un porcentaje de los resultados y un trabajo mío que dice que tú tienes razón y que en el estudio de la Doctora Galloway no hay ningún seropositivo entre las personas a las cuales se les administró la vacuna.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Un veinte por ciento es un porcentaje probablemente significativo que me hace concebir esperanzas de que el proyecto haya sido todo un éxito. En cuanto a tu trabajo…Tú, Alec, nunca me has fallado. Y, si se trata de un problema informático, confío plenamente en ti.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que tengas razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los dos se quedaron en silencio, pensativos y así realizaron el resto del trayecto. El semblante de ellos era serio y cada uno estaba inmerso en sus propios pensamientos. La alegría y las carcajadas ruidosas de Alec Fishers quedaron en segundo plano, no estaba la mañana para esos menesteres. No obstante, la actitud de los dos se manifestó de modo positivo y tenían ante sí un objetivo que ambos anhelaban lograr. Se dirigían buscando su propio destino, la meta que Mary Fishers se había marcado y de la que el azar quiso hacer partícipe, también, a su hermano. Ahora estaban más unidos que nunca, inmiscuidos en el mismo problema. Por ello, juntos irían hasta el fin, compartiendo el éxito o la desdicha.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El destino de su corto viaje era la sede de Microgensyn. El guardia de seguridad que estaba en el puesto de entrada de la empresa saludó a Mary y a su hermano. Lo recordaba de alguna visita anterior. Le entregó una acreditación de visita, cogida en una cinta, que él colocó alrededor de su cuello, dejándola bien visible. Al mismo tiempo, su nombre quedó registrado. Mary Fishers emprendió de nuevo la marcha, y durante el breve trayecto hasta su aparcamiento recordó la primera vez que vino a Microgensyn, contrastando la emoción de aquellas imágenes con la severidad y el enfado que tenía en estos momentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fueron rápidos y con sigilo al despacho de Mary. En los pasillos no había nadie todavía, por lo que no tendría que dar ningún tipo de explicaciones acerca de la presencia de su hermano en Microgensyn. Encendieron el ordenador y Alec Fishers se colocó ante él. Copió el programa informático, que aunque disponía de medidas de seguridad para evitar tal eventualidad, no tuvo ningún problema para poder eludirlas. Luego realizó la misma acción con los correos electrónicos del Dr. Migeon, la Dra. Carrie Galloway, el Dr. Keith T. Riggs y el del Dr. N´Beba. Una vez finalizado el trabajo, apagaron el ordenador y salieron de allí a toda prisa. Los pasillos seguían vacíos y cuando abandonaron el edificio saludaron al personal de seguridad de la puerta. Llegaron a la entrada del complejo, devolvieron la tarjeta de identificación de Alec y se despidieron. Una vez fuera, ambos estallaron en una estruendosa carcajada y convinieron que todo les había salido perfecto. Más fácil de lo esperado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers puso rumbo hacia la autopista que les llevaría hasta la playa de Malibú. Alec se acomodó en su asiento, sacó el ordenador portátil del maletín de piel y lo colocó entre sus piernas, disponiéndose a trabajar durante el trayecto en la información pirateada momentos antes. Mary Fishers encendió la radio del coche, cambió de sintonía en varias ocasiones hasta que encontró una emisora con una música que fuera de su agrado. Por fin se detuvo cuando escuchó los primeros compases de “Imagine” de John Lennon y, ella, imaginó un mundo sin SIDA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo dejó trabajar en silencio, sin interrumpirlo, sin preguntar nada. No quería entrometerse en su labor, no quería provocar ningún tipo de sesgo, no quería saber nada a retazos. Pretendía escuchar de Alec el resultado que hubiera obtenido de forma completa, de una tacada. A veces desviaba su mirada hacia él y lo veía allí, tan cerca de ella, trabajando para ella, ensimismado en la pantalla de cristal líquido, tecleando con inusitada rapidez y obteniendo la información que luego le contaría. En alguna ocasión se cruzaron sus miradas y él la obsequiaba con un guiño de complicidad que ella interpretó como un dictamen positivo para los intereses comunes de ambos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando abandonó la autopista aminoró la marcha. Comenzaba a sentir calor, no sabía si presa de la ansiedad o porque en realidad lo hacía, por lo que decidió conectar el climatizador. Alec lo agradeció con un gesto de asentimiento y ella se sintió aliviada cuando comenzó a descender la temperatura interior.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers siguió el rumbo trazado en su memoria, el camino hacia un paraje idílico al que solía acudir varias veces al año. Sortearon varias mansiones de ensueño y sus ojos chispeaban con aquel paradigma de opulencia y triunfo. Se trataba de una envidia sana, aunque en su decálogo de objetivos no figurase en ningún lugar. Simplemente se reconfortaba imaginando las figuras, las formas y los perfiles de aquellas casas, no obstante la arquitectura era una de sus grandes pasiones. A lo lejos divisaba una cortina azul difuminada en el horizonte, confundiéndose con el cielo, contrastando con el verde del césped, el verde de las plantas que crecían en armonía guiadas por manos artesanas. Bajó el cristal de la ventanilla y aspiró el aire con sabor a mar y vegetación, el aire de la mañana, todavía puro y limpio que llenó sus pulmones e impregnó de aquella fragancia natural el interior de su coche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers aparcó el coche, miró a Alec y se percató de que todavía estaba enfrascado en la tarea en la que trabajaba con denuedo. Ella retiró la mirada y se concentró en apreciar el dibujo de las olas rompiendo sobre la arena de la playa. El color blanco de las crestas de las olas se diluía en un conjunto de diferentes tonalidades de color, desde el azul celeste hasta el azul de mar, azul de libertad. Para ella el mar tenía un significado muy especial, con diferentes y complejas connotaciones, donde todavía regían las leyes de la naturaleza y donde se podía aspirar la libertad que había desaparecido del resto de la tierra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pasó diez minutos en aquella atalaya contemplando el paisaje, deleitándose con la serenidad que emanaba. Giró la cabeza y encontró la mirada de su hermano con una sonrisa encantadora y le dieron ganas de comérselo a besos por lo sugestivo de su expresión. Ella comprendió y no quiso preguntar nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya está. Ya he terminado - dijo al fin Alec Fishers, antes de pulsar una tecla y apagar el ordenador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. ¡Vamos!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bajaron del automóvil. Mary abrió el maletero y de él sacaron una sombrilla y un par de esterillas y de toallas, así como una cesta de mimbre. Alec guardó el maletín con el ordenador dentro de él y Mary lo cerró. Se dirigieron hacia unas escaleras que descendían hasta la playa y una vez allí caminaron con pasos torpes, hundiéndose sus pies sobre la arena. Eligieron el lugar adecuado, montaron la sombrilla, colocaron la cesta bajo la misma y luego extendieron las esterillas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te apetece un paseo? - preguntó Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo iba a proponer - respondió Alec.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Venga, estiremos los músculos. Esta mañana estoy tensa - propuso ella, para relajarse de la tensión acumulada durante la visita a su despacho y mientras Alec desgranaba los secretos del programa 4GLium.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se quitaron las zapatillas de deporte y se dirigieron hacia la orilla de la playa. Mary, antes de mojarse los pies, intentó arremangarse el pantalón vaquero, consiguiéndolo con dificultad, y Alec imitó su gesto. Luego, él se metió en el mar y comenzó a chapotear hasta que soltó una patada y desplazó el agua hacia arriba para mojar a Mary, que comenzó a correr y a reír. Ella, a continuación, se volvió y trató de mojar a su hermano, sin conseguirlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se podía apreciar en la camiseta blanca de Mary, que llevaba bordada el nombre de la ciudad de Acapulco en color verde, blanco y rojo, cada gota que la había salpicado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se acercó a su hermano y se fundieron en un abrazo, para después proseguir la marcha cogidos de la mano. Caminaban por la orilla de la playa y continuamente las olas mojaban sus pies, escuchando el incesante crepitar de sus pisadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No me vas a preguntar nada? - sugirió él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya conozco la respuesta. Tus ojos, tu sonrisa, te han delatado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te sugiere? ¿Son buenas o malas noticias?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Imagino que el Proyecto es un éxito y que la vacuna es eficaz. ¿No es así, Alec?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Así es. Lo has adivinado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, para mí son buenas noticias. Ahora mismo soy la persona más feliz del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me alegro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Aunque este descubrimiento nos crea un problema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Un grave problema, más bien, diría yo - ratificó Alec.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cuéntame. ¿Qué has hecho durante el viaje hasta Malibú?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En primer lugar estudié los códigos del Programa 4GLium y no encontré nada nuevo. No había ninguna modificación ni ninguna actualización. Después procedí a solicitar los resultados de los cuatro correos electrónicos y obtuve los resultados negativos que tú conociste el miércoles pasado. Según esos resultados la vacuna está siendo un fracaso absoluto. Como ya estaban activados, los analicé con mi programa pirateado y hasta ahora, con un resultado parcial del veinte por ciento, no hay ninguna persona infectada con el SIDA a la cual se le haya administrado la vacuna. Después, accedí al programa a través de ese lugar reservado, le di determinadas instrucciones y obtuve los mismos resultados que tú. Esos que tanto te alarmaron.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso quiere decir…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que yo tenía razón desde un principio - interrumpió él -. La vacuna es efectiva, pero alguien en Microgensyn pretende hacerte creer que ha sido un fracaso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Alec. Pero no supone ningún problema - respondió Mary, resignada -. Ahora, que conocemos la verdad, no.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, Mary, tenemos un problema muy grande. Ahora hay que descubrir si se trata de alguna persona en concreto, o si por el contrario, es una estrategia de la empresa, lo cual te colocaría en una situación muy delicada. ¿Quién sabe cuántas personas estarán al corriente de la situación? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alec notó que Mary no estaba siendo consciente del giro experimentado por la trama en la que estaban inmersos. Ella se encontraba sumida en la alegría que le había proporcionado el conocer el éxito de sus investigaciones, el descubrir que el motivo por el cual se dedicó en cuerpo y alma a la investigación de una vacuna contra el SIDA, dejando de lado otras facetas en la vida de una mujer, por fin tenía la recompensa tan ansiada y perseguida. Y aunque él también era partícipe de la alegría rebosante de ella, tendría que actuar con cautela y realizar un diagnóstico preciso de la situación, para a partir de ahí tomar decisiones. Él siempre confió en su hermana y sabía que lo lograría, pero nunca imaginó que pudiera acaecer en medio de aquellas circunstancias, más propias de la trama de una película de cine negro, que de una investigación científica en el mundo real.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué sugieres?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A partir de ahora, Mary, tienes que actuar con cautela. Ellos no saben que nosotros conocemos el resultado real del Proyecto Mgen1702, por lo que tendrás que averiguar, sin levantar sospechas, qué está sucediendo en Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué puede pasar si me descubren?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé, pero, ¡por Dios Mary! Contén tu rabia y no te dejes llevar ni caigas en ninguna trampa - Alec desconfiaba de Mary, intuía que el temperamento impulsivo de ella pudiera jugarle en algún momento determinado una mala pasada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Déjalo de mi cuenta, seré prudente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary se agachó a coger una concha casi enterrada en la arena. La limpió con agua de mar y se la ofreció a su hermano para que él la admirara. Continuaron caminando, ella como si estuviese en una pasarela, mientras que en él se apreciaba con evidencia la cojera que afectaba a su pierna izquierda. Dieron media vuelta y regresaron por el mismo camino; sus huellas todavía estaban marcadas sobre la arena humedecida y jugaron a caminar sobre sus pasos, sólo que esta vez caminaban de espaldas. Seguían agarrados de la mano. Alec perdió el equilibrio y arrastró en la caída a su hermana. Mientras caía prorrumpió en una carcajada estridente, una de sus risas abiertamente sonoras y guturales, entonces Mary le recordó que era la segunda vez que reía aquella mañana. Él le contestó que la vida es más agradable si se cultiva la risa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ponme al día - dijo él, una vez finalizado aquel juego, caminando ya formalmente -. ¿Qué ha pasado desde que nos vimos el miércoles? ¿Es verdad eso que se rumorea de la fusión de Microgensyn y Bioconn?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary puso al corriente a Alec de todo lo sucedido en ese tiempo. Él interpelaba, en ocasiones, que le explicara algún matiz determinado, mientras que en otras sugería algún consejo, y hasta se permitió la licencia de crear un chiste que ella reprimió con una mirada de asombro, que sirvió para que él riera de forma compulsiva. Sólo intentaba crear un ambiente distendido y que Mary pudiera relajarse y olvidar aquellos temas durante el tiempo que estuvieran en la playa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego le contó el episodio de su reunión con Jeff Colleman la tarde anterior y el miedo que pasó, así como todo lo que descubrió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso es maravilloso, Mary. Son noticias fabulosas. ¿Por qué no has empezado por ahí? ¿Por qué no me lo has contado nada más verme? Me alegro mucho, por lo menos ya has finalizado el trabajo que te encargaron y con un final alentador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Digamos, simplemente, que he tenido suerte - respondió ella, con sarcasmo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se te da nada mal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿El qué? ¿El trabajo de espía?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues sí. Si algún día abandonas la ciencia, podrías dedicarte a ello. Tanto miedo, tanta duda y en apenas unos minutos, conseguiste lo que te proponías.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me lo recuerdes, Alec. Todavía me tiembla todo el cuerpo y el vello se me eriza sólo de recordarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué vas a hacer ahora?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tengo ni idea. Habrá que meditarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tengas prisa. Ellos no saben nada. Utiliza bien esa información. Intenta ganar tiempo hasta que tengamos los correos electrónicos con el resultado global del Proyecto Mgen1702. Hay que dejar pasar los días. Esa será nuestra carta escondida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ahora que lo dices, puede que sea una buena idea. Además, sin proponérmelo, tengo la coartada perfecta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Parece que hoy estamos de suerte. ¿Dime cuál es?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esta noche he quedado con Jeff Colleman a cenar. Nos vamos a ver de nuevo. Si me espían, me verán de nuevo con él y pensarán que todavía estoy trabajando y que no he logrado aún la información que ellos necesitan - aseveró, con satisfacción, Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me parece una idea excelente. Luego, puedes contarle a ellos lo que te parezca. Que esperen, mejor dicho, ¡qué se jodan!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De nuevo estallaron en una carcajada ruidosa los dos hermanos. La segunda vez que reían al unísono, exprimiendo todo el significado que un taco puede proporcionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron al lugar donde tenían la sombrilla. Se sentaron sobre las esterillas. Mary cogió la cesta de mimbre, sacó en primer lugar un mantel y lo colocó sobre la arena, después dos tazas, un termo con café caliente y un brik pequeño de leche. Preparó el café con leche y luego sacó una caja de metal con pastas de té. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Pastas de té! - exclamó Alec -. ¡Cómo me gustan! Además, siempre que las como me recuerdan a mamá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sé que te encantan, por eso las he traído. También sé que cada vez que las comes te acuerdas de mamá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alec cogió la taza y bebió un sorbo. El café con leche estaba caliente, como a él le gustaba. Después alargó la mano y cogió una pasta y comenzó a comerla con pequeños y delicados mordiscos, evitando que se rasgara y se rompiera, luego se recostó de lado sobre la esterilla y continuó comiendo, mientras Mary le sonreía divertida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Hum… que ricas que están! Por favor, Mary ¿puedo comerme otra?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Acércamelas. No alcanzo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary hizo un gesto mohín y le acercó las pastas de té.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary… ¿Puedo hacerte una pregunta? - el rostro juguetón y travieso de Alec se transfiguró adoptando una expresión seria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Claro que sí - respondió ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué llora mamá cuando está a solas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues, verás Alec… - Mary no sabía qué responder. La pregunta de su hermano le sorprendió y no atinaba a escoger las palabras adecuadas para explicar aquella situación -. ¿Por qué preguntas eso, Alec?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque la he visto llorar cuando cree que nadie la ve. Yo entro despacio a la cocina, sin hacer ruido, y la he visto llorar en varias ocasiones - susurró Alec, temiendo que su madre pudiera escucharlo. Era su secreto y quería compartirlo con Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé, Alec… - un nudo atenazó el cuello de Mary que le apretaba ficticiamente y parecía ahogarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Es por papá? - preguntó él, con decisión. Necesitaba una respuesta y Mary lo podría sacar de dudas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Papá está enfermo, ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, sí. Ahora está en cama.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡No! … Quiero decir que está enfermo de verdad - el tono agudo de su voz contrastaba con los esfuerzos que realizaba para vocalizar correctamente cada palabra. No obstante, con menos dificultad que antaño, ya podía mantener una conversación fluida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. En los últimos meses ha estado enfermo en varias ocasiones - Mary hizo un movimiento brusco con la cabeza y su largo y abundante pelo de color castaño ocultó su cara. Con disimulo se llevó las manos a su rostro para retirar el pelo hacia atrás y al mismo tiempo secar unas lágrimas que habían brotado en sus ojos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mamá está muy preocupada y yo creo que es por él - seguía insistiendo Alec con su verborrea particular.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Sí! Está muy intranquila.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, tú sabes qué es lo que le pasa, ¿verdad? Por favor, ¿quieres contármelo? - Alec estaba receloso, y aunque sólo tenía ocho años la situación no le había pasado desapercibida. No era un niño que se dejase engañar fácilmente, y menos aún cuando estaba dotado de una perspicaz intuición para captar con detalle las preocupaciones y las alegrías que sucedían a su alrededor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, Alec, creo que tienes derecho a saber qué es lo que le ocurre a papá. Aunque a decir verdad, tampoco sabemos mucho. Es cierto que en el último año ha estado enfermo en muchas ocasiones, mientras que en otras se sentía tan débil que no tenía fuerzas ni para ir a trabajar. Los médicos lo están tratando bien y aseguran que pronto sabrán qué le ocurre con certeza. Hasta el momento sólo se trataba de días de fiebre y cansancio, pero cada vez son más frecuentes, por eso están estudiando si todas esas veces que ha estado enfermo están relacionadas entre sí o por el contrario nada tienen que ver unas con otras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero Mary, son muchas veces. Nosotros no nos ponemos enfermos en tantas ocasiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es cierto, tienes razón - asintió ella -, pero está bien atendido y siempre se ha curado. Los médicos se están portando muy bien con él. Puedes estar tranquilo, todo va a salir bien… - a Mary no le gustaba mentir, pero a veces una mentira sutil sirve para aplacar la desesperanza, y mediante ese acto la ilusión renace con nuevos bríos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary sentía debilidad por su padre, al cual tenía idolatrado. La relación con su madre era especial, madre e hija estaban unidas por el lazo invisible de la amistad, pero con su padre existía un aura de complicidad y de unión que los mantenía eternamente confabulados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers acudió a casa cuando le comunicaron el mensaje de su esposa. En la radio se escuchaba una canción de Elvis Presley cuando él entró al dormitorio y vio a Nicole acostada en la cama. Le extrañó que estuviera tapada con una sábana con aquel calor infernal que hacía. Se acercó sin hacer ruido y miró los diferentes utensilios colocados en el suelo y sobre la mesilla. Se sobresaltó y tuvo un pensamiento diáfano e inquietante. Se acercó más y encontró la escena más mágica y extraordinaria de toda su vida. Nicole y el bebé dormían plácidamente. Era padre de aquella tierna y delicada criatura y no pudo sobreponerse a la emoción, quedando sumido en un estado de letargo donde la alegría en forma de llanto se hicieron presentes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No había estado físicamente en el momento del parto y Nicole Fishers se las tuvo que arreglar como pudo. Sabía que tenía una mujer fuerte y valiente, pero no hasta aquel extremo. No obstante, la ausencia en ese momento la supo recompensar con creces durante los quince años siguientes, no estando ausente en ninguna circunstancia primordial en sus vidas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers tenía una personalidad especial. Extrovertido y con una capacidad para dialogar que le permitía extraer consecuencias positivas a cualquier tipo de acontecimiento, resultando exultante acudir a él en busca de ayuda porque siempre estaba dispuesto y encima te obsequiaba con una maravillosa sonrisa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Había sido educado metódicamente para ser formal y responsable en el trabajo y para dedicarse con entusiasmo a la vida familiar. Las lagunas que tenía en su formación académica las cultivó a raíz de su unión con Nicole, la cual procuró transmitirle aquellos conocimientos imprescindibles que durante su niñez no pudo adquirir. Incluso como alumno resultaba ejemplar y la predisposición por aprender y el talante con el que se entregaba en su labor de estudiante maduro le conferían un carácter cada vez más interesante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te has quedado callado. ¿En qué piensas Alec? - preguntó Mary, que veía a su hermano mirando al infinito mientras sostenía una pasta de té entre sus dedos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. Pensaba en… - omitió decir en malos tiempos -, acabo de recordar una conversación antigua.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Puedo saber de qué se trata o es un secreto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, yo no tengo secretos contigo. ¿Acaso tú los tienes conmigo? - inquirió Alec, mirándola expectante. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De sobra sabes que no - musitó ella sonriendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estaba recordando una conversación que tuvimos los dos y en la que tú me mentías - aseguró él con nostalgia en los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary irguió su cuerpo y miró ceñuda a Alec, sorprendida por la afirmación tajante de él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Alec, yo jamás te he mentido - aseveró ella, ofendida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo siento, Mary, quizás no lo recuerdes, pero sí que me engañaste en una ocasión. ¡Quizás no lo recuerdes! - volvió a repetir, intentando proteger el olvido de Mary, sin ánimo acusador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary también recordaba aquel instante. No lo había olvidado. Nunca lo olvidaría. No obstante, quiso asegurarse, ahora sería el momento ideal para recordar episodios de su infancia y desterrar viejos tabúes, momentos de los que nunca antes habían hablado. La omisión es un acto de fe entrañable en lo que uno verdaderamente ama.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si es así, cuéntamelo - repuso ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hace ya muchos años… - comenzó diciendo él, intentando recordar -, yo era muy pequeño todavía. Estábamos en casa, como ahora, comiendo pastas de té. Yo intentaba saber qué le ocurría a papá y te lo pregunté. Tú me dijiste que los médicos lo iban a curar y que todo iba a salir bien, que estuviese tranquilo… Fue ese el momento en que me mentiste, ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quizás se trató de una mentira a medias, sin ánimo de ofender - ella no dio su brazo a torcer -, yo te expliqué lo que sabía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No Mary, tú ya conocías el alcance de su enfermedad y me la ocultaste, aunque sólo fuera para evitar que sufriera antes de tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Alec, ahora te digo la verdad, probablemente entonces no te dije toda la verdad, pero créeme, yo sabía que estaba enfermo, pero ni mamá ni yo sabíamos en aquellos momentos lo que le sucedía, creíamos que pronto se pondría bien, pero estábamos equivocadas - Mary hablaba lentamente, mirando la línea imaginaria que separa en el horizonte el mar del cielo, reflejando en su tono de voz la amargura que sus palabras le producían.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es necesario que intentes convencerme. Te creo - no hacía falta decir nada más, con aquellas dos palabras dio por terminado para siempre el tema de la mentira piadosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias - respondió Mary, intentando disimular sus sentimientos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Habían terminado de comer. Habían estado en silencio. Habían fingido una vez más. Mary se levantó y comenzó a colocar cada cosa en su sitio: los vasos, los cubiertos, los platos. Luego procedió a fregarlos, colocándolos posteriormente en una escurridera de donde fluían pequeños hilillos de agua que terminaban diluyéndose en un goteo continuo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A veces miraba a su madre y la veía absorta en sus pensamientos, en sus penas, muy lejos psíquicamente de allí, como si algo o alguien estuviera arruinando su vida, como si le estuviesen arrancando una parte de sí misma, como si la estuviesen asesinando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacía semanas que ya no era la misma. Su aspecto descuidado la delataba aunque ella lo negaba. Los párpados caídos y las ojeras cada vez más profundas eran sinónimo de largas noches de insomnio, de largas noches de vigía cuidando de su padre. El carácter le estaba cambiando, mostrándose arisca en ocasiones, mientras que en otras parecía como ausente; ella que siempre se había caracterizado por su trato afable, conciliador y lleno de triquiñuelas para transformar cada instante de pesimismo en un hito fantástico de alegría y satisfacción, parecía ahora sumida en un estado vegetativo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todavía seguía allí. Hacía media hora que adoptaba la misma posición, la misma mirada y la misma expresión. No lloraba, ante ella nunca lloraba. Era incapaz de iniciar un diálogo, y menos aún de mantener una conversación. No se trataba de Nicole Fishers, sino de una caricatura de mujer instalada en el cuerpo de su madre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquella situación tenía muy preocupada a Mary. Por momentos no sabía quién le inquietaba más, si su padre o su madre, o los dos al mismo tiempo. Tenía unas ganas desorbitadas de mantener una amplia y dilatada conversación con ella. Así mismo, sentía la necesidad imperiosa de realizarle un sin fin de preguntas que le martilleaban una y otra vez en su mente, pero que le producían un terrible horror sólo el pensarlas y cuanto menos aún el atreverse a realizarlas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pensó que debía de intervenir y ayudar a su madre igual que ella siempre lo había hecho con Mary. No podía desaprovechar esa coyuntura, por lo que se sentó de nuevo en la silla y cogió la mano de su madre, entrelazando sus dedos mutuamente. Nicole Fishers levantó la cabeza con premiosidad y miró a su hija, apreciándose en su gesto la imagen paradigmática del dolor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mamá, ¿en qué piensas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En nada especial - musitó Nicole.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mamá, por favor, mírame.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te estoy mirando, Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, mamá, no me estás mirando, no estás aquí, hace tiempo que no estás aquí, estás ausente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, sí que estoy aquí - Nicole Fishers se giró hacia ella, miró a Mary, apoyó los codos sobre la mesa y luego hundió la cabeza sobre las palmas de sus manos, en gesto apesadumbrado, temblorosa, dejando escapar un profundo suspiro -. Siempre he estado aquí, y ahora más que nunca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mamá, tu cuerpo está en casa, pero tú estás distante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede ser - asintió Nicole.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡No ves! Lo estás admitiendo - enfatizó Mary, esperando que su madre reaccionara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué quieres que haga?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dejar de consumirte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo? - preguntó Nicole con desidia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Luchando!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Luchando! ¿Y qué crees que estoy haciendo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No puedo negar que te estás ocupando de papá las veinticuatro horas del día. Pero, ¡mírate! Tú no eres Nicole Fishers, tú no eres mi madre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo puedes decir eso, Mary?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya no eres la madre alegre, la madre valiente ni la madre luchadora que yo tenía. Mi madre sabía afrontar los problemas con carácter, sabía comportarse y tenía siempre dispuesta una palabra de apoyo, una teoría convincente, y no se dejaba amilanar por las adversidades - Mary tenía cogidos los puños cerrados de su madre y los apretaba con fuerza, intentando transmitirle el vigor que ella había perdido, intentando que la arenga improvisada hiciera mella en Nicole.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary sólo tenía quince años pero ya estaba capacitada para razonar como un adulto. La enfermedad de su padre la estaba obligando a madurar a una velocidad de vértigo, viéndose obligada en aquellas circunstancias a adquirir una relevancia en la organización de su casa que por su edad no le correspondía. Hacía mucho tiempo que no estaban a solas, que no mantenían una conversación afable, que no se sinceraban la una con la otra. En esta ocasión le tocaba llevar a Mary la voz cantante, la voz de una niña de quince años que tiene que poner orden en su casa y decirle a su madre cómo se tiene que comportar. Ella pretendía iluminar a Nicole, hacerle ver que aquella postura que estaba adoptando no le conducía a ninguna parte y que tenía que mirarse a sí misma para luego extraer una conclusión positiva que afianzase el control que siempre había tenido de ella y de la familia, puesto que desde que la enfermedad de su padre se fue consolidando, ella perdió el dominio de la faceta más importante de su personalidad. Intentaba que fuera de nuevo Nicole Fishers, aunque Mary sólo tuviera, por entonces, quince años.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, ¡ayúdame! No sé qué hacer, estoy perdida, no tengo fuerzas, no puedo razonar… - Nicole Fishers se lamentaba y tendía las manos a su hija buscando ayuda desesperadamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Para eso estoy aquí, mamá. No estás sola.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué puedo hacer?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Afrontar la situación, la enfermedad de papá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero, si yo…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa? ¿Me ocultas algo? ¿Hay algo que yo desconozca?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, Mary. Tú estás al corriente de todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces… ¡vamos! Aquí están los hermanos Fishers - dijo Mary, mientras se le iluminaban los ojos - y aunque Alec sea pequeño todavía, no te defraudaremos, cuentas con todo nuestro apoyo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sé que cuento con vuestra ayuda. Sabes, de sobra, que me estoy dando cuenta constantemente que procuráis ayudarme en todo, y lo que es más importante, no creándome problemas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Más a mi favor para que cambies en tu actitud. Me gustaría verte sonriente, feliz, porque bajo ese punto de vista se tiene una mejor perspectiva de todo aquello que acontece y uno puede ser más objetivo en el análisis del futuro - Mary trataba de impresionar a su madre y no dudaba en utilizar, para ello, todo un arsenal de vocabulario impropio de su edad -. Me gustaría que al mismo tiempo que atiendes a papá, cuidaras más de ti.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo voy a cuidar de mí, Mary? ¡Si no sé lo que va a suceder con tu padre!- la duda crea inseguridad y Nicole Fishers se mostraba lacónica.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres, mamá?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hay algo que se me escapa. No me fío.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿El qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé… presiento algo malo… nada halagüeño… Tu padre cada día que pasa está peor - Nicole Fishers hablaba con el corazón, sobrecogida, queriendo expresar lo que pensaba, pero que al mismo tiempo no se atrevía a pronunciar. Parecía un secreto a voces que sólo podía escuchar ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero los médicos… ¿Qué dicen?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Los médicos también están perdidos. No saben qué le sucede, no tienen un diagnóstico claro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mamá, papá en las últimas semanas está mejorando, lentamente, pero yo lo veo mejor - Mary intentaba animar a su madre y ofrecerle una palabra de consuelo en medio de un inevitable naufragio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias, Mary, por tus desvelos, pero tú eres muy inteligente y sabes que no es verdad. Es cierto que tiene días o semanas en los que parece que se va a curar, pero cuando ya estamos ilusionados y esperamos esa eventualidad, de nuevo recae y los síntomas se recrudecen, cada vez con más iniquidad, con más gravedad. Y de nuevo comienza un largo proceso en donde la esperanza es la única arma que tengo para asirme - Nicole se mostraba más locuaz, menos comedida, casi recuperando el espíritu mermado por tantos meses de angustia, una angustia loca que le había hecho concebir presagios lúgubres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué diagnóstico han hecho los médicos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Los diagnósticos son de diferentes enfermedades infecciosas que cada vez lo están debilitando más. Los médicos no se explican cómo puede contagiarse o infectarse con tanta facilidad. Hace unos meses me comentaron que iban a realizarle unas pruebas para descartar una leucemia, puesto que las infecciones son frecuentes en estas enfermedades y muchas veces la forma de inicio; pero éstas fueron concluyentes y me aseguraron que no padecía esa enfermedad. Yo me alegré, por supuesto, y tras interesarme más me dijeron que sólo habían encontrado una disminución en sus defensas, lo cual lo hacía proclive a padecer ese tipo de enfermedades. Nos informaron que su sistema inmunitario estaba muy mermado y que por esa razón padecía infecciones de forma recidivante, de ahí que cada vez que esté enfermo tenga fiebre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mamá, ¿qué significa recidivante?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Significa que una persona vuelve a padecer la misma enfermedad cuando ésta ya parecía que estaba curada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! … Eso significa que siguen sin saber realmente qué es lo que le ocurre, ¿no es así?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estás en lo cierto. Estoy muy agradecida del trato que estamos recibiendo por parte de los médicos. Me han comentado que para ellos también supone un reto y que no descansarán hasta averiguar qué es lo que le sucede realmente. La última hipótesis que barajan es que todas esas infecciones pueden estar relacionadas entre sí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No ves mamá, tú lo estás diciendo, tiene a los médicos en vilo por lo que en poco tiempo sabrán por qué está siempre así y entonces lo curarán. Si me permites una observación, hay que estar preparadas para ese día y mientras llega, no está de más que te ocupes un poco más de ti. Estando guapa y alegre contribuirás a que papá se recupere lo antes posible…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nicole Fishers no pudo aguantar más la congoja que le embargaba al escuchar aquellas palabras que recitaba, como salidas del cielo, la boca de su hija y prorrumpió en un llanto lastimero, con lágrimas que manaban a borbotones de sus ojos. No se escondía, no bajó la cabeza, sino que la mantuvo erguida, dejando que su hija contemplara como lloraba, sintiéndose liberada al expresar abiertamente ante Mary sus sentimientos reprimidos durante tanto tiempo y aceptar que ella era una persona normal, que también podía llorar ante un ser querido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Perdona mamá. Yo no pretendía…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tienes que pedirme perdón - la interrumpió Nicole -, soy yo la que te tiene que pedir perdón a ti por mi comportamiento. Y al mismo tiempo tengo que agradecerte lo que acabas de hacer por mí - seguía llorando y hablando entre suspiros conmovedores -. Acabas de darme una de las alegrías más hermosas de mi vida y estoy llorando por eso, lloro de alegría, sabiendo a ciencia cierta que tengo una familia maravillosa y una hija admirable. Has sido capaz de darme la fuerza que necesitaba para poder seguir hacia delante. Es como si estuviera ante el espejo y tú me repitieras las palabras que yo tanto os he inculcado: la vida hay que afrontarla con alegría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary se quedó muda, sin saber qué decir, mirando fijamente a su madre, asintiendo con un gesto compungido hasta que no pudo más y acompañó a Nicole en aquel llanto. Un llanto de alegría que simbolizaba la unión de dos mujeres hijas de la misma carne y heridas en el orgullo de una desgraciada contingencia, en la que nada podían hacer pero, ante la cual, se rebelaban y no querían quedar al margen. Si los médicos no eran capaces de solventar el sufrimiento de su ser más querido, ellas dos, junto con Alec, serían capaces de mitigar el sufrimiento de Terry Fishers y propiciar que su desdicha fuese vengada con el amor que le profesaban.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así es la historia cuando dos seres se aman, amor que significa compartir, unir sentimientos con lazos invisibles, dividir preocupaciones para que sean más fáciles de remediar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eran dos, pero un solo sentimiento y la misma obsesión, ávidos por resarcirse de la aflicción que la enfermedad de su padre les había causado. No lo habían olvidado, nunca olvidarían aquella desgraciada enfermedad, y ahora tenían por delante la oportunidad que nunca hubieran imaginado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante la mañana iba subiendo la temperatura en la playa y, al mismo tiempo que ella, se avivaba la conspiración que estaban tramando, a medida que comentaban episodios de su vida. El termómetro marcaba veinticuatro grados centígrados y no había brisa en el ambiente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo que es el momento idóneo para un baño. ¿Qué dices? - preguntó Mary, decidida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te atreves? - sonrió Alec.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo sí. ¿Por qué no? ¿Y tú?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Venga, vamos, Alec. Decídete.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Te acompañaré.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ambos se despojaron rápidamente de los pantalones vaqueros. Mary dobló con pulcritud su camiseta, mientras que su hermano, menos cuidadoso, dejó caer sobre la esterilla su camiseta negra, quedando visible la inscripción serigrafiada en ella: No hay futuro sin informática. Mary hizo un gesto de reproche y él se encogió de hombros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A que no me alcanzas? - profirió Alec Fishers cuando ya corría directo hacia el agua. La delgadez y la figura larguirucha disimulaban las alteraciones anatómicas de sus extremidades izquierdas, poco apreciables si no fuera porque al correr apoyaba exclusivamente la parte delantera de su pie izquierdo, balanceándose al compás de cada paso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary salió tras él y al grito de aquí están los hermanos Fishers se zambulló en el agua. Sacó la cabeza para respirar y comenzó a nadar mar adentro. A pesar de aquella temperatura, el agua del mar estaba fría. Se dio media vuelta y vio a su hermano cerca de la orilla, con el agua hasta el cuello. Nadó hacia él y, cuando estuvo a su altura, se apercibió que estaba dando pequeños saltos sobre la arena del fondo de la playa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué haces? - preguntó sorprendida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Uf! Estoy saltando para no quedarme helado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero si está riquísima.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso lo dirás por ti, que te gusta el agua fría. Pero yo prefiero siempre un baño muy caliente. Para mis músculos es mucho mejor. ¿No es verdad, mi doctora preferida?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón. Vamos a salir, yo también estoy helada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al salir del agua corrieron raudos hacia la sombrilla, cogieron las toallas y las utilizaron a modo de abrigo mientras se secaban. Mascullaban gruñidos, gorgoritos y un sin fin de quejidos hasta que entraron en calor. Después Mary sacó de su bolso un peine que entregó a Alec y un cepillo que utilizó para peinar su pelo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tengo hambre - dijo Mary Fishers, con la cara vuelta hacia el restaurante que había cerca de allí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo también - asintió Alec.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué te parece si vamos a comer al restaurante de la playa?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lo conoces?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. He comido en él en varias ocasiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué tal es?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo diría que aceptable. Es un buen lugar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terminaron de secarse. Luego se vistieron. Peinaron sus arremolinados cabellos y se encaminaron hacia el lugar elegido para comer. Dejaron en la playa la sombrilla y los demás enseres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El restaurante estaba situado al final de la playa, en lo alto de un diminuto acantilado. Se podía ascender hasta él a través de una escalera de madera que serpenteaba alrededor de un mástil metálico central, esquivando alguna roca de grandes proporciones. Era grande y casi todas las mesas estaban situadas en una amplia terraza desde la cual se avistaba una panorámica extraordinaria. Sobre cada mesa había un cesto con flores pequeñas de color rosa, blanco y violeta. La especialidad de la casa eran los pescados a la parrilla. Cuando llegaron, los recibió un camarero diligente que saludó a Mary Fishers por su nombre, a la que recordaba de otras ocasiones anteriores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Qué raro! - exclamó Alec -, te han reconocido. ¿Acaso eres famosa, hermanita?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siempre es bonito que te reconozcan y que te reciban con tu nombre, pero yo no soy famosa, hermanito - respondió Mary, pronunciando con sorna la palabra hermanito -. Se trata de una empresa familiar y se caracterizan por su gran amabilidad. Aquí me siento como si estuviera en casa. Por eso repito cada vez que vengo a esta playa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, no te pongas así.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los acomodaron en la primera fila de mesas de la terraza. La que tenía mejores vistas. Los atendieron con prontitud y rechazaron las sugerencias del día, puesto que Mary sólo quería comer una ensalada y un pescado a la parrilla. Alec la secundó en su elección.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El pescado a la plancha reposaba inmóvil en el plato. Lo rodeaban una corona de bolitas de patata cocida dispuestas en armonía para dotar aquel plato de comida de una presentación impecable. En una fuente había una ensalada de lechuga, tomate y queso fresco cortado en dados, aliñado con aceite, vinagre, sal y albahaca que le daba el punto especial. Todo fue realizado con manos artesanales y con el cariño imprescindible que exige la buena cocina. Mas no había hambre y el pescado y la patata se estaban enfriando. Miraba el plato sin decidirse a probarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary estaba callada. No quería importunarlo. Sabía que no le gustaba que lo presionaran para comer. En muchas ocasiones le enseñó que era de mala educación instar a alguien a comer. Cada cual debe decidir lo que le apetece llevarse a la boca, tanto en cantidad como en calidad. Al final no pudo reprimirse y le preguntó sin remilgos:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Papá, ¿no comes?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers miró a Mary de soslayo, sabía que la estaba provocando con su actitud, pero no tenía ganas de discutir. A decir verdad, no le apetecía comer nada, hacía tiempo que su ración alimenticia se reducía cada vez más a unas pocas calorías al día. Hubiera preferido un rayo de esperanza aderezado con una salsa milagrosa, pero eso ni Mary, ni tan siquiera Nicole, sabían en qué mercado comprarlo, ni cómo cocinarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Debería de comer, ¿no crees? - se avino a decir él, cabizbajo -. Pero, no tengo apetito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Has perdido bastante peso y eso no te conviene. Sería mejor que comieras algo. Simplemente, lo que te apetezca, ¿te parece bien? - Mary interpelaba con voz dulce.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón. Debería hacerte caso. Sin embargo, cada vez que miro el pescado y las patatas, siento náuseas. A decir verdad, Mary, no tengo fuerzas ni para llevarme el tenedor a la boca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me estás dando la razón. Tienes que comer para ponerte fuerte - Mary le hablaba como si tratara de convencer a un niño lo importante que es la alimentación -. ¿Quieres que te dé yo de comer? - propuso ella, siendo capaz de intentar cualquier cosa con tal de que su padre se aviniera a llevarse a la boca algún alimento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, admiro tu capacidad de perseverancia y tu poder de convicción. Me has herido sutilmente. Comeré algo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No digas eso. Soy yo el que tiene que estar agradecido de tener una familia tan maravillosa y una hija muy especial - respondió Terry Fishers con un matiz agridulce en sus palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antes de pinchar con el tenedor sobre una patata, estuvo jugueteando con ella. La hacía rodar por el plato de un lado hacia el otro y, en algunas ocasiones, la propulsaba para que saltara por encima del pescado. Aquello le divertía, aunque, más bien, con esa astuta acción, fingía mientras decidía si optaba por llevársela a la boca o al final desistía. Estaba pálido, pero al saberse observado, presintiendo que obraba mal, se le arrebolaban las mejillas. Al final, aunque no tuviera ganas, siempre comía algo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sabes que no me gusta que digas que soy una hija especial. Yo creo que mamá y Alec también son especiales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, Mary, no. Mamá es mi amor de toda la vida. Alec la inteligencia personificada y tú… tú tienes algo especial, tú tienes don…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Papá… ¡Ponte bien pronto! Quiero que puedas aprovechar las cualidades de cada uno de nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es tan fácil.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no? - inquirió ella irritada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No depende de mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no? - preguntó de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No olvides que estoy enfermo. ¡Que más quisiera yo! Me doy cuenta, perfectamente, que me estoy perdiendo vuestra infancia con esta maldita enfermedad - bramó Terry Fishers con indignación, para ocultar el sentimiento de melancolía que le roía por momentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pronto, todo este azaroso suceso no será más que un vano recuerdo, que olvidaremos con los días felices que seguramente pronto vendrán - Mary no se cortaba un ápice para insuflar a su padre nuevos ánimos, nuevos bríos que le dieran la fuerza suficiente para superar aquel miserable contratiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede ser así, o puede que no lo sea.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que todo acontecimiento puede tener un final feliz o por el contrario un final trágico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por favor, papá, no digas eso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sabes que tengo razón, por eso intentas censurarme.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No era esa mi intención.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero tú también lo piensas. Estoy en lo cierto, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. No estás en lo cierto. Yo siempre soy optimista y presiento que pronto estarás curado, a menos que…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A menos que…? - él la interrumpió para dejar una pregunta quisquillosa en el aire.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A menos que me ocultes algo - respondió ella con tristeza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mi pequeña - dijo él con ternura - tú sabes que yo nunca te oculto nada y que mi corazón siempre está abierto a lo que tú quieras saber.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Entonces! Dime la verdad. Dime lo que piensas - solicitó con decisión, arrepintiéndose de ello una vez formulada la pregunta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers no contestó. Estaba en silencio. Miraba indeciso a Mary. En sus ojos azules, casi trasparentes, se apreciaba el dolor intransigente de su estado de ánimo. Podía adivinarse lo que pensaba y el profundo pesar que ello le causaba. Mary comenzó a tabalear sobre la mesa y distrajo por un instante a su padre. Al percatarse ella, cejó en su acción, arrellanándose en la silla y cruzándose de brazos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te voy a decir lo que pienso realmente. No sé si será verdad, pero al fin y al cabo, y a mi pesar, es lo que yo voy a vaticinar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si es lo que tú sientes, dímelo, te escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary… me estoy muriendo - afirmó su padre, muy lentamente, casi susurrando, con la voz entrecortada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary sintió el estallido del mundo roto en mil pedazos y su alma rasgada por cien mil cuchillos cuando oyó a su padre decir aquellas palabras impregnadas de un lamento desesperado. No destacaba por su arte adivinatorio, pero lo conocía muy bien, sabía que nunca mentía, y que si era capaz de pronunciar aquel premonitorio epitafio sería porque presentía cercano el día final, el día en el que la alegría de estar cerca de Dios, mermaría el sufrimiento de sus seres queridos. Por ello, no le quedaba más remedio que creerlo aunque le acarrease un sufrimiento, un martirio y una incertidumbre cercana a la locura en los días venideros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Papá! - Mary estalló en un llanto difícil de consolar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers se levantó y acudió en busca de su hija.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mary, lo siento! No he debido decir eso - se arrodilló en el suelo y abrazó a su hija.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary lo abrazó con fuerza. Se apretaba a él como si quisiera fundirlo con su cuerpo y evitar que la muerte lo arrebatara de sus brazos. Hundió la cabeza y los ojos llorosos en su hombro y poco después comenzó a besarlo frenéticamente, en el cuello, en la mejilla, en la frente, hasta que él alzó la cabeza y sus miradas vidriosas se cruzaron y sellaron el amor que se profesaban mutuamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Es mentira! ¡Dime que es mentira! - imploró ella, sollozando, sintiendo un nudo en la garganta que le impedía articular palabras correctamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, te estoy hablando con el corazón. No es una broma. Sé que te estoy haciendo daño, pero es la verdad. La vida se me escapa de las manos y no puedo hacer nada por evitarlo - musitó, acongojado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lágrimas de ira, lágrimas de sufrimiento y de compasión mutua brotaban de los ojos de ambos. El silencio se quebraba en medio de sollozos amargos, y de aquella fusión de cuerpos y de estados de ánimo sólo quedaba el amor que nada ni nadie les podía arrebatar, ni tan siquiera una terrible y atroz enfermedad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba sola. Él se había ausentado durante unos instantes. Seguía inmersa en sus pensamientos, dándole vueltas a aquel tema, ausente. Cuando regresó parecía como si se hubiese lavado la cara y al sentarse en la silla agarró con fuerza la mano de ella sobre la mesa y la agitó mientras la observaba sonriente. Después abrió la mano quedando fundida con la de ella hasta que sus dedos quedaron entrelazados con una fuerza indisoluble. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿En qué piensas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No… En nada especial - contestó Mary, sumida todavía en un recuerdo nada agradable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se trataba de un asunto tabú. Nunca hablaban de él. Siempre lo tenían presente, pero procuraban evitar hablar de ello. Su vida quedó hecha añicos y ellos fraguaron una conjura con la cual evitar el sufrimiento a las personas que pudieran aquejar aquella enfermedad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Si no quieres hablar de eso, vamos a hablar ahora de mí. Ardo en deseos de contarte mis nuevos proyectos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te escucho, Alec. Venga, no te reprimas más, cuéntamelo - dijo Mary, con una sonrisa divertida, adivinando la importancia de lo que su hermano le iba a contar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Se trata de Internet.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Uf! Yo no sé qué pasa hoy en día. Todos los informáticos estáis obsesionados con Internet.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón, pero nosotros tenemos la mente diez millas más allá que el resto de las personas de este mundo y la importancia de esta nueva tecnología todavía no ha sido comprendida en su magnitud - Alec hablaba rápido, como siempre, pero cada vez que lo hacía sobre un tema que le entusiasmaba, sus ojos refulgían con un matiz especial -. Tras el descubrimiento de la imprenta esto es lo más importante que ha inventado el ser humano. Se trata de tener acceso a toda la información, porque si lo sabes buscar, ahí dentro lo puedes encontrar todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y?…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡No te das cuenta! La información es la única particularidad que hace libre al hombre. Solamente son libres las personas que están informadas, teniendo en cuenta esa palabra en todo su contexto. Por ese motivo las dictaduras tienen pánico al avance de Internet. La única probabilidad de erradicar los regímenes dictatoriales es teniendo acceso a la información y esta nueva tecnología permite ese privilegio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siempre he dicho que eres un genio. Una vez más he de admitir que tienes razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alec Fishers rió, con aquella risa tan particular y desinhibidamente sonora que provocaba en Mary sentimientos de encomiada satisfacción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se trata de ser un genio, sino de trabajar. Exclusivamente trabajando una persona puede alcanzar los objetivos que persigue.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y en qué estás trabajando ahora concretamente?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estamos intentando conseguir un protocolo estandarizado para liberar a Internet de las líneas telefónicas, para conseguir un sistema de acceso similar al de la televisión y que cualquier persona pudiera estar conectada permanentemente sin coste alguno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué pretendes con esa investigación?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Liberar a la humanidad de la tiranía de las compañías de telecomunicaciones - contestó con énfasis -. Obviamente, y en última instancia, estaríamos en manos de ellas, pero el precio a pagar sería exclusivamente publicitario. No tendríamos más remedio que tragarnos toda la publicidad que apareciera en las páginas web, pero pienso que valdría la pena. Una conexión permanente, con tarifa cero, es el anhelo de todo informático.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y en qué punto te encuentras?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Muy adelantado. En un año será toda una realidad - respondió con engreída satisfacción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si tú te lo propones, no lo dudo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En eso me parezco a ti. No tengo más que proponerme algo y conseguirlo sólo es cuestión de tiempo. Se trata de una vieja obsesión y un día me prometí a mí mismo que lo conseguiría igual que tú te empeñaste en descubrir la vacuna contra el SIDA. Por eso, cada vez que estoy enfrascado en este proyecto me acuerdo de ti y siento tus ánimos y tu fuerza empujándome para no desfallecer y lograr mi propósito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias - añadió ella con una sonrisa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se notaba que estaban alegres y que disfrutaban de cada minuto que pasaban juntos. Casi siempre quedaban para comer o para cenar y las tertulias resultaban encantadoras. Se entendían, se compenetraban y se amaban fraternalmente. Aquel día, en Malibú, estaba resultando encantador y la brisa que corría por la terraza del restaurante dilataba las carcajadas estridentes, pero enternecedoras de Alec Fishers, mientras que las palabras musicales de Mary se diluían en los oídos de Alec. Los hermanos Fishers frente a frente y unidos para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como si se tratase de los personajes extraídos de una de las novelas de William Faulkner y pintados por el mágico pincel detallista de Goya, estaban reunidos aquella tarde en torno a la cama de Terry Fishers. Un cuadro de familia que nunca hubiera filmado ningún director de cine, pero que, sin embargo, y pese a los hechos, era real. Estaban los cuatro: Nicole, Mary, Alec y Terry en el lecho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La cara abotargada de Terry contrastaba con los rostros de dolor y sobrecogimiento de sus seres queridos. Los tenía allí presentes y eso reconfortaba su estado de ánimo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alec Fishers estaba sentado en la cama cerca de su padre. Acariciaba con delicadeza la mano escuálida, huesuda y endeble de Terry. Tras él, entristecidas, se hallaban Mary y su madre. Mary la abrazaba por el cuello, mientras que Nicole la agarraba fuertemente de la cintura. Ocultaban en los cuerpos de ambas los ojos hundidos, temblorosos y mojados por impenitentes lágrimas de resignación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Alec, tengo sed - musitó Terry Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Ahora mismo voy y te traigo agua. Espera un segundo, por favor - Alec dio un brinco de la cama y salió corriendo en dirección a la cocina trayendo asido de su mano, pocos segundos después, como si un rayo lo persiguiera a través del pasillo, un vaso de agua -. Toma papá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nicole se acercó y ayudó a su marido a erguirse para poder beber. Lo consiguió con extrema dificultad, más por la ayuda de ella que por las fuerzas de él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella se recostó sobre la almohada. Tenía un brazo bajo la cabeza de su marido y con la mano masajeaba el hombro dolorido de él. Instintivamente llevó sus labios sobre la frente de Terry y lo besó con dulzura, al tiempo que él abría los ojos. Los fijó sobre Alec y le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Alec, ahora eres tú el hombre de la familia. A ti te toca cuidar de tu madre y de Mary. Prométeme que lo harás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo prometo papá - respondió Alec sin estridencias, como si tuviera ensayada aquella frase.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dio un suspiro profundo y a continuación le sucedió un resoplido vagamente sonoro. Alec se sobresaltó y retrocedió asustado, ello dio pie a que Terry volviera a abrir los ojos y contemplara la escena de su vida: Nicole lo observaba presa de pánico, Alec atemorizado, y Mary con gesto destrozado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero no se resignaba. No permitiría que el instante misterioso que separa la vida de la muerte hiciera acto de presencia todavía. Aún le quedaba tiempo que arañar y a fe que lo intentaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dónde estás Nicole? - preguntó. Sus ojos se nublaban por momentos y veían imágenes borrosas, como si pudieran ver a través de un vidrio esmerilado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy aquí. Amor mío - casi no le quedaba tiempo y Nicole quería decírselo una vez más, quería que lo escuchara una vez más, quería entregarle su amor una vez más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te acuerdas del día en que nos conocimos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto que lo recuerdo, Terry, nunca lo olvidaré - entonó ella, lacónica, mientras secaba las frágiles y deslizantes perlas de sus ojos con los dedos temblorosos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siempre he llevado ese recuerdo conmigo. Tu pelo, tus ojos, tu sonrisa, tus gestos…Aquella muchacha que se presentó decidida como Nicole… Nicole te quiero - musitó Terry Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo también te quiero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias por llenarme de felicidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nicole lloraba en silencio. Ningún suspiro, ningún gemido y ya no podía secar las lágrimas que se desparramaban a borbotones sobre sus mejillas. A él no le gustaban los llantos, decía que no servían para nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary comprendió que debía de acercarse a su padre. Era su última oportunidad. La última vez. No podía llorar. La fuente de lágrimas se le había agotado en los últimos tres meses.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Agarró la mano de su padre con fuerza y la besó con irreflexiva pasión. Contempló durante unos instantes la expresión de la mirada de su padre y cerró los ojos. No quería recordar aquel gesto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, ¿eres tú?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si, soy yo - afirmó ella, casi suspirando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mi niña! - dijo él con los ojos cerrados, sacando fuerzas de flaqueza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si, papá, siempre seré tu niña.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quiero que me prometas una cosa - dijo él, abriendo los ojos con dificultad, comprobando que la podía ver con nitidez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dime qué quieres - se atrevió a decir, con la amargura de quien ofrece su alma por consagrarse a un último deseo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Prométeme que estudiarás medicina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo prometo, papá. Siempre he querido ser médico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Prométeme, también, que dedicarás tu vida a descubrir un tratamiento para curar el SIDA y una vacuna contra el SIDA, para vencer esta despiadada enfermedad. Mary, te lo suplico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquel año de mil novecientos ochenta y dos, había sido descubierto un nuevo virus y con él se descubrió la causa de una enfermedad que traía en jaque a la comunidad científica internacional durante los últimos años. Por fin, aquel Síndrome de Inmunodeficiencia, que estaba causando estragos y que producía la muerte de las personas que lo padecían como consecuencia de infecciones recidivantes, se supo que era causado por un virus, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dos meses antes, los médicos que estaban estudiando la rara enfermedad que arrastraba Terry Fishers, le comunicaron que ya tenían un diagnóstico para su proceso. Le comunicaron que estaba afectado de SIDA. Tras estudiar sus antecedentes personales llegaron a la conclusión de que se había contagiado como consecuencia de una transfusión sanguínea que había recibido seis años atrás, cuando fue operado de una fractura de fémur tras el accidente de trabajo que había sufrido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers aguantó con entereza la contestación que recibió cuando preguntó acerca del pronóstico de la enfermedad que padecía. Comprendió que a partir de entonces sólo podría contar con el apoyo de la fe y la ayuda de su familia. Supo que sus presagios, por desgracia, se cumplirían muy pronto. Desde entonces, las visitas al hospital las espaciaba cada vez más. No quería que el desenlace final le sorprendiera en el centro sanitario, sino que quería encontrarse en casa, acompañado por su familia, cuando llegara el momento de abrazar a Dios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Papá, no tienes que suplicármelo. Te juro que dedicaré toda mi vida a conseguir lo que me has pedido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Confío en ti. Siempre he confiado en ti. Sé que no me defraudarás - añadió Terry Fishers con gran dificultad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo prometo, papá. Te lo prometo - contestó Mary entre sollozos incontrolables, sumergida en un llanto inconsolable. La fuente de lágrimas brotó de nuevo en el último instante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terry Fishers exhaló un último suspiro y un silencio imperturbable y exuberante lo sumió en un dulce sueño que lo acompañó para cruzar la frontera de la humanidad hasta la eternidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nicole fue la primera que comprendió y ante la mirada expectante y asustada de sus hijos se arrodilló, entrelazó sus manos y comenzó a rezar. Nicole y Alec, entre suspiros, la acompañaron en su actitud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Te lo prometo, papá. Te lo prometo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mientras rezaba, Mary recordaba las últimas palabras que había dirigido a su padre. Unas palabras que la acompañarían el resto de su vida allá donde estuviese y que no olvidaría jamás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los tres realizaron una promesa a Terry Fishers. Una promesa que marcaría el resto de sus vidas. Una vida marcada desde entonces por una palabra: SIDA. Y una meta que intentarían conseguir con denuedo: Luchar y vencer al SIDA. De los tres, Mary Fishers, estaba destinada a ser el líder que encabezaría aquella guerra, y ella lo asumiría con orgullo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Levantaron la cabeza y sus miradas se encontraron. Estaban destinados a coincidir hasta en los gestos. Parecían dos gotas de agua del mismo arroyo, separadas en algún momento de su lento discurrir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El silencio lo rompió Alec Fishers para preguntar a su hermana qué quería de postre. Alzó la cabeza, hizo un gesto apelativo y llamó la atención del camarero que acudió sin demora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué desea el señor? - preguntó el camarero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si es tan amable, nos gustaría tomar tarta de chocolate - respondió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Para los dos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alec respondió con un gesto afirmativo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y bien, Mary? ¿Ahora qué? Ya tienes lo que buscabas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres, Alec?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé si debería. Nunca hemos vuelto a hablar de ello. Pero creo que el momento ha llegado. Sé que has dedicado toda tu vida a cumplir la promesa que le hiciste a papá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes razón. Siempre he tenido miedo a este momento. Nunca hemos hablado de él, pero siempre lo hemos llevado en nuestro recuerdo. Yo le hice una promesa y creo que he cumplido. Ahora sólo queda darla a conocer al mundo entero y confirmar mi victoria sobre el SIDA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabes una cosa? Siempre tengo la sensación que está junto a nosotros, ayudándonos en cada momento, protegiéndonos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo también lo siento cerca de mí y, a veces, parece como si escuchara su voz. Cada vez que estoy perdida y no encuentro respuestas a mis preguntas, siempre sucede algo mágico y aparecen como salidas de la nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Era un ser maravilloso - atinó a decir Alec, con su tono de voz gutural.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todavía lo hecho de menos…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo también - respondió susurrando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Venga, vamos, que nos está mirando y no quiere vernos así. Al contrario, hoy es un gran día para él, hoy hemos descubierto la vacuna contra el SIDA - dijo Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué dices hemos…? Eres tú quién la ha descubierto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero sin tu ayuda no hubiera sido posible. Tú tienes tanto mérito como yo. Tú también participaste en nuestra declaración de guerra contra el SIDA. Sin ti, yo no hubiera llegado hasta aquí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Agradezco tus cumplidos. Propongo un brindis: Por la vacuna contra el SIDA y por Terry Fishers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por Terry Fishers y por la vacuna contra el SIDA - respondió Mary y alzó su copa para brindar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Terminaron de comer. Pagaron la cuenta y luego descendieron hasta la playa. Retornaron hasta la sombrilla y se acostaron sobre las esterillas y pasaron una hora más hablando de sus cosas. Habían cambiado de tema y obviaron seguir hablando de su padre. En esta ocasión le tocó el turno a su madre que seguía viviendo feliz en Austin, trabajando todavía y acompañada de sus recuerdos. No se había vuelto a casar puesto que Terry Fishers seguía siendo el amor de su vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-115030601140510531?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/115030601140510531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=115030601140510531' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115030601140510531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/115030601140510531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-dieciocho.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECIOCHO'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114998434408668288</id><published>2006-06-11T01:58:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:26:16.523+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECISIETE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;No hace falta decir que el miedo es una sensación que se manifiesta cuando se desconoce lo que va a suceder. Y que el peligro es una emoción que uno puede asumir según el riesgo que está dispuesto a exponer. Por ello, la inseguridad, a veces, puede desencadenar toda una serie de reacciones que concluyan en la percepción del miedo. Mary Fishers, aquella tarde, presentía el peligro y sintió miedo, un sentimiento que hasta entonces nunca había tenido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacía dos días desde que se había reunido con su hermano y no tenía noticias de él. No quería atosigarlo con sus problemas por lo que decidió no llamarlo por teléfono para preguntarle cómo llevaba el trabajo del Proyecto Mgen1702. Lo conocía perfectamente y sabía que le dedicaría todo el tiempo necesario para descifrar el enigma de la vacuna. Conocer si era efectiva o no, era lo que más le preocupaba. Y si su hermano descubría que los resultados verdaderos eran los de su ordenador, habría de enfrentarse a una nueva disquisición. Aquello se había convertido en una búsqueda desenfrenada, en un camino sin retorno, y en el que seguir hacia delante propiciaba encontrar, probablemente, sorpresas desagradables. La única opción factible consistía en buscar la verdad, aunque a veces el hecho de no hallarla fuese lo más seguro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers se dirigía a Bioconn. Conducía atenta a la carretera, aunque con cierta cadencia, que iba aumentando a medida que se acercaba a su destino, su mirada se desviaba hacia su bolso, que lo llevaba sobre el asiento del copiloto. Cuando lo miraba su pulso se aceleraba y exhalaba un suspiro rebosante de incertidumbre. En más de una ocasión desplazó su mano para cerciorarse de que llevaba la cámara fotográfica y la empujaba hacia dentro como queriendo ocultarla. Estaba camuflada en un encendedor y cuando llegó al despacho de Christopher Norton le llamó la atención ver aquel artilugio de pequeñas dimensiones encima de la mesa, pues él no fumaba. Indiscreta, impregnando sus palabras de un intolerable sarcasmo, le preguntó si había comenzado a fumar, si acaso estaba nervioso por los comentarios de los periódicos o por la misión que se traían entre manos. Él no lo dudó, respondió seco, y dijo sí. Un sí que reverberó en su mente, dejándola perpleja, cayendo en la trampa que ella misma había provocado. Christopher Norton estaba en silencio, no decía nada, y ella no sabía qué replicar. Cuando lo creyó oportuno, él añadió que no. Que no qué, preguntó, incrédula, ella. Que no fumaba, respondió. Bueno, y qué más da, sugirió ella. A lo que él contestó que aquella apreciación era muy importante. Mary Fishers no salió de dudas y Christopher Norton, sabiéndose ganador, tuvo que explicar con detalle todo aquel entramado. Explicó que era un encendedor pero que no lo era. Y ante el gesto extrañado de ella añadió que se trataba del objeto que buscaba. Nueva mirada singular por parte de ella antes de balbucir él que ahí tenía la cámara fotográfica. Aparentemente no infundía sospecha alguna, incluso encendió cuando ella apretó en el lugar apropiado. Ante las preguntas que realizó sin cesar, sin dejarlo contestar, se tranquilizó cuando él le manifestó que estaba fabricado con materiales plásticos imposibles de detectar por un escáner.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No obstante, palpó por encima del bolso hasta encontrar un objeto rectangular. Se trataba de una cajetilla de cigarrillos. Cuando la compró, procedió a abrirla con cierto grado de torpeza y extrajo cuatro cigarrillos que tiró a una papelera. Ella tampoco fumaba, pero si registraban su bolso, no infundiría ningún tipo de sospechas si además de un encendedor llevaba una cajetilla de cigarrillos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Miró el reloj y apreció que iba a llegar con antelación. Recordó que era de mala educación llegar tarde a una cita, pero igual de execrable resultaría si llegaba con antelación, porque esa actitud podría delatar su interés en aquella visita. Dedujo que lo más apropiado sería intentar ser puntual y llegar a la hora acordada por lo que redujo la velocidad de su coche intentando, premeditadamente, encontrar los semáforos en rojo y detenerse. Una vez en Bioconn ya sabía dónde tenía que aparcar. Faltaban tres minutos para las cuatro de la tarde, el tiempo que precisaba para subir al despacho de Jeff Colleman y ser puntual.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la puerta de entrada al edificio de Bioconn se encontraba el control de seguridad. Allí estaban apostados tres vigilantes. Uno estaba sentado vigilando el monitor del escáner y los otros dos de pie. Uno era un varón de aproximadamente treinta años, muy alto, brazos musculosos y cintura enjuta que contrastaba con la figura larguirucha, delgada pero fibrosa y de mirada alerta de su compañera. Los tres vestían de uniforme. En la solapa llevaban una placa metálica hexagonal con el anagrama de su compañía de seguridad, y también llamaba la atención los diferentes artilugios que llevaban para realizar su tarea, pero entre todos destacaba la pistola, de un calibre indeterminado, pues Mary Fishers no entendía ni conocía ese tipo de instrumentos, que portaban bien ceñida y visible en su cintura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers ya conocía el modus operandi. Lo recordaba de la visita realizada dos días atrás. Caminó decidida hacia ese lugar, como si tuviera prisa. Dejó su bolso en la cinta que lo conduciría hacia el escáner y ella atravesó un marco, como esas estructuras que utilizan en los aeropuertos y dijo: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenas tardes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenas tardes - respondió el vigilante que estaba sentado, sin mirarla, mientras visualizaba detenidamente el contenido de su bolso en el monitor. Luego alzó la vista, la miró de soslayo, y se dirigió a su compañera -. Todo está en orden.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers permaneció de pie. Quieta, serena, sin dejar traslucir el hormigueo que atenazaba su cuerpo. Miró alternativamente a los tres y cuando escuchó la frase que aseguraba su impunidad recordó la sonrisa hostil y perversa de Christopher Norton cuando le aseguró que no podrían descubrir sus intenciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La mujer de seguridad avanzó un paso y se colocó delante del atril. Miró su reloj y luego el libro de visitas. Después añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Es usted Mary Fishers? ¿No es así?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En efecto - contestó ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está citada a las cuatro con Jeff Colleman en su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Correcto - respondió sin titubear.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede recoger su bolso. ¿Conoce el camino? - preguntó, rígida, dirigiéndole una mirada de indiferencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Ya he estado aquí en otra ocasión - dijo Mary Fishers, decidida, mientras recogía su bolso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A las cuatro en punto llegó Mary Fishers al despacho de Jeff Colleman. Su secretaria le dijo que podía pasar, pues él la estaba esperando. Golpeó la puerta suavemente y entró.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola Jeff, tu secretaria me ha dicho que podía entrar - dijo ella, a modo de preámbulo, por cortesía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Entra. Ponte cómoda y siéntate. Termino enseguida - Jeff estaba pasando en esos momentos unos datos al ordenador y con la mano le indicó el sitio donde se debía sentar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary se sentó en el mismo sillón de su anterior visita. Desde ese lugar tenía una mejor panorámica de la caja fuerte y sobre ella clavó una mirada imprudente. Esperó a que él terminara su labor sin ningún atisbo de molestia, aprovechando aquel tiempo para fisgonear con profusión cada detalle de su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya está. Ya he terminado. Gracias por la espera - dijo él, y a continuación punteó con el ratón en los lugares precisos para que se apagara el ordenador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No hay de qué. Me es grata la estancia en este lugar. Se respira tranquilidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman se inclinó hacia delante. Apoyó los codos sobre la mesa, juntó las manos y entrelazó los dedos. Miró a Mary Fishers sonriente, reflejando alegría en su rostro, y después preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Es verdad que vamos a ser compañeros?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé. ¿Por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque si se fusionan Microgensyn y Bioconn uno de los dos sobraría en la nueva empresa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué ha de sobrar uno de los dos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es obvio que fusión significa reajuste de plantillas y despidos auspiciados bajo la hipocresía de jubilaciones anticipadas, optimización de recursos humanos y otras falacias que los economistas engominados, sin escrúpulos, aupados a puestos directivos, diseñan para lograr cuadrar las cuentas de beneficios de las empresas - respondió él con un aire de tristeza y de rabia en sus palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué sabes tú de este asunto? ¿Qué noticias tienes de la fusión? - inquirió ella, ávida de noticias que luego pudiera utilizar para su fin.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo sólo sé lo que han publicado los periódicos. Aquí todo el mundo habla de ese tema, pero nadie sabe nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo mismo sucede en Microgensyn. Nadie se aventura a decir si es verdad o mentira la noticia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya sabes, Mary, que los rumores son la antesala de la noticia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, es cierto. Pero, en el caso de que se fusionaran, no hay que estar preocupados. No creo que nuestros puestos de trabajo corran peligro. Los investigadores son el patrimonio de la futura empresa y nosotros somos compatibles. Formaríamos un buen equipo de trabajo - insinuó ella, con una sonrisa grácil, convincente, restándole importancia a la noticia y ocultando las preocupaciones y los problemas que la perseguían desde la celebración del congreso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero algo se está cociendo. Algo de cierto hay en todo esto. Si analizas la situación, ninguna de las dos compañías ha convocado una rueda de prensa para desmentir oficialmente la noticia - afirmó Jeff Colleman, separando y juntando las manos alternativamente y después volviéndolas a entrelazar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que tengas razón. Pero, Jeff, es un tema que francamente, en estos momentos, me trae sin cuidado - replicó Mary Fishers, intentando dejar zanjado aquel tema de conversación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las preocupaciones son un valle de ilusiones proclives a delatarse con las opiniones expresadas. A veces no hay que ser un gran psicólogo sino un observador experimentado para deducir si aquello que se dice es verdadero o está veladamente oculto bajo un halo verosímil. A Mary Fishers no le interesaba aquella conversación y tampoco le interesaba opinar sobre un tema en el que estaba más implicada de lo que se podría suponer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo que tienes razón. Olvidemos ese asunto y dejemos que el futuro suceda tal como está preconcebido. Todo lo que opinemos son conjeturas - agregó él, que creía que en el futuro se participa a través del presente, pero que no se puede hacer nada por detenerlo -. Ahora, vayamos al grano. Vamos a trabajar. ¿Estás dispuesta?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A eso he venido. Estoy preparada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pues vamos al laboratorio. Tengo algo que enseñarte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman se levantó y Mary lo siguió. Cogió la carpeta con el memorándum que estaba situada en un extremo de su mesa y se la entregó a ella. Se dirigían hacia la puerta cuando sonó el teléfono, por lo que Jeff retrocedió, disculpándose por la llamada inoportuna.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí - respondió con tono serio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers disimulaba ojeando los tarros de cerámica que había sobre la estantería y al mismo tiempo leía la reseña que había en cada uno de ellos, como digitalis, opium y otros, todos ellos de fármacos para los que en algún tiempo lejano habían servido de receptáculo. No obstante, también prestaba atención a la conversación telefónica de Jeff, intentando captar algún detalle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él colgó el teléfono y avanzó hacia Mary.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te gustan?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me encantan. Estos tarros me recuerdan las historias que me contaba mi madre cuando era niña. Trabajaba en una farmacia donde fabricaban artesanalmente los medicamentos - comentó Mary Fishers, dejando volar su imaginación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A mí también me gustan. Por eso los colecciono. Cada vez que veo uno, no me resisto a la tentación de comprarlo. En casa tengo más, ¿sabes? - insinuó Jeff Colleman.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tuvo que haber sido una época fascinante, ¿no crees? - respondió Mary, mirándole a los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ya lo creo - asintió él -. Ahora tienes que disculparme un momento. Ha surgido un problema y tengo que ir a echar un vistazo. No tardaré. Quédate aquí. Enseguida vuelvo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El sonido de la puerta al cerrarse le provocó una descarga de adrenalina de forma inesperada. Estaba sola, allí, en el centro del despacho. Las piernas le flaqueaban y notaba la sacudida de miles de contracciones involuntarias de sus músculos, de arriba abajo y de abajo arriba, que no podía controlar. Miró la caja fuerte y sintió pánico. Ella estaba en ese lugar para eso y la ocasión, que tanto esperaba, se presentó ante ella por casualidad. No quedaba otra opción que aprovechar aquel momento. Quién sabe si volvería a producirse aquella situación. Pero, ¿y si la pillaban? ¿Y si la descubrían mientras intentaba abrir la caja fuerte? O, peor aún, ¿y si la descubrían cuando tuviera la caja abierta? Qué diría, qué excusa se inventaría. Que pasaba por allí era una frase demasiado infantil, demasiado maniquea. Que él se había dejado la caja fuerte abierta… pudiera ser, pero no sería creíble. ¿Qué hacer? Tenía que tomar la decisión acertada: Intentar abrir la caja fuerte o salir corriendo de allí y no volver nunca más. Al fin y al cabo aquel no era su juego, no era su mundo. Además, era muy joven todavía y la oportunidad de lograr un Premio Nobel surgiría en cualquier otro momento, con cualquier otra investigación. Estaba capacitada para ello. Pero la cobardía no era una palabra que entrara a formar parte de su diccionario particular, no iba con su forma de ser, se trataba de un signo de debilidad que nunca estuvo incluido en su personalidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ansiedad, miedo, indecisión, palabras que recorrían su mente en décimas de segundo. Sentía la taquicardia, latidos acelerados de su corazón que percutían su pared torácica como si de un martilleo continuo se tratase y que percibía a modo de pinchazos, de palpitaciones. A cien por hora y todavía estaba allí, inmóvil, sin haber tomado una decisión que acelerara todavía más su corazón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No podía huir. Ya estaba demasiado comprometida y ella se había involucrado más de la cuenta. Además, quería llegar hasta el fondo y eso llevaba implícito correr aquel riesgo que en su fuero interno ya lo tenía asumido pero que, no obstante, lo había infravalorado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dio un paso al frente y su corazón alcanzó las ciento diez pulsaciones por minuto. Ese paso indeciso le confirmó que la decisión sería seguir hacia delante. Siguió caminando y se detuvo ante la caja fuerte. Más latidos, ciento veinte pulsaciones, y su cuerpo recorrido por oleadas de temblor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La combinación. ¿Sería capaz de recordarla en aquel estado? Precisaba recobrar la calma, pero una acción tan sublime, en aquel mar de nervios, resultaba una tarea demasiado infructuosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se agachó. Alargó el dedo índice de su mano derecha, que dibujaba en el aire oscilaciones anárquicas como si de un péndulo se tratase. A ciento treinta atinó con el número siete. Luego lo intentó con el tres y después con el uno. Así, sucesivamente, procuró pulsar los restantes: el cinco, el seis, el ocho, el cuatro y por fin el nueve. En ese momento su corazón se agitaba a ciento cuarenta pulsaciones, y cuando oyó un clic experimentó una sensación sorda por todo su cuerpo, sin llegar a captar si se trataba de dolor o placer. Lo más difícil ya estaba hecho, ahora no podía retroceder.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mary! ¿Qué haces? - preguntó Jeff Colleman, entrando bruscamente en el despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Nada - respondió ella muy seria, a ciento cincuenta pulsaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cómo que nada! Deja eso en su sitio - ordenó él, con un escalofrío en su cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cálmate. Ya lo dejo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Se puede saber qué estás haciendo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estoy intentando saber si son de buena calidad estos tarros o son una estafa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y para ello ¿es necesario que los tires hacia arriba?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mi madre decía que la calidad de estas vasijas de farmacia se podía apreciar por su peso, por su sonido grave al golpearlas, y lanzándolas al aire y observando cómo caían a plomo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y por qué no me lo has preguntado? Yo te hubiera sacado de dudas. Tengo las certificaciones de calidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A veces soy desconfiada. Me gusta comprobar las cosas por mi misma. Y eso es lo que estoy haciendo - respondió, intentando recobrar el aliento, simulando un carácter resabiado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Pero ten cuidado, por favor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Has terminado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Todavía no. He regresado a coger un informe de la caja fuerte. Disculpa, serán sólo unos segundos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman abrió la caja fuerte. Buscó el informe, lo cogió, y después la cerró. A continuación, le dijo que se acomodara, que no tocara nada y que regresaría pronto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary había escuchado unos pasos que se acercaban hacia el despacho. Actuó con rapidez, cerrando la caja fuerte y tomando una decisión precipitada. Con celeridad se dirigió hacia la estantería del despacho, cogió un tarro y lo lanzó al aire, justo en el momento que Jeff abría la puerta, y al girarse para ver quién entraba, éste estuvo a punto de no ser atrapado en su vuelo y caer al suelo hecho añicos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando él se hubo marchado, reemprendió, de nuevo, el trabajo que estaba ejecutando y que había sido interrumpido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin perder un instante, abrió la caja fuerte. Se puso en pie y vio que la caja tenía un cajón superior y dos anaqueles en la parte inferior en la que estaban apiladas varias carpetas de anillas, y en cada una de ellas estaba impreso el nombre del proyecto de investigación que guardaban en su interior. Deslizó hacia fuera el cajón y constató que se trataba de un archivador. Fue leyendo las notas colocadas en las pestañas de los archivos y se cercioró de que se trataba de diferentes informes que hacían referencia a los proyectos de investigación que tenían en curso. Se detuvo en el que ponía Vacuna contra el SIDA, lo cogió y lo dejó sobre la mesa. Para entonces ya no sabía si su corazón continuaba latiendo o había reventado en mil pedazos. Tenía la sensación de estar flotando, de estar levitando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hojeó el informe y a ciento cincuenta no pudo evitar la mueca de alegría que acudió a su rostro. Sólo pudo pensar que ya tenía una de las incógnitas que buscaba por lo que tendría que fotografiar aquellos documentos para tener una prueba fehaciente antes de que llegara Jeff Colleman y la sorprendiera de pleno en el trabajo que estaba realizando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cogió el encendedor, mejor dicho: la cámara fotográfica. Al cabo de unos instantes se sorprendió favorablemente de lo bien que manejaba aquel objeto y la precisión con la que funcionaba. Una imagen fugaz le hizo creer que aquel trabajo ya lo había realizado con anterioridad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fotografió cada hoja del documento. Lo colocó de nuevo en su sitio, donde debería reposar inmune. Luego, ya con frialdad, cerró la caja fuerte y cuando oyó el clic respiró hondo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se dirigió hacia el sillón en el que ya estuvo sentada. Tenía agarrado con fuerza el bolso, como si quisiera impedir que se lo robasen. Luego se echó hacia atrás y extendió las piernas. Ya comenzaba a relajarse y la velocidad de su corazón se aminoró hasta recobrar su ritmo normal. Una gota de sudor se deslizaba lentamente por su frente, siguiendo el camino oblicuo de la órbita y cuando llegó al pómulo la secó con su pañuelo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todavía dispuso de un tiempo extra para sí misma. Los niveles de adrenalina descendieron bruscamente y entró en un profundo relax cercano al sopor, en el que cientos de imágenes volaban por su mente. Se veía en prisión; corriendo desaforadamente; en un estrado, vestida de etiqueta, donde hombres con frac y mujeres ataviadas con sus mejores galas le aplaudían a rabiar; cogida de la mano de un hombre al que no podía ver su cara; a su padre abrazándola entre lágrimas…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La puerta se abrió bruscamente privándole de aquella apacible relajación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Venga Mary. Ya está todo solucionado - Mary Fishers se levantó sobresaltada y miró hacia atrás con cara de estupor. Jeff Colleman se percató de lo que sucedía -. ¡Oh! Mary, disculpa, te he asustado - añadió él, dulcemente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No… No ha sido culpa tuya. Me he quedado dormida. Ya te he dicho antes que en tu despacho me siento como en casa - dijo ella, sosegada, mientras arreglaba su pelo, con tono embaucador para disimular la acción que acababa de realizar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pasaron la tarde juntos, atareados en la preparación y diseño de los experimentos que habían planeado. El tema de conversación fue puramente profesional, en la mayoría de las ocasiones estaban de acuerdo en sus opiniones, aunque en las menos también disentían. Perdieron la noción del tiempo y cuatro horas pasaron como un rayo. Cuando Mary Fishers miró el reloj se sorprendió de que las manecillas marcasen las ocho de la tarde. Tenía que retirarse y convino con Jeff que lo mejor sería dejarlo y continuar en otro momento. Antes de despedirse confirmaron la cita que tendrían para el día siguiente, alejados del entorno de trabajo. Un día especial para ellos dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Piazza fue el lugar elegido para el encuentro. El elegante restaurante italiano estaba situado en la primera planta de aquel impresionante edificio dedicado casi exclusivamente a oficinas y donde una gran amalgama de empresas tenían su sede, aunque predominaban tres de las más importantes agencias de bolsa del país. Tenía una clientela fija, cuyo perfil respondía al típico ejecutivo en comida de negocios. Casi todos se conocían y cualquier cara extraña, en aquel lugar, era escrutada con curiosidad, porque podría tratarse de un nuevo cliente en potencia. Olía a comida casera y el ambiente familiar que ofrecía era lo que atraía a aquellos profesionales de amasar dólares.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entraron en el restaurante y se colocaron tras cuatro ejecutivos que solicitaban la mesa que tenían reservada a la recepcionista. Cuando llegó su turno dieron el nombre de la persona a la que estaba hecha su reserva y un camarero los condujo hasta su lugar. Mientras atravesaban el comedor, ojos intrigantes los miraron. Llegaron a la mesa y allí, sentado, leyendo la prensa del día, los aguardaba John Commiso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se presentaron y tras los saludos de rigor se sentaron. La indumentaria informal que vestían en el aeropuerto dejó paso a un traje elegante, de marca prestigiosa, modificando su figura, adquiriendo la imagen de loables hombres de negocios. Vendían apariencia para evitar la sospecha del motivo verdadero por el cual concertaron aquella cita.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ronald Stone inició la conversación y afirmó que formaba parte de un grupo inversor interesado en canalizar un porcentaje importante de sus inversiones en bolsa. John Commiso le respondió que estaban ante el agente de bolsa ideal y que su elección había sido acertada. El ego lo tenía hiperdesarrollado y se sentía cómodo con aquellos personajes, con aquellos nuevos clientes. La cena transcurrió discurriendo planes, estrategias y cantidades importantes de dólares a invertir que hacían que él se sintiese cada vez más importante. Los ojos se le abrían más y más y casi se podía adivinar en ellos una ruleta americana girando y al mismo tiempo posándose la bola, siempre, en el número ganador. Don Bishop miraba a su jefe con cara de escepticismo por la forma de desenvolverse en aquel ambiente y por lo prolífico que resultaba al tratar de ilusionar a John Commiso con su palabrería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El camarero sirvió los postres y el tema central de la conversación cambió así como el semblante de ellos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- También necesitamos que nos haga un pequeño favor - dijo Ronald Stone, que había monopolizado la conversación, mientras que Don Bishop se comportaba como un mero espectador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es un placer para mí poder ayudarles - respondió confiado John Commiso -. ¿De qué se trata?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Necesitamos cierta información que creemos que nos puedes facilitar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La información es mi especialidad - repuso, egocéntrico y con irreverente presuntuosidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hace unos días se realizó una importante operación en bolsa y queremos saber quién fue.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué espera? Dígame cual y yo le responderé - inquirió él, pavoneándose.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Se trata de Bioconn… - Ronald Stone lo miró a los ojos para escrutar su reacción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bioconn… - masculló John Commiso -. ¿Qué quiere conocer exactamente?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Bishop apuraba distraído el postre aunque no perdía detalle de los pormenores de la conversación que mantenían sus compañeros de mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El miércoles, Bioconn tuvo una subida espectacular en bolsa y creemos que usted tuvo una participación muy importante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creer no es suficiente. Es cierto que yo compré Bioconn para mis clientes, pero eso lo hicimos todos los agentes de NYBBrokers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- John, por favor no nos tome el pelo - el tono de la conversación cambió y en las palabras de Ronald Stone se adivinaba, de pronto, un cariz agrio, serio y poco conciliador -. Sabemos que la operación la inició usted el martes, media hora antes de que cerrase Wall Street.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No serán ustedes agentes del FBI? - preguntó John Commiso, tomando en consideración la segunda intención de las palabras de su interlocutor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No diga chorradas, John - le espetó Ronald Stone -. Le aseguro que no somos policías.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esa información es confidencial - afirmó John Commiso, sabiéndose descubierto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Nosotros estamos bien informados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No entiendo nada. No sé por qué les interesa esa información. Todos los días se producen en bolsa operaciones de ese tipo - dijo, con tono enfadado, sin perder de vista los gestos de Ronald Stone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No nos interesan las especulaciones con los demás valores. Sólo queremos saber qué ocurrió con Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, sabrán que yo no puedo facilitarles esa información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque estaría vulnerando el secreto profesional. No se puede revelar la identidad de nuestros clientes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿es cliente suyo? - repuso Ronald Stone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién es cliente mío?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a ver, John. Quiero dejarle bien claro una cosa. No me gusta este juego. Está claro que usted inició una operación en bolsa gracias al soplo de un cliente suyo. Queremos saber quién fue - el tono de voz de Ronald Stone parecía cada vez más seco, más comprometido con las palabras que pronunciaba, y entre líneas se podía entrever la intimidación que ejercía sobre John Commiso. Todavía no amenazaba, pero tampoco era la persona encantadora del principio de la cena.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ronald, ahora es mi turno. Yo no juego nunca. No sé quienes son ustedes ni quiero saberlo. Lo siento mucho, pero esa información es privada y no puedo revelarla - respondió John Commiso, desafiante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cálmese John. No es necesario que hable tan alto. Lo pueden escuchar sus colegas y podrían desconfiar de usted - contestó Ronald Stone subiendo y bajando la mano alternativamente, a un palmo de la mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, si me disculpan, creo que nuestra conversación ha terminado. Si quieren hacer negocios conmigo pueden llamarme, pero ahora tengo que marcharme. Siento no poder ayudarles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;John Commiso se levantó mirando a sus interlocutores y sintió como su mano era agarrada y una fuerza brutal tiró de él hasta sentarlo de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siéntese - bramó Ronald Stone -. No hemos terminado todavía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere ahora? Ya conoce mi respuesta - dijo, tembloroso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Negociar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esa información es innegociable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todo es negociable, amigo mío. Nosotros somos hombres de negocios y ahora estamos interesados en conocer el nombre de la persona que le facilitó la información que hizo que las acciones de Bioconn subieran - Ronald Stone hablaba pausadamente, casi susurraba, y John Commiso tenía que esforzarse para escucharlo -. Estoy de acuerdo con usted. Esa información es confidencial, por eso tiene un precio: Dígame, ¿cuánto vale? - preguntó convencido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo no me vendo. No tengo precio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, seré yo quien oferte un precio, digamos, razonable - sacó un sobre del bolsillo de su chaqueta y lo depositó sobre la mesa, era de color verde, color del dinero, y en el anverso estaba escrito el nombre de John Commiso -. En este sobre hay diez mil dólares. Creo que es un precio justo - le dijo, acercándose a él -, cójalo y dígame el nombre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;John Commiso miró el sobre, acercó sus manos a él y lo abrió con disimulo. Comprobó que, en efecto, allí se encontraba aquella cantidad. Lo cerró y luego miró a Ronald Stone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No me dejo intimidar. Lo siento, pero no puedo facilitarle ese nombre. Perdería el respeto de mis clientes y el mío propio. Reconozco que su oferta es muy tentadora, pero no la puedo aceptar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Francamente, amigo John, le creía más inteligente. No me deja otra opción. En ese caso, tendré que utilizar otra medida de persuasión. Mi socio, está apuntándole en estos momentos con un revólver. Usted elige, nos da esa información, coge el dinero y se va, o si la respuesta es negativa, con toda probabilidad mañana aparecerá su cadáver tendido en algún callejón de Nueva York - Ronald Stone tenía un carácter sutil y sabía muy bien como zaherir a sus víctimas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;John Commiso lo miraba atónito. No salía de su sorpresa, más aún cuando vio que Don Bishop empuñaba un arma oculta bajo la chaqueta, doblada sobre su mano derecha. Comprendió que la amenaza era verdadera y el peligro inminente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé su nombre. No es mi cliente - balbució.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- John…mi paciencia tiene un límite - amenazó Ronald Stone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Le digo la verdad. No sé su nombre. No le conozco. Me dieron un soplo a través de Internet - dijo, articulando con dificultad sus palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Internet! - exclamó John Bishop, que hasta ese momento había permanecido mudo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Le conocí en un chat y tenemos contacto con asiduidad. A veces, intercambiamos información. Pero créanme, no conozco su identidad. No soy de esos tipos que se juegan su integridad por guardar un secreto. Si conociera su nombre ya lo tendrían y, además, gratis - dijo, lleno de miedo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No le creo - aseguró Ronald Stone -. ¿Nos toma el pelo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Digo la verdad. Por favor… - respondió, con palabras entrecortadas, antes de agachar la cabeza y casi sollozar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Eso quiere decir que no quiere cooperar?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cooperar! Ahora recuerdo. Puede que sea útil. No conozco el nombre de la persona que me pasó la información, pero puede que sí sepa dónde trabaja. Ya les he dicho que en otras ocasiones me había suministrado información de interés que siempre se confirmaba. En todos esos soplos había una empresa implicada que trabajaba en esos casos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál es su nombre?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El despacho de abogados Williamson &amp; Weiss.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué sospecha de ellos? - preguntó Ronald Stone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Porque cada vez que esa persona me proporcionaba información acerca de una empresa en concreto para invertir en bolsa, cómo es lógico realizaba un seguimiento en prensa de todas las noticias que aparecían sobre ella. En todos los casos pude constatar que ese despacho de abogados trabajaba para esas empresas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué nos quiere decir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que mi contacto en Internet, la persona que me suministró la información sobre Bioconn, trabaja en Williamson &amp;amp; Weiss.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Está seguro? ¿Cómo podemos creerle?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si no me creen, mátenme. No puedo ayudarles más. Y si me creen, diríjanse a Williamson &amp;amp; Weiss. Está muy cerca de aquí y allí encontrarán a la persona que buscan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No había sido muy explícito, pero la sangre fría que demostró cuando se sintió amenazado salvó su vida. Lo creyeron y le entregaron el sobre con su contenido íntegro. John Commiso no lo pudo rechazar. Era una forma de comprar su silencio y él aceptó el juego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras zanjar el asunto, Ronald Stone y Don Bishop se retiraron a su hotel. Desde allí llamaron por teléfono al Doctor Hodgkins y le transmitieron la información que les había relatado el agente de bolsa. Éste los felicitó y les indicó que podían regresar a Los Ángeles al día siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con aquellos datos el cerco se estrechaba y el nombre del traidor quedó grabado en la mente del Doctor Hodgkins.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-114998434408668288?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/114998434408668288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=114998434408668288' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114998434408668288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114998434408668288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-diecisiete.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECISIETE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114997914297457972</id><published>2006-06-11T00:36:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:25:40.116+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECISÉIS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El viernes, después de comer, se convocó una reunión urgente en el despacho de David O´Connor. Finalizaba una semana que comenzó con una ardua negociación, continuó con la desagradable noticia del alza experimentada en Wall Street por las acciones de Bioconn, y en el ocaso de la misma una nueva zozobra azotaba los cimientos de Bioconn.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Brent Sanders, Craig Schwab y David O´Connor, aguardaban charlando al hijo de éste, al heredero de la joya de los O´Connor, Jason O´Connor, aunque las posibilidades de presidir la empresa resultante de la fusión disminuirían, al estar en minoría en el nuevo Consejo de Administración.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenas tardes, señores - saludó con ímpetu Jason O´Connor antes de cerrar con un portazo la puerta -. Esto no puede seguir así - dijo a continuación, dando por comenzada la reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana las acciones de Bioconn estaban sufriendo un fuerte revés, con una caída espeluznante, aunque en los momentos previos se estaban recuperando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esto no parece serio. Durante dos años hemos mantenido unas negociaciones con el máximo rigor y con un secreto escrupuloso. Desde la última reunión alguien está jugando con nuestra honorabilidad y poniendo en tela de juicio nuestra empresa - añadió David O´Connor, enfadado, mirando alternativamente a sus interlocutores, que estaban sentados en torno a la mesa rectangular de su despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No parecerá serio, pero lo que está ocurriendo hoy con las acciones nos beneficia y acerca las posiciones para que se pueda lograr la fusión. Eso es lo que pretendemos, ¿no?… - dijo Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estamos de acuerdo con la fusión y ese es nuestro objetivo, pero no a cualquier precio y es obvio que Bioconn está siendo manipulada en este proceso y los responsables tienen un nombre: Microgensyn - Jason O´Connor estaba echado hacia atrás en la silla, con una pierna apoyada encima de la otra, golpeando furioso la mesa con su bolígrafo mientras hablaba y en su tono de voz se podía apreciar la indignación que le causaba la especulación que sufría Bioconn. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué podemos hacer para evitar que estos sucesos se vuelvan a repetir? - sugirió David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un enigmático silencio se hizo entre los cuatro hombres en cuyos rostros se apreciaba la preocupación y el hastío que les producían aquellos hechos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Voy a llamar a Arthur Sullivan y exponerle nuestras quejas - propuso Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Dile también que si vuelve a suceder algo similar nos retiraremos de la negociación y haremos valer la cláusula de salvaguarda - advirtió David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan leía un informe cuando sonó el teléfono. Ellen Fletcher le comunicó que Jason O´Connor quería hablar con él y le contestó que le pasara la comunicación. Dejó sonar el teléfono tres veces y luego lo descolgó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dime, Jason, ¿a qué debo este honor?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No se trata de una llamada de cortesía, Arthur, sino más bien de rechazo por las técnicas que estáis utilizando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué técnicas te refieres, Jason?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan sabía muy bien a qué se refería Jason O´Connor. Aquella situación le tenía tan preocupado y le exasperaba igual que a él. Pero, dados los acontecimientos, esbozó una sonrisa complaciente por el giro que se había producido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A que estáis jugando con la credibilidad y el buen nombre de Bioconn. Habéis faltado al acuerdo de guardar en secreto nuestra negociación y continuamente filtráis noticias sin nuestro consentimiento - le espetó, apercibiéndose en su tono de voz la desazón que sentía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Nosotros? - preguntó con cinismo -. ¿Estás seguro?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué juegas, Arthur? ¿Acaso nos estás acusando a nosotros de lo que está sucediendo? Te creía una persona más comedida. Me estás defraudando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el despacho seguían con interés la conversación que mantenía Jason.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Escucha, Jason. Esta situación es tan desagradable para mí como para ti. No sé quién es el culpable que está actuando entre bastidores. Mientras no conozca su identidad, mi obligación es sospechar de todas las personas que estuvimos reunidos el martes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur, sabes que estás negociando con una empresa familiar aunque se haya convertido en una multinacional. Después de sopesarlo durante mucho tiempo hemos aceptado la fusión con Microgensyn, exponiendo el privilegio del que gozamos la familia O´Connor cuando se cree la nueva compañía. ¿No te parece absurdo y mezquino sospechar de nosotros? Si fuésemos nosotros los que estuviéramos realizando esas maniobras nunca hubiéramos aceptado el proceso de fusión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquellas palabras, expresadas con sentimiento y con sinceridad, convencieron a Arthur Sullivan. La sonrisa se borró de su rostro, cambió de posición en el sillón y se inclinó hacia delante. Se quedó en silencio y no sabía qué responder. Presentía que decía la verdad, así que el círculo se reducía cada vez más y habría que descubrir al astuto ejecutor de aquellas maniobras dentro del seno de Microgensyn y sus representantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que tengas razón - respondió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso te sugiero que pongas orden en tu empresa o Bioconn se verá obligado a abandonar la negociación - Jason O´Connor hizo esta advertencia poniendo en juego el futuro de Bioconn. A veces se juega de farol, pero a veces se utilizan cartas marcadas y uno se sabe vencedor de antemano, hasta que puede ser descubierto. En el fondo, y a pesar de todas las injerencias que estaba sufriendo Bioconn, Jason O´Connor deseaba la fusión con Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Jason, el más interesado en llegar al fondo de esta cuestión soy yo y no cejaré hasta saber qué está sucediendo - aseveró Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los términos de la conversación fueron del agrado de Jason O´Connor. Explicó con detalle, a sus compañeros de reunión, el dialogo que mantuvo y llegaron a la conclusión de que había sido acertado. Tras ella esperaban que el camino quedara expedito y no surgieran nuevos contratiempos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan, después de colgar el teléfono, se quedó pensativo, analizando aquella llamada. No tenía por qué dudar de las aseveraciones de Jason O´Connor en nombre de Bioconn. Sin embargo, le llamó la atención la frialdad con la que expresó sus ideas y la sensibilidad, puesta al descubierto, cuando matizó que habían aceptado la fusión. De sus palabras pudo deducir que realmente estaban interesados en unirse a Microgensyn, por lo tanto no harían nada para poner en peligro la negociación. Pero, si eso era así, ahora le surgía una nueva pregunta para la que no tenía una respuesta precisa: ¿Por qué razón estaban tan interesados en la fusión?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-114997914297457972?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/114997914297457972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=114997914297457972' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114997914297457972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114997914297457972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-diecisis.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DIECISÉIS'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114997746541395960</id><published>2006-06-11T00:06:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:24:47.116+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  QUINCE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Una hora después Arthur Sullivan abandonaba su despacho. Con tono adusto le comunicó a Ellen Fletcher que se ausentaba durante unos momentos. La secretaria lo miró sorprendida, adivinando que el problema que había creado la noticia era más importante de lo que ella imaginó. Pues, aunque estuviese preocupado o enfadado por algún tema, su comportamiento exquisito en cualquier momento, delataba la corrección de sus modales, conquistando con esos detalles la estima y admiración de todas las personas que trataban con él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La señora Myers quedó sorprendida cuando alzó la mirada y lo encontró ante ella. En un primer momento no supo reaccionar, inmóvil, como si estuviera petrificada por la mirada de Arthur Sullivan, que estaba allí, esperando que ella se decidiera a hablar. Pensó lo extraño de aquella situación, pues Arthur Sullivan nunca bajaba al despacho de Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sucede algo señora Myers? - inquirió él, adivinando la sorpresa que su presencia producía en la señora Myers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe, señor Sullivan. ¿Quiere que avise al Doctor Norton? - dijo ella, con un ligero titubeo en sus palabras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si es tan amable…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pase, por favor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La señora Myers se puso rápidamente de pie. Le indicó a Arthur Sullivan que la siguiera, intentando disimular la impresión que le causaba. Dio unos golpes discretos en la puerta del despacho de Christopher Norton, la abrió y le anunció la presencia de aquél.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton, que estaba sentado, se levantó y recibió a su jefe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Arthur, pasa! - la señora Myers abandonó el despacho -. ¿Alguna noticia nueva?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Muy interesantes. Ted Williamson y Pascale Carter se han movido con rapidez a mi requerimiento y han hecho un trabajo que nos puede ayudar - dijo Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y, bien?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Efectivamente. En NYBBrokers se gestó la especulación con las acciones de Bioconn y ya tengo el nombre del agente de bolsa que inició todo el proceso. Se llama John Commiso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y la filtración? ¿Han descubierto quién la llevó a cabo? - preguntó él, con el ánimo de saber si estaba resuelta también aquella cuestión y librarse de un problema más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Eso todavía no lo han podido averiguar. Ese es un tema que tú debes investigar, a través de los cauces pertinentes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton sabía muy bien a qué se refería Arthur Sullivan cuando hacía mención de los cauces pertinentes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te han informado acerca de quién ha sido el inversor o los inversores que se han aprovechado de esa información privilegiada? Sería de gran ayuda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esa es una información confidencial, difícil de conseguir, pero han conseguido datos importantes. La mayoría de compradores fueron inversores privados, clientes de John Commiso, así como de NYBBrokers. Pero hay un inversor que no ha pasado desapercibido y que fue la primera operación importante que se realizó con las acciones de Bioconn. Compró las acciones a través de una agencia de bolsa que opera en las Islas Caimán, a través de Internet, y ésta se produjo, apenas, unas horas después de finalizada la reunión del martes…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por lo tanto…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por lo tanto - interrumpió Arthur Sullivan a Christopher Norton -, con gran probabilidad, nuestro traidor es alguien que estuvo presente en la reunión en la que se pactó la fusión. Seguramente, compró las acciones en primer lugar y luego filtró la noticia con lo cual se aseguraba una subida importante de éstas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Además, dispone hasta el día veintidós para estar jugando con nosotros. Para poder filtrar noticias cada vez que lo considere oportuno para sus intereses.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso también reduce nuestro campo de búsqueda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres, Arthur?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A que podemos descartar al doctor Hodgkins. Él tuvo conocimiento de la fusión, pero es obvio que él no pudo realizar la operación de las Islas Caimán. Además, la suma invertida fue considerable y él, creo, no tiene capacidad económica para haberla llevado a cabo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué cantidad se invirtió?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Un millón y medio de dólares.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Un millón y medio! Eso es una barbaridad que no está al alcance de cualquiera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso me temo. Pero todos los que estábamos reunidos sí que teníamos capacidad para hacer frente a esa inversión - añadió Arthur Sullivan, llevándose la mano al bolsillo de su pantalón, desviando su mirada hacia una de las figuras abstractas del despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pudiera ser, pero me temo que todos no estamos capacitados para realizar esa operación - Christopher Norton se incluyó con ese estamos, utilizando esa coartada para eludir su responsabilidad en aquel asunto, sabiéndose acosado. Pudiera ser el cabeza de turco que estaban buscando, por lo que aprovechaba cualquier oportunidad para demostrar su inocencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puede que sí y puede que no. Según la información que me han pasado, esa empresa tiene una línea de crédito del cincuenta por ciento de cada inversión, si ésta supera la liquidez de la cuenta en la agencia, y que se contabiliza a partir del tercer día de la inversión, en el caso de que no se hayan vendido las acciones con la plusvalía generada. A esta línea de crédito sólo pueden optar aquellos inversores que han realizado un determinado número de operaciones y que han obtenido plusvalías en menos de tres días - la habilidad de Arthur Sullivan desmontó la coartada de Christopher Norton, advirtiéndole sibilinamente que todavía estaba en la lista de sospechosos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso quiere decir que nuestro traidor se trata de un jugador avezado y un auténtico profesional de la bolsa y que ahora tiene tres días para poder vender sus acciones - respondió Christopher Norton mientras tocaba la solapa de su chaqueta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso quiere decir que le queda de tiempo hasta hoy. Todavía le quedan unas horas para poder vender sus acciones y obtener un suculento beneficio gracias a nuestra negociación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo se llama esa agencia de bolsa? - preguntó Christopher Norton mientras cogía un bolígrafo para apuntar el nombre de aquella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Five to Five Investment. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan, que vestía un traje gris claro, antes de salir abotonó su chaqueta e hizo un gesto para colocar ésta en la posición correcta. Ordenó a Christopher que pusiera en marcha la operación caza del traidor, porque con aquella información se estrechaba el cerco, a lo que su interlocutor respondió con un ademán afirmativo y con un gesto de depredador.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando estuvo sólo en el despacho, se sentó y procedió a realizar una llamada telefónica en la que concertó una cita, en un lugar concurrido, para conocer cómo se llevaban a cabo las investigaciones y para encargar una nueva misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas manos hábiles tecleaban con inusitada rapidez y precisión. La acción estaba supeditada a ciertas normas y pasos que debía cumplimentar sucesivamente. Por ello, tras unos segundos de espera, logró la conexión con Internet a través de un teléfono móvil. Se escudaba en aquel ordenador portátil y en el teléfono para evitar su identificación en la red. Si alguien intentaba realizar una investigación para pretender conocer su identidad a través de la red, toparía con el descubrimiento de un teléfono móvil anónimo que era utilizado exclusivamente para conectarse a Internet. Su seguridad estaba asegurada y el rastro que dejaba, imposible de localizar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando logró la conexión tecleó la dirección electrónica de Five to Five Investment. Allí, sería una más de las operaciones seguras que su red admitía. Estaban dentro de la ley y al margen de la utilización de información privilegiada o confidencial por parte de sus inversores. Eran operaciones con un alto margen de beneficios y la estadística de pérdidas de sus clientes casi nula.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cumplimentó cada casilla del complejo sistema de acceso de Five to Five con los datos precisos, sin cometer ningún error. Una vez dentro del sistema indicó la operación que deseaba realizar. Solicitó al programa: vender, y a continuación, las acciones que poseía en Bioconn. En cantidad, eligió todo y en breves instantes recibió la confirmación de la venta. En una casilla, más abajo, se indicaba la cantidad obtenida por la venta, que una vez descontadas las comisiones correspondientes, ascendía a un millón ochocientos mil dólares. Luego, realizó el camino inverso, procediendo a desconectarse de Internet.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El proceso de compra y venta se realizó en el tiempo exigido por la agencia de bolsa, por lo que no fue preciso acogerse al sistema crediticio de la compañía. No obstante, nunca había operado con créditos, sino que siempre compraba con la totalidad del dinero que había en su cuenta corriente. Apenas cuarenta y ocho horas después había obtenido un beneficio del veinte por ciento y trescientos mil dólares más que dormían silenciosos y a buen recaudo en el sistema informático de Five to Five y bajo el sol vitalizador de las Islas Caimán. Desconocía dónde reposaría físicamente su dinero porque Five to Five operaba con muchos bancos de aquellas islas. Pero eso no le importaba, sino simplemente el ver crecer los ceros de su cuenta, cuyo aumento era directamente proporcional a la información que manejaba, ya fuera directa o indirectamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tamborileaba con sus dedos sobre el ordenador jactándose del éxito de su acción y enorgulleciéndose de su saber estar y salir indemne de aquella situación. Había corrido un riesgo importante pero el beneficio obtenido, sin duda, lo justificaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora ponía sus ideas en orden y decidía lo que iba a realizar a continuación, para dar un nuevo giro y que todo volviese a su punto original y que aquella especulación no pusiera en peligro la fusión de Microgensyn con Bioconn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Volvió a conectar su ordenador con Internet y se sumergió en el chat que frecuentaba T.W. y donde lo podía encontrar cada vez que precisaba utilizarlo. Lo imaginó con su camisa blanca, recién planchada pero ya arrugada, con la corbata mal anudada, o quizás ya se había desprendido de la corbata, y en medio de una maraña de papeles y notas sobre su mesa. Como si de un strip-tease se tratase, comenzaría las sesiones correctamente uniformado, con la chaqueta puesta. Y a medida que avanzase la jornada, inmerso en el azaroso proceso de ser responsable del dinero ajeno, se iría desprendiendo de la chaqueta en primer lugar; luego aflojaría el nudo de la corbata y la camisa se iría arrugando progresivamente, para al final, antes del clímax, despojarse de la corbata. Así estaría hasta que finalizara la sesión, que sería el momento adecuado para recomponer su figura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La suerte estaba de su parte y no tuvo que esperar. Los rayos de sol, que atravesaban la ventana del automóvil, incidían oblicuamente sobre la pantalla del ordenador mermando la calidad de imagen de ésta, por lo que giró su cuerpo en el asiento del coche con el propósito de interponerse entre éste y el sol. Intentó acomodar su posición y castañeteó los dedos pulgar y corazón de su mano derecha cuando se apercibió del mensaje de respuesta de T.W. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Hola Clarke, ¿qué tal?&lt;br /&gt;- Demasiado bien.&lt;br /&gt;- ¿Compraste Bioconn?&lt;br /&gt;- Sí y te estoy agradecido por el dinero que estoy ganando.&lt;br /&gt;- Las gracias te las tengo que dar yo. He ganado mucho dinero en comisiones gracias al soplo que me diste.&lt;br /&gt;- Es bueno trabajar en equipo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A John Commiso le extrañó aquella frase que leía en su ordenador. No tenía la convicción de trabajar en equipo con Clarke, aunque no le desagradó la proposición, siempre que fuera para ganar dinero. Intentó explotar aquella frase por lo que añadió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- A propósito, ¿tienes alguna noticia interesante de Bioconn o de Microgensyn que pueda utilizar? - preguntó T.W.&lt;br /&gt;- No sé si será interesante o no.&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres?&lt;br /&gt;- Mi amigo me ha comentado que andan nerviosos.&lt;br /&gt;- Nerviosos, ¿por qué?&lt;br /&gt;- Porque, con el precio de cotización actual de las acciones, la fusión puede quedar en punto muerto - sugirió Clarke.&lt;br /&gt;- ¿Quieres decir que en este momento se están replanteando la viabilidad de la fusión?&lt;br /&gt;- Puede ser.&lt;br /&gt;- Si anuncian la suspensión de las negociaciones, las acciones de Bioconn caerán en picado.&lt;br /&gt;- No sé. El experto eres tú.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El cebo estaba bien anclado en el anzuelo, sólo había que lanzarlo al agua, esperar pacientemente, y el pez se lo tragaría. La estrategia pudiera parecer maquiavélica, pero el resultado era lo que realmente interesaba, y éste lo obtendría sin lugar a dudas, pues T.W. o más bien John Commiso no tenía ni idea del protagonismo que ocupaba en aquella trama. Clarke ya sabía lo que T.W. iba a proponer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- En ese caso, para no correr riesgos, voy a aconsejar a mis clientes la venta de Bioconn. En dos días han obtenido un rendimiento demasiado importante con su inversión.&lt;br /&gt;- ¿Eso es lo que piensas?&lt;br /&gt;- En efecto.&lt;br /&gt;- Entonces, ¿me aconsejas que venda mis acciones?&lt;br /&gt;- Lo más rápido que puedas, antes que comiencen a bajar.&lt;br /&gt;- Gracias, T.W. Así lo haré.&lt;br /&gt;- Si tu amigo te pasa otra información, no dudes en ponerte en contacto conmigo - propuso T.W. con cierto recelo.&lt;br /&gt;- No lo dudes.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desconectó y apagó el ordenador. Reprimió un grito de alegría porque esa acción pondría en alerta a las personas que caminaban por aquella calle y no era el lugar adecuado para llamar la atención ni el momento oportuno para festejar el triunfo. Sólo se trataba de un logro parcial. El negocio de la bolsa lo saldaba con un beneficio de trescientos mil dólares, pero ahora restaba lo más importante, conseguir llevar a buen puerto la fusión. Sin duda, tras el chateo con T.W. las acciones de Bioconn bajarían de precio, sólo le quedaba el último golpe de efecto y el triunfo sería definitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A media tarde, el aeropuerto internacional de Los Angeles era un enjambre de personas que pululaban de un lado para otro. Los taxis aguardaban expectantes, en una fila ordenada, a las personas que vomitaban sin cesar los aviones que aterrizaban. Mientras que otros llegaban con prisas a la zona de salidas y de ellos bajaban futuros pasajeros que se dirigían con diligencia a la zona de embarque. Un repaso somero de las distintas zonas de embarque indicaba con total seguridad el destino de los viajeros. Varias colas, mal ordenadas, en las que se entremezclaban personas con atuendos veraniegos y algún que otro pantalón corto, con grandes y pesadas maletas llenas de equipaje, indicaba el destino turístico de éstos. Contrastando con aquellas, había varias filas, correctamente ordenadas, en las que se podía apreciar hombres trajeados con corbatas caras y maletines de piel, junto a mujeres impecablemente vestidas, alguna de ellas portando sobre su brazo la chaqueta, mientras que en la otra mano llevaban bien agarrado un maletín, sin lugar a dudas se trataba de ejecutivos que cogían el puente aéreo hacia su lugar de destino. En unas imperaba el bullicio, la alegría y el desorden. Sin embargo, en las otras, el silencio, la corrección y el orden marcaban las pautas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En otra zona de embarque había una cola mixta, constituida por pasajeros bulliciosos que vestían con camisas de manga larga, jerseys y chaquetas preparadas para utilizar en el lugar de destino, y niños que jugueteaban inquietos alrededor de las maletas. Probablemente se trataba de turistas que iban de vacaciones, los que reflejaban en su rostro una sonrisa delatora de agrado, o aquellos que regresaban compungidos de un periodo de descanso. Entre ellos, también había ejecutivos con actitud circunspecta, entretenidos seguramente en conversaciones de trabajo y ajenos al jolgorio de unos y a la desdicha de los otros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al final de aquella fila aguardaban con paciencia dos hombres que no pertenecían a uno ni a al otro grupo. No tenían aspecto de turistas ni de ejecutivos. El motivo de su viaje sería difícil de adivinar, así como su profesión, por la vestimenta informal con la que iban ataviados y por el rostro serio y sin concesiones que exteriorizaban.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos éstos tenían el mismo destino. En unas horas arribarían al aeropuerto John Fitzgerald Kennedy de Nueva York.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-114997746541395960?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/114997746541395960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=114997746541395960' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114997746541395960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114997746541395960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-quince.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  QUINCE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114997653093664961</id><published>2006-06-10T23:52:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:24:19.183+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  CATORCE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El bufete de abogados Williamson &amp; Weiss era uno de los más prestigiosos del país. Los lemas que utilizaban: eficacia, discreción y resultados, atraían a una pléyade de clientes entre los que destacaban diversos magnates y muchas de las más importantes empresas de Estados Unidos. La sede la tenían en Nueva York, pero sus abogados se desplazaban por todo el país, allí donde contrataran sus servicios. Treinta y cinco años de antigüedad avalaban su prestigio, así como el buen hacer de las aulas de Harvard, de donde se nutrían casi con exclusividad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antes de aceptar un caso, un departamento de selección lo estudiaba con minuciosidad, evaluando las posibilidades de cosechar un triunfo con el mismo, así como si cumplía los principios éticos exigidos, y que en Williamson &amp;amp; Weiss seguían con inflexible escrupulosidad. Una vez que había superado el tamiz previo se asignaba al abogado que más se ajustara a sus características, aunque en determinadas ocasiones y dependiendo de la magnitud del caso, de éste se hacía cargo un departamento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La fusión de Microgensyn y Bioconn tenía la suficiente envergadura como para requerir que Ted Williamson, decano del bufete, puesto compartido con su socio fundador Weiss, se hiciera cargo del caso. Precisó el trabajo de todo un departamento al frente del cual se encontraba Pascale Carter.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ted Williamson y Pascale Carter estaban alojados en el lujoso hotel W Los Angeles Westwood, muy cerca de Beverly Hills. Tras la reunión mantenida en Microgensyn, en la que se pactó la fusión de las dos empresas, tuvieron que prorrogar la estancia en el hotel hasta el día 23 de mayo. Allí disponían de todos los elementos necesarios para realizar su trabajo. Cada uno ocupaba una suite y utilizaban otra sala del hotel como despacho. En sus honorarios iban incluidos todos los gastos de desplazamiento, estancia y otros que surgían de forma extraordinaria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el despacho que utilizaban como oficina se empaparon de la noticia que publicaba Los Angeles Times y aguardaron la llamada de Microgensyn para trabajar en el problema que acababa de surgir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ésta no se hizo esperar. Cuando sonó el teléfono fue Ted Williamson quien lo descolgó, poniéndolo en la posición de manos libres para que la conversación pudiera ser escuchada por los dos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola, Ted. ¿Has leído la prensa? - preguntó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La tengo encima de mi mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué tienes que decir? - dijo Arthur Sullivan, esperando una respuesta clarificadora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que os pone en un serio compromiso. Yo diría que en estos momentos no podríais suscribir la fusión con Bioconn en los términos en los que se acordó el pacto - sugirió Ted Williamson.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pascale Carter seguía atenta la conversación, intentando captar todos los detalles, dispuesta a ejecutar el trabajo que surgiera de aquella llamada. Estaba sentada y ocupaba la otra mesa del despacho, sobre la que tenía el periódico que en estos momentos doblaba con pulcritud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso habría que analizarlo con frialdad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo creo. Correríais un riesgo muy grande. Es una decisión que hay que tomar el último día, porque si la adoptáis con antelación y se hace pública, la cotización de las acciones de Microgensyn caería todavía más - dijo Ted Williamson, aconsejando obrar con prudencia, mientras se echaba hacia atrás en el sillón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tenemos un problema muy grave, Ted.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ted Williamson se incorporó hacia delante y miró a Pascale Carter encontrando la mirada atenta de ésta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me lo imagino - contestó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todo esto exige la máxima confidencialidad. Existe un traidor entre nosotros que es preciso descubrir antes de que se cargue esta negociación con sus filtraciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿En qué te puedo ayudar, Arthur?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tenemos una pista. Sabemos que todo el problema lo originó una Agencia de Bolsa de Nueva York: NYBBrokers. Sin duda alguien les filtró el pacto con Bioconn y se puso en marcha todo el mecanismo que ha desencadenado esta pequeña tragedia - dijo, reflejando el estado de preocupación que le embargaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres que hagamos? - preguntó Ted Williamson.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Quiero que averigües lo sucedido a través de tus contactos en Nueva York.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo. Desde este momento ya estamos trabajando en ello. Te aseguro que tendrás buenas noticias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando terminó la conversación telefónica, Ted Williamson se levantó de su asiento y se dirigió hacia Pascale Carter. Ella apartó el periódico y colocó varios folios sobre la mesa, cogió un bolígrafo fino, dorado y miró a su jefe, presta a planear el trabajo que tenían por delante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué piensas, Pascale?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. Esto es muy extraño. Llevamos mucho tiempo trabajando en esta fusión y ahora resulta que una de las dos partes no está interesada en el acuerdo. No me gusta que jueguen con nosotros y menos con nuestro trabajo - aseguró ella, seria y con un tono algo enfadado -. No debimos permitir que el pacto quedara en el aire. Tuvimos que haber presionado para que se firmara en aquella reunión - afirmó Pascale Carter con el énfasis con el que envolvía cada una de sus apreciaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La intención era esperar para que la equivalencia de las acciones fuera de cuatro a una y no de tres a una.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Pero ahora tenemos la cláusula de salvaguarda propuesta por Christopher Norton y en cualquier momento alguna de las partes puede romper el acuerdo. El acuerdo de tres a uno es malo, pero sólo relativamente, porque sería correcto si se confirma que la vacuna contra el SIDA de Bioconn es eficaz. En estos momentos la situación está peor que el martes, la equivalencia es de dos a uno - Pascale Carter, mientras hablaba, separaba con delicadeza el pelo corto y sedoso, que le caía cerca de los ojos, y con movimientos estereotipados utilizaba las manos para repeinarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te recuerdo que fuiste tú quien propuso que sería conveniente preparar una estrategia que hiciera bajar el precio de las acciones de Bioconn y aconsejaste a Arthur Sullivan que lo ideal sería una paridad de cuatro a uno. En cierto modo, eres la responsable de esta situación - acusó Ted Williamson.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Eso aconsejé y sigo pensando que podría haber sido una buena estrategia - respondió con frialdad -, si no hubiera sido porque alguien ha sido más hábil y se ha inmiscuido, echando por la borda todo el plan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién piensas que es el culpable?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé. Tengo que analizarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Confío en tu intuición. Eres demasiado astuta para que un detalle como éste se te haya escapado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pocas personas han tenido acceso a esa información - respondió, escueta, mientras dibujaba garabatos anárquicos en el folio; figuras abstractas con significado simbólico, según los ojos del observador que quisiera asignar a aquellos trazos un paralelismo idealizado en las vivencias del autor y la realidad que había provocado aquello.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es evidente. Por una parte tenemos a los representantes de Bioconn, que obviamente han sido los grandes beneficiados de este suceso y por otra parte tenemos a nuestros clientes… - hizo una pausa -… ¿Qué opinas de Christopher Norton? - sugirió, al cabo, con tono escéptico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Christopher Norton… - musitó levemente -. Él fue quien propuso la cláusula de salvaguarda y el que propició que todo quedara en el aire. Pero imagino que esa iniciativa partiría de Arthur Sullivan o en todo caso lo tenían preparado, porque estaban de acuerdo. También son sospechosos, pueden tener otras intenciones, ¿quién sabe? - añadió, dubitativa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo descartaría a Arthur Sullivan. Ha sido él quien nos ha llamado para que investiguemos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Igual es una medida ficticia para distraer nuestra atención y tenernos ocupados mientras mueve ficha.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y Mary Fishers?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ella no sabía nada de este asunto - respondió con acritud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, Pascale, nosotros estamos aquí para trabajar y nuestros honorarios están asegurados. Francamente, me trae sin cuidado el autor de todo este desaguisado. Vamos a ver qué descubrimos - dijo Ted Williamson, con menosprecio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te recuerdo que nuestro objetivo es lograr la fusión de las dos empresas. Nos jugamos una comisión muy importante si lo logramos. No estoy dispuesta a dejar escapar esta oportunidad y perder la parte que a mí me corresponde - sentenció Pascale Carter, enfadada con la posibilidad de perder un cuarto de millón de dólares, sólo de comisión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso vamos a llamar a Nueva York. Habla con McAllister, que deje todo lo que esté haciendo y que se dedique en exclusiva a esto. Quiero un informe sobre mi mesa en menos de una hora - ordenó él, con gesto autoritario antes de volver a su mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;McAllister era un abogado del despacho de Williamson &amp; Weiss de mediana edad, cercano a los cuarenta y cinco años. Llevaba veinte en el bufete y tuvo el honor de ser el primero que entró a trabajar que no procedía de Harvard. En los primeros tiempos tuvo que aguantar las suspicacias y miradas con segunda intención como consecuencia de su origen; pero, en poco tiempo, gracias a la eficacia demostrada en su trabajo y su carácter abierto, olvidando los agravios sufridos, se granjeó el afecto y el aprecio de los compañeros y dirigentes del bufete.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tenía una especial habilidad para las relaciones personales. Sus contactos al más alto nivel eran muy numerosos. Cuando había que buscar algo complicado o conseguir cierta información confidencial, lo conseguía con apenas unas llamadas telefónicas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pascale Carter estaba furiosa. Ambiciosa empedernida, de carácter dominante y sin contemplaciones, no iba a dejar que aquello supusiera un duro revés para ella. Había trabajado duro durante dos años y mantenido arduas negociaciones con los ejecutivos de Microgensyn y de Bioconn, así como con Brent Sanders. Todo lo tenía concienzudamente planificado para que la fusión fuera un éxito y una comisión, por partida doble, le esperaba, más los honorarios correspondientes. Por una parte estaba la comisión por la fusión y, por otra parte, obtendría un buen pastel, en forma de comisión, si lograba que ésta se alcanzase en las condiciones de cuatro acciones de Bioconn por una de Microgensyn. No estaba dispuesta a renunciar a aquello por lo que había trabajado con tanto empeño y que por este desdichado incidente podría poner en peligro su objetivo. Dibujó un algoritmo, encabezado por la palabra reunión; de él salían cuatro flechas en las que apuntó los nombres de Bioconn; Sanders, Tigar &amp; Truesdale; Microgensyn y Williamson &amp;amp; Weiss. No descartaba a nadie. Cada nombre lo rodeó con un círculo y un signo de interrogación. De cada círculo salía, a su vez, una flecha, confluyendo todas en un nombre que encerró en un rectángulo, McAllister. De éste partía una nueva flecha que finalizaba en la palabra: solución.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-114997653093664961?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/114997653093664961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=114997653093664961' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114997653093664961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114997653093664961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-catorce.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  CATORCE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114989792957611787</id><published>2006-06-10T01:53:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:23:36.666+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  TRECE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;A las ocho de la mañana del jueves cuatro de mayo la temperatura era aceptable, pero el cielo de Los Angeles estaba cubierto por una neblina portadora de malos augurios. La bonanza de los días anteriores dejaba paso a un periodo de inestabilidad acompañado de una borrasca de malas noticias, como si ambos, climatología y sucesos, fueran acompañados de la mano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el despacho de Arthur Sullivan, Charles Scott leía atentamente el periódico Los Angeles Times y en su rostro se adivinaba la honda preocupación que le causaba la noticia que estaba leyendo. Arthur Sullivan ordenó a Ellen Fletcher que llamara a Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No tuvieron que esperar mucho tiempo. En apenas unos minutos se reunió con ellos. La noticia ya era conocida en Microgensyn y desde su llegada pudo comprobar cómo, en todos los despachos, leían con avidez la información que acababa de ser publicada. Sabía que se convocaría una reunión urgente por lo que preparó la estrategia a seguir antes de ser llamado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Buenos días - con gesto serio saludó Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ni Arthur Sullivan ni Charles Scott respondieron a su saludo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Has leído la prensa? Christopher - Arthur Sullivan estaba de pie, en el centro del despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí - afirmó sin pronunciarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y qué tienes que decir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que algún perro ha filtrado el acuerdo - contestó, dejando patente su enfado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los Angeles Times publicaba en primera página, con gran profusión de caracteres tipográficos, la espectacular subida en la bolsa de Nueva York de Bioconn, motivada por el acuerdo de fusión que había alcanzado con Microgensyn. Así mismo, informaba de la pérdida sufrida por Microgensyn en la bolsa, en la misma sesión, como consecuencia del castigo que había sufrido por parte de los inversores, aunque los analistas no supieron justificar esta depreciación. No detallaban las fuentes de información, aunque aseguraban que la noticia partió de una agencia bursátil en la que el día anterior prácticamente sólo operaban con ese valor, y de ahí se extendió a las demás, cuando los miembros de ésta hicieron pública la noticia del porqué de sus inversiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso es evidente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué opináis? ¿Quién ha podido ser? - preguntó Charles Scott.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé - respondió Arthur Sullivan -, pero ha tenido que ser alguien que estuvo presente en la reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No creas. Puede ser que eso no sea cierto - propuso Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir? - inquirió Charles Scott.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que hay más personas que conocen el acuerdo de fusión con Bioconn y que no estuvieron presentes en la reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién? ¿Cómo es posible eso?- dijo Arthur Sullivan, reflejando la ansiedad que le creaba aquella situación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El Doctor Hodgkins.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡El Doctor Hodgkins! - exclamó Charles Scott -. ¿Cómo puede estar enterado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé - contestó Christopher Norton, adivinándose en su gesto la incertidumbre que le creaba desconocer el origen de aquella información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo lo sabes? Christopher. ¿Estás seguro? - ahora lo interrogaba Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Querían respuestas, por eso acosaban a Christopher Norton. Si alguien en Microgensyn podía tener respuestas esa era la persona que tenían ante ellos. Confiaban en él, pero en aquel momento necesitaban soluciones y también dudaban de él. En aquellas circunstancias todos eran sospechosos, y Christopher Norton podría encabezar la lista por la información que manejaba y las maniobras subliminales que acometía con descarada impunidad y que la cúpula directiva de Microgensyn consentía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me lo comentó ayer, en la reunión que mantuvimos. Me preguntó que por qué queríamos vigilar a Mary Fishers, si acaso el problema era la fusión con Bioconn y no quiso ser más explícito. Ya lo conocéis.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es un personaje siniestro y mafioso. No me fío de él. No sé si hemos obrado bien - comentó Charles Scott, que seguía sentado, ahora ya con el periódico doblado sobre sus piernas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero muy eficaz. No lo olvidéis. Más de un proyecto nuestro ha salido adelante gracias a la información que él nos suministró procedente del espionaje científico a otros laboratorios - sentenció con autoridad Christopher Norton, mientras sus interlocutores asentían. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Crees que ha sido él? - se interesó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Francamente, creo que no. Si tengo que defenderlo, una virtud suya es la prudencia con la que se maneja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entonces, ¿quién ha podido ser? - volvió a preguntar Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé, pero lo averiguaremos - sentenció Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Porque tal como está la situación el proyecto de fusión se complica por momentos. Si la operación tuviera que cerrarse hoy, el precio que pagaría Microgensyn sería demasiado elevado. Incluso deberíamos cuestionar si continuábamos hacia delante o bien dejar las cosas tal cual están y emprender una nueva negociación cuando el precio de las acciones se ajustara más a la realidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Arthur, dime, ¿cuándo te enteraste de lo que estaba sucediendo en la bolsa? - interrogaba Christopher Norton, con la intención de encontrar una pista que fuera de utilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ayer por la tarde me llamó mi agente de bolsa y me puso al corriente de lo que estaba sucediendo. Incluso me dijo que la agencia de bolsa que desencadenó esta tormenta fue NYBBrokers.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuándo comenzó la escalada de Bioconn? ¿Lo preguntaste?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Me dijo que desde que abrió Wall Street las órdenes de compra de paquetes de acciones de Bioconn se sucedían sin cesar y eso llamó la atención de las demás agencias. Pero, realmente, el movimiento comenzó el martes, veinte minutos antes de terminar la sesión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso quiere decir que apenas unas horas después de terminar nuestra reunión con los representantes de Bioconn, alguien filtró la información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Con qué finalidad? - se interesó Charles Scott -. ¿Sospecháis de los representantes de Bioconn?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sólo sabemos que han subido las acciones. Quién ha sido y los motivos que tendría es más difícil. Los directivos de Bioconn no creo que fueran puesto que ya habíamos cuestionado el precio de tres acciones por una de Microgensyn que nos parecía exagerado, aunque lo aceptamos. Queda por cuestionar el hecho de saber si verdaderamente estaban interesados en la fusión o fue una maniobra para dar un pelotazo en bolsa. La opción del pelotazo la desestimo porque se habrían aprovechado de la utilización de información privilegiada y hubieran podido cometer un delito que fuera investigado por la comisión pertinente - los dos interlocutores escuchaban a Christopher Norton atentamente -. Ahora bien, tenemos que investigar si realmente estaban interesados en la fusión o sólo fue una estrategia dilatoria para consolidar su empresa y luego negociar por libre con la fuerza que el mercado les otorga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- También estaban sus abogados y nuestros abogados - aseveró Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tampoco creo que fueran los abogados. El riesgo que corren es demasiado grande. El Colegio de Abogados le podría retirar la licencia para ejercer su profesión al profesional que hubiese revelado tal información.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Entonces? Ahora va a resultar que todo el mundo tenía motivos pero no podemos sospechar de nadie - aseveró Arthur Sullivan, hosco, mirando alternativamente a Christopher Norton y a Charles Scott.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Había alguien más - los dos lo miraron expectantes -. Sólo quedamos nosotros tres - atacó Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Charles Scott se levantó como si un resorte lo hubiera empujado al oír las palabras de Christopher Norton y luego apuntó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué pretendes, Christopher?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Poner las cartas sobre la mesa y dejar claro que aquí somos todos sospechosos. ¿Acaso no dudáis de mí? - se atrevió a preguntar Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los dos callaron. Un silencio elocuente que agradó a Christopher Norton y que le confirmó que sus ideas eran compartidas por ellos. Por lo tanto, podía poner sobre la mesa que él también desconfiaba de sus superiores. Conocían su teoría acerca de que nadie es inocente hasta que no existe un culpable, aunque el culpable sea inocente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué propones, Christopher? - preguntó Arthur Sullivan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No creo que sea relevante conocer el nombre de la persona que ha filtrado la noticia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo que no? Hay un traidor entre nosotros y es preciso que lo descubramos antes de que sea demasiado tarde. Tenemos que saber con quién tratamos - respondió enfadado Arthur Sullivan, acercándose con aire amenazador a Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, supongo que hay que hacer algo - respondió con ironía, no dándose por aludido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Por supuesto que hay que hacer algo! - añadió Charles Scott, queriendo reflejar la inocencia que presuponía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, podemos comenzar por el final, por NYBBrokers, ya que es la única pista que tenemos y luego tirar del hilo hasta encontrar a nuestro traidor - propuso Christopher Norton.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dejo el tema en tus manos. Puedes actuar con total libertad y autonomía, pero exijo resultados. Quiero la cabeza de ese mentecato sobre mi mesa. ¿Entendido? - concluyó Arthur Sullivan, mientras apuntaba con su dedo índice en dirección a su mesa, contrariado por el problema que le había ocasionado aquella filtración.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Entendido. Tendrás su nombre - asintió Christopher Norton, con actitud elocuente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso espero… - sentenció Arthur Sullivan y dejó en suspenso su frase para que él la concluyera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arthur Sullivan y Christopher Norton habían librado cientos de batallas juntos, de las que casi siempre salían victoriosos, gracias a la eficacia de las aportaciones de ambos. Existía confianza y un respeto mutuo que quedaba patente cuando cada uno representaba su propio papel, sin inmiscuirse en las labores y los subterfugios que al otro le tocaba jugar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton comprendió que estaba en la picota y que sus jefes pensaban que podría tratarse del traidor. Arthur Sullivan lo sentenció con un ultimátum: quería una víctima, un nombre, el traidor que obró de aquel modo. No estaba dispuesto a arriesgarse con el beneficio de la duda porque sabía que hablaba en serio y corría el riesgo de perder en pocos días todo aquello que con tanto trabajo y después de tantos años había logrado alcanzar. Solazarse con el consuelo de que la cima sólo se consigue después de sortear múltiples vericuetos no iba con él. En sus adentros, disfrutaba con aquella situación, le gustaban los retos y más, si cabe, sentir la adrenalina bullir en su cuerpo, cuando su cabeza estaba en juego. Y podía ganar o perder, aunque no fuera el culpable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El proyecto de fusión de Microgensyn y Bioconn corría serio peligro. Arthur Sullivan, embriagado de poder, quería presidir el Laboratorio Farmacéutico más poderoso del mundo, pero en estos momentos todo el entramado se le podía venir abajo desde que la prensa hizo pública la noticia que con tanto sigilo habían ocultado durante dos años. El precio a pagar por la política del poder estaba directamente relacionado con la cuantía del riesgo que él estaba dispuesto a asumir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ascensor se detuvo en la tercera planta. Christopher Norton, ensimismado en los acontecimientos que acababa de vivir, no reparó que la puerta del ascensor se cerraba. En el último instante reaccionó, alargó su mano, interponiéndola entre las puertas, y el dispositivo electrónico del ascensor las volvió a abrir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando salió vio a Mary Fishers dirigirse hacia su despacho. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Otra vez ésta, pensó con despecho, ¿qué querrá ahora? Espero que me traiga buenas noticias y no me cree más problemas. Esa mujer me saca de quicio, parece una diosa y todo el mundo la adula y se rinde a sus encantos, pero no sabe dónde se ha metido, no sabe lo que le espera. Acabaré con ella, o ella o yo.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba enfadado y la presencia de Mary le hizo recobrar la sensatez de la realidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres, Mary? - le espetó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hablar contigo - respondió, impávida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bien, pasa al despacho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vez dentro del despacho, él le dio la espalda, colocándose delante de la ventana y dedicándose a otear el horizonte, como ignorando aquella visita inesperada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y bien? ¿No me vas a preguntar a qué he venido? - Demandó ella, sin titubeos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto que sí, Mary. Ardo en deseos de conocer lo que me quieres decir - contestó irónico -. Te escucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Necesito una cámara fotográfica pequeña, fácil de esconder.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Para qué? - indagó Christopher Norton, sorprendido por aquella petición.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo que sé dónde guarda Jeff Colleman la documentación de la vacuna - respondió satisfecha, conocedora de que con aquella respuesta hería el orgullo de Christopher Norton que la consideraba incapaz de salir airosa de la misión que le habían exigido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Necesitas una cualquiera o una cámara especial?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. Ayer cuando entré en las dependencias de Bioconn pasaron mi bolso por un escáner.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso necesitas una cámara profesional, bien disimulada en otro objeto - propuso él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton codiciaba una información que le era vital. Para ello utilizaría a Mary Fishers y colaboraría con ella suministrándole la infraestructura material que precisara. Un apoyo incondicional preñado de intereses que ella desconocía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Como tú digas. No quiero que me descubran.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te preocupes. Necesitamos esa información. Te proporcionaré una cámara especial, de las que utilizan los espías - en el fondo ansiaba que la pillaran in fraganti, pero precisaba aquello que ella podía descubrir por lo que no tenía otra opción que cooperar con ella. Por su mente elucubradora pasó la imagen perversa del Doctor Hodgkins, imaginó que éste podría averiguar el resultado final de la vacuna, y tenderle una trampa a Mary Fishers en Bioconn para librarse de ella con inicua premeditación. El pensamiento fue fugaz y lo desechó con la misma rapidez que se le pasó por la mente ya que la misión era muy delicada por la utilización que pensaban realizar con la información obtenida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿De dónde la vas a sacar?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Déjalo de mi parte. Hay tiendas… ¿Sabes?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo agradezco - aquellas palabras, dichas sin un análisis previo, sonaban extrañas en los labios de Mary Fishers. Era la primera vez que le agradecía algo y se giró para encubrir su sonrojo -. A propósito, Christopher, ¿es cierta la noticia?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué noticia? - respondió con el parco disimulo de coger de su mesa un abre cartas y hacer el gesto de limarse las uñas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo que publica en primera página Los Angeles Times. El acuerdo de fusión entre Bioconn y Microgensyn - aseveró ella, mientras se desplazaba hacia él con la firme intención de poder observar su rostro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sólo son rumores que alguien malintencionado ha lanzado para hacer subir el precio de las acciones y llevarse una buena tajada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Christopher Norton soltó el discurso sin inmutarse, como si cada palabra estuviera preparada de antemano, como si estuviera dando una conferencia de prensa, sin decir nada que pudiera hacer sospechar la veracidad de la información. Pero Mary no se tragó aquello dicho con frialdad pasmosa y que sonaba a una verdad disfrazada con el velo de la confidencialidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te creo, Chris - pasó al ataque, con asombrosa serenidad, cuando lo llamó de aquel modo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Puedes creer lo que quieras. No me interesa - dijo él, con una sonrisa despectiva, mirándola en esta ocasión -. Este asunto no es de tu incumbencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí que me incumbe - respondió ella, con rabia contenida -. ¿Qué pinto yo en esta trama si, según parece, Microgensyn y Bioconn se van a fusionar? Y, además, ¿qué más da saber si la vacuna de Bioconn es efectiva o no? Al fin y al cabo, cuando la fusión sea un hecho, porque estoy convencida de la veracidad de esa noticia, vais a conocer todos los pormenores de la vacuna de Jeff Colleman, o ¿acaso es eso lo que buscáis? Ya lo veo, queréis presentar a la comunidad científica la vacuna del SIDA y por eso os fusionáis.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es eso - respondió, cortante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí es eso. No confiabais en mí. De esta manera os asegurabais el futuro de la empresa. Si el proyecto de mi vacuna fracasaba, vosotros tendríais otra, en la recámara, para comercializarla - llena de ira, Mary aceptaba su fracaso personal, pero no soportaba el menosprecio y la humillación a la que había sido sometida por parte de Microgensyn -. Francamente, estáis jugando conmigo. No merezco este trato.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, cálmate - respondió Christopher Norton, intentando apaciguar la zozobra de aquella situación -. Llegado el momento te convencerás de que todo lo que te he dicho es la verdad y que no hay nada detrás de todo esto. Microgensyn necesita un Premio Nobel y sólo tú nos lo puedes dar. Te hemos encomendado esa misión por tu bien, para que ese premio sea para ti. Tú sigue trabajando y conseguirás la vacuna - agregó él con un cinismo moderado, dulcificando su expresión para ser más convincente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sigo sin creerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo que tú digas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. Ocúpate de tener lista la cámara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La tendrás. Ya te avisaré.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada vez aquello se complicaba más. Cada día surgía un inconveniente nuevo que dificultaba la resolución de aquel puzzle. Cada vez que pedía explicaciones, Mary obtenía más evasivas por respuesta. Tenía que hacer frente a cualquier acontecimiento imprevisto; todo era posible en el idolatrado Microgensyn, y en estos momentos se parecía más a una agencia de conspiración que a un loable Laboratorio Farmacéutico. Dejarse llevar por la prudencia en sus actos no le resultaba difícil, puesto que siempre había obrado así, pero imbuir su conducta en el recelo permanente le resultaba más complicado puesto que nunca entró a formar parte de su personalidad. No obstante, se dejaría asesorar por su intuición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El despacho de David O´Connor parecía un hervidero desde primeras horas de la mañana. Las noticias halagüeñas les habían sorprendido, causando estupefacción. Las secretarias entraban y salían con órdenes, comunicados y escritos, realizando los preparativos de la reunión ejecutiva convocada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bioconn nació como una empresa familiar fundada cinco generaciones atrás por Edward O´Connor. Al principio fue una farmacia que dispensaba productos farmacéuticos hasta que comenzó a fabricar sus propios medicamentos que vendía al público y a otras farmacias. Con la introducción de una cadena de fabricación y la contratación de químicos para la síntesis y elaboración de nuevas moléculas se originó el germen de lo que más tarde sería una multinacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora ocupaba el cuarto puesto mundial en la industria farmacéutica, gracias al esfuerzo encomiable y perseverante de David O´Connor, quinto O´Connor en ocupar la presidencia de Bioconn y a punto de cerrar una operación labrada y concienzudamente planificada durante dos años, para convertirse, junto con Microgensyn en el número uno mundial en su sector.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En torno a la mesa estaba reunida la cúpula ejecutiva de Bioconn junto con los miembros del gabinete de abogados que había participado en la negociación con Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Esos perros de Microgensyn nos la han jugado - intervino lleno de cólera Jason O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Modera tu vocabulario, Jason - le advirtió su padre -. He convocado esta reunión para analizar los problemas que pueden surgir a raíz de la filtración de nuestra fusión con Microgensyn y la gran subida en bolsa que hemos tenido - David O´Connor intervino para exponer el motivo de la reunión convocada con premura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Antes de comenzar a debatir este asunto es imprescindible señalar que en Microgensyn estarán viviendo la misma situación y habrá cundido la alarma. Por eso, señores, es preciso dejar bien sentado que la filtración no ha partido de ninguno de los presentes en esta reunión - Brent Sanders hizo una pausa que aprovechó para mirar los gestos de los asistentes -. Porque en ese caso esta reunión no tendría razón de ser.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos protestaron la intervención de Brent Sanders y dejaron claro que ninguno tuvo nada que ver con aquella filtración. Algunos fueron más elocuentes, defendiendo su inocencia con vehemencia, mientras que otros, más parcos en palabras, simplemente dijeron que no tenían nada que ver con aquel asunto. Una vez aclarada la fase preliminar, continuaron con la reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En síntesis, señores, el problema es el siguiente: Arthur Sullivan mostró su reticencia a la equivalencia de tres acciones de Bioconn por una de Microgensyn. Con los sucesos acaecidos ayer en la Bolsa de Nueva York, la subida de Bioconn, por una parte, y la bajada de Microgensyn por otra, la situación actual nos acerca a Microgensyn ya que dos acciones nuestras equivalen a una de ellos. Si no cambian las circunstancias, ellos pueden hacer valer la cláusula de salvaguarda y romper el pacto de fusión antes del día veintidós, con lo cual nos exponemos a tirar por la borda el trabajo de dos años - dijo David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Yo creo que en este momento, dado el giro que han tomado los acontecimientos, deberíamos replantearnos la cuestión - propuso Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A qué se refiere, señor Sanders? ¿Cuál es la cuestión? - preguntó Jason O´Connor, mientras escribía en un folio que tenía sobre la mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La cuestión es la siguiente: ¿A Bioconn le conviene, actualmente, la fusión con Microgensyn? - Brent Sanders dejó la pregunta en el aire y buscó la reacción de David O´Connor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Otra vez se hizo el silencio. Nadie intervenía. Todos analizaban y valoraban la propuesta de Brent Sanders. Probablemente, los ejecutivos de Bioconn no tuvieron en cuenta aquella opción que ahora se les ofrecía, inmersos en las prisas y la sorpresa que les había causado la subida de las acciones. Sin embargo, los abogados, expertos en estas lides, tenían una perspectiva diferente del evento, la cual utilizaban para abarcar todos los aspectos del problema surgido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Con el precio actual de Bioconn en bolsa y las opciones de revalorización todavía pendientes, cuando se haga oficial el resultado de la vacuna del SIDA, ustedes deben decidir si todavía les interesa la fusión con Microgensyn. Podrían ser ustedes los que se acogieran a la cláusula de salvaguarda y no ellos - añadió Craig Schwab, matizando el comentario de su jefe Brent Sanders.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;David O´Connor intercambió con su hijo Jason una mirada elocuente, fría e inexpresiva. Una mirada con la que cada uno adivinó lo que estaba pensando el otro. Antes de intervenir, David O´Connor, al que todos miraban esperando la decisión que él adoptara, jugueteaba con su bolígrafo sobre la mesa, haciéndolo girar una y otra vez, hasta que por fin se decidió y respondió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Nos interesa la fusión. En el mercado actual sólo sobrevivirán las empresas más fuertes y poderosas. Nosotros tenemos ahora la oportunidad de entrar en ese selecto club, por tanto, no tendremos en cuenta la cláusula de salvaguarda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, nos toca mover ficha. En Microgensyn estarán esperando una explicación por nuestra parte acerca de lo sucedido - propuso Jason O´Connor, dando por buena la decisión adoptada por su padre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo estimo pertinente. Sin duda, en Microgensyn estarán expectantes y esa incertidumbre nos beneficia. Creo que debemos esperar y que sean ellos los que decidan - Brent Sanders, abogado curtido en mil batallas, siempre intervenía en los momentos clave y la autoridad con la que investía cada una de sus propuestas hacía que fueran aceptadas como dogma de fe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Probablemente tenga usted razón. Si no hay ninguna opinión en contra propongo dejar las cosas como están y esperar el paso de los días para ver qué decide Microgensyn - sentenció David O´Connor, sabedor de que ningún miembro de su empresa se iba a oponer a una decisión que él tomara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La cuestión estaba zanjada. La decisión adoptada dejaría que la partida transcurriese hasta que cada cual depositara sus cartas sobre la mesa y se conociera el vencedor. Bioconn jugaba fuerte, con la seguridad que le otorgaban las cartas ganadoras, por eso estaba dispuesto a lanzar este órdago a Microgensyn.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-114989792957611787?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/114989792957611787/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=114989792957611787' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114989792957611787'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114989792957611787'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-trece.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  TRECE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114989659329391565</id><published>2006-06-10T01:35:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:23:02.326+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DOCE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;A las cinco en punto, Mary Fishers, llegó a Bioconn. Con puntualidad exquisita acudía a aquella cita, con la cual iniciaba una nueva labor profesional. Con las reservas pertinentes y un nerviosismo disimulado que horadaba su estómago ya estaba allí. Tenía que actuar con decisión y la precisión infalible que le evitara ser descubierta en sus intenciones. Vestía pantalones de color arena, rectos, de cintura baja; camiseta color negro, escote palabra de honor, y sobre él destacaba el color blanco de la tarjeta de acreditación que llevaba sujeta por una pinza y en la que se podía leer su nombre y la palabra “visita”; las sandalias eran escotadas, negras y de tacón alto. Los vigilantes de seguridad le indicaron el camino a seguir para encontrar el despacho de Jeff Colleman.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Él estaba ante la puerta del ascensor. Había salido a recibirla y esperaba que éste se abriera. Mary subía por las escaleras y cuando llegó al rellano lo vio allí, de espaldas. Ella se quedó en silencio, observándolo, presintiendo que la estaba esperando. Aquella acción caballerosa le agradó, y pensó que en los últimos tiempos ya no abundaban las buenas costumbres ni los detalles hacia las mujeres, que tanto les complacían.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un perfume suave y cálido, con aromas florales, llamó su atención. Se dio media vuelta y la encontró allí, de pie, mirándolo en silencio. Esbozó una sonrisa y se dirigió hacia ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siempre que quedamos me encuentras de espaldas - dijo él, mientras estrechaba la mano de ella -. Aunque, lo cierto, es que te estaba esperando, creía que ibas a subir por el ascensor - se disculpó.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Agradezco el detalle. La culpa ha sido mía. No es necesario que te disculpes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ven. Vamos a mi despacho. Está al final del pasillo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde que había llegado a Bioconn se dedicó a memorizar cada uno de los detalles de la empresa. En la entrada se detuvo ante el panel en el que estaban especificadas, con letras de color negro sobre fondo blanco, todas las dependencias y departamentos, así cómo las alas y número de piso que ocupaban. Así mismo se fijó en las medidas de protección, personal de vigilancia, cámaras y dispositivos de alarma, que comparándolas con Microgensyn, parecían menos rigurosas. Sin duda, agradecía aquel detalle porque no tenía la menor idea de cómo poder llevar a cabo su misión, a no ser que un golpe de suerte se le cruzara por el camino. Pero, estaba allí para intentarlo. Ya no se podía arrepentir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Examinó el despacho de Jeff y no le llamó la atención nada en especial. Un despacho como otro cualquiera. Mesa de caoba sobre la que se distinguía una pantalla de ordenador y luego el teclado y diversas carpetas en ligero desorden. Una amplia estantería de madera con libros, archivadores y un anaquel con una colección de tarros de cerámica antigua, que en algún momento habrían servido de recipiente para productos químicos. Dos sillones de estilo clásico situados delante de la mesa y tres acuarelas de paisajes, que no atinaba a localizar, en una de las paredes, configuraban aquella discreta estancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Siéntate, Mary. Disculpa este pequeño desorden - se excusó, mientras ordenaba el teclado y colocaba las carpetas en uno de los cajones de la mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella reparó en un detalle que desde su posición anterior no pudo divisar. Estaba situada detrás de la mesa, a la derecha de Jeff, y encima descansaba la impresora. Se trataba de una caja fuerte de grandes proporciones disimulada como un elemento más del mobiliario. Después de contemplarla, ella contestó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es lo habitual cuando uno está trabajando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hace ya seis días desde que nos conocimos y de nuestra primera cita y no he podido dejar de pensar en…- decía él, mirándola a los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En nuestro proyecto de investigación, ¿no? - ella no le dejó concluir su frase.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí… Bueno, en nuestra teoría - asintió él, fingiendo la certeza de lo que decía -. Creo que es una buena línea de investigación y no he parado de darle vueltas, así que también he pensado mucho en nuestra colaboración profesional - concluyó su frase anterior -. Y tú, ¿has tenido alguna idea nueva al respecto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si… digo no - estaba nerviosa. Estar a solas con Jeff Colleman le producía sensaciones extrañas, podía notar cómo latía su corazón y el pulso se le aceleraba -. Quiero decir que estoy de acuerdo contigo - absorta, dijo lo primero que se le ocurrió. Los hechos precedentes a la cita con Jeff la tenían presa y, por supuesto, no dedicó ningún momento a pensar en la teoría de la evolución, motivo por el cual se habían reunido hoy en el despacho de Jeff.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, ¿en qué estás de acuerdo conmigo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En las ideas que tuviste en España - se atrevió ella a decir, recobrando el control de la situación, acercándose a la mesa y retirándose el pelo, que ocultaba sus ojos, hacia atrás -. Podemos diseñar, ahora mismo, las líneas maestras de nuestra investigación - afirmó con gran determinación, dejando atrás los titubeos iniciales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo, escucha lo que he estado pensando. Podemos trazar dos líneas de investigación. En la primera, podríamos coger un virus y desintegrarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Desintegrarlo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí. Déjame que te explique. Cogemos un virus ADN, rompemos la cubierta y extraemos el material genético. Luego procedemos a realizar la misma operación en la cadena de ADN, lo manipulamos hasta conseguir los nucleótidos de los que está compuesto. Después, cultivamos éstos y esperamos a ver qué es lo que sucede.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué medio de cultivo vamos a utilizar?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál se te ocurre? ¿Cuál pudo ser el primer medio de cultivo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El agua - respondió ella, convencida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Exacto. Primero debió de haber agua y después se generó todo un cúmulo de reacciones químicas, en torno a ella, que dieron lugar a la aparición de seres vivos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y por qué utilizar nucleótidos y no sus distintos principios químicos inmediatos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es una forma de acelerar el proceso. Si utilizáramos el carbono, el oxígeno, el fósforo o cualquiera de los demás componentes por separado y esperáramos a que estos se unieran para formar el nucleótido, probablemente no lo lograríamos ya que precisaría mucho tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Una evidencia científica de nuestro experimento sería demostrar que éstos, en medios favorables, pueden unirse y formar una molécula elemental de ADN. ¿No es eso lo que estás sugiriendo? Jeff - propuso ella, centrada ya en el tema que había venido a debatir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Exacto. Sería un primer paso, pero corroboraría nuestra hipótesis y un acicate para continuar con nuestros experimentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En los gestos de Jeff Colleman se podían apreciar la ilusión y el interés que la teoría de Mary Fishers despertaba en él. Mary se percató, a medida que él la ilustraba con sus propuestas, que durante estos días había trabajado con meticulosidad para presentarle unas ideas coherentes y rigurosas que ella debería aprobar. Por el momento, creía percibir algún atisbo en él que la inducía a pensar que aquel trabajo lo realizaba con el fin de lograr un objetivo sentimental, aunque también profesional, y en el fondo, halagada, no le disgustaba aquella situación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y la segunda línea de investigación?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La segunda línea, como ya te comenté, consistiría en cultivar virus y ver qué sucede con ellos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Dime, ¿qué has ideado? - dijo ella, dando por sentado que él ya había discurrido la forma de llevar a cabo el experimento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cultivaríamos diferentes tipos de virus, desde los más simples a los más evolucionados filogenéticamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Propones alguno en concreto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Pienso que lo tenemos que debatir, aunque a decir verdad, creo que deberíamos de incluir algún virus que afecte específicamente a las algas, puesto que el hábitat natural de éstos es el agua. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Las condiciones del agua en el medio de cultivo, ¿cuáles deberían ser?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto, habría que habilitar diferentes situaciones en cada uno de los diferentes cultivos acuosos. Como, por ejemplo, mayor o menor temperatura, más o menos salubridad, mayor o menor presión, y otras cualidades que se nos vayan ocurriendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Llegado a este punto, pienso que deberíamos incluir dos nuevos medios de cultivo - afirmó ella, metida de lleno en el proyecto y calculando las probabilidades de éxito del mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuáles? - inquirió Jeff, sorprendido por la nueva propuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por los últimos estudios científicos, se conoce que al principio la corteza terrestre tenía una concentración extraordinariamente importante de hierro, fundamentalmente en forma ferrosa. Creo que deberíamos de tener en cuenta esta premisa e incluir ese medio de cultivo y esperar a ver qué sucede.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ninguna objeción por mi parte. Estoy de acuerdo. ¿Y el segundo medio de cultivo, cuál es?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Teniendo en cuenta esos mismos estudios, en los albores de la tierra no existía el oxígeno y se cree que fueron determinadas bacterias las que producían y excretaban el oxígeno al medio ambiente, dando lugar de ese modo a la atmósfera. Pienso que deberíamos de tener en cuenta también esta teoría e incluir un medio de cultivo sin oxígeno, con una concentración elevada en hidrógeno, metano y amoniaco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- También estoy de acuerdo. ¡Muy valiosas tus ideas! Hubiera sido un fallo muy grave no haberlas tenido en cuenta. Gracias, Mary - dijo él, verdaderamente convencido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers seguía con atención todo aquello que proponía Jeff Colleman. Intentaba conocer todos los detalles relativos al experimento, y así mismo, encontrar alguna otra laguna en el proyecto de Jeff, mas no la encontró y con las explicaciones de él quedó cautivada por su entusiasmo. Por momentos, pensó en la viabilidad de aquello que inició como un simple tema de conversación, como una manera de acercarse a él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Jeff, ¿en ningún momento has caído en la tentación de pensar que esto es demasiado simple como para explicar el origen y la evolución de la vida sobre la Tierra? - una propuesta que hacía ella intentando reconducir la conversación por un camino más pragmático.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mary, estoy de acuerdo contigo - se avino a decir, mientras desplazaba su cuerpo hacia atrás y se apoyaba, relajado, contra el sillón -, pero también reconocerás que los descubrimientos más importantes de la historia de la humanidad no son más que el resultado de experiencias y observaciones comunes. Intentamos buscar una explicación - continuó él - para lo cual hemos planteado una hipótesis y ahora intentamos verificar con un experimento, sencillo en su planteamiento pero difícil en la práctica, aquello que hemos supuesto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el mundo existían pocos laboratorios autorizados y capacitados para manipular virus debido a la complejidad de las instalaciones que se precisaban, así como el peligro potencial que éstos suponían. No en vano, la diseminación de un virus de laboratorio para el que no se hubiera encontrado el tratamiento adecuado podría ser más letal que una bomba atómica. Bioconn, al igual que Microgensyn, estaban autorizados y capacitados para trabajar con virus.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El sonido del teléfono interrumpió su conversación. Jeff había dado órdenes de que no le pasaran ninguna llamada, por lo que dedujo que sería importante. Mary supuso, por la forma de hablar de él, que el tema de conversación giraba en torno a la vacuna del SIDA. Sin duda, le estaban transmitiendo una información que no permitía ningún tipo de demora. Apreció en su rostro un gesto de preocupación que intentó disimular con cara de póker, girándose en su sillón, dándole la espalda, hablando así más recatadamente. Cuando se dio la vuelta, antes de concluir el diálogo, sonrió vehemente. Ella no supo apreciar si aquella sonrisa iba dedicada a ella o era una expresión que giraba en torno a las noticias que acababa de recibir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Disculpa la interrupción. Sigamos. Quiero enseñarte algo que probablemente te agradará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antes que ella preguntara de qué se trababa, se giró y se colocó frente a la caja fuerte, dando la espalda a Mary. Se agachó y ella supuso que iba a abrir la caja. No podía ver los números de la combinación, pero sin pérdida de tiempo siguió cada movimiento que realizaba él con su brazo derecho. Al principio estaba abajo y ascendió dirigiéndose hacia la derecha, luego se desplazó hacia la izquierda. Recordó que los números estaban dispuestos en la caja de seguridad en cuatro filas. El primero no sabía cuál podría ser, pero tras realizar los dos movimientos siguientes supuso que se trataba del siete, ya que estaba segura de que después había pulsado el tres y el uno. Descendió el brazo a la segunda fila, más hacia el centro, y luego de nuevo a la derecha. Probablemente la combinación seguía con el cinco y el seis. Luego, abajo y a la izquierda; ascendió una fila, más hacia la izquierda y volvió a bajar, al lado opuesto. Se trataba, sin duda, de los números ocho, cuatro y nueve. Luego oyó un clic y la puerta se abrió. Respiró hondo e intentó memorizar los números, que con un margen de error mínimo serían el siete, tres, uno, cinco, seis, ocho, cuatro y el nueve.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se incorporó hacia delante. Él sacó un informe de la caja fuerte y mientras se giraba hacia ella pudo ojear que en ésta se hallaban a buen recaudo diferentes tipos de carpetas con informes en su interior. Luego se interesó por aquello:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es esto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El memorándum de nuestro proyecto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y por qué lo tienes en la caja fuerte?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por seguridad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Tan importante lo estimas!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tú, no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, por supuesto. Sólo que yo no utilizo ninguna caja fuerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En Bioconn es costumbre guardar todo aquello que consideramos importante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Pero, ¡si tenéis muchas medidas de seguridad! ¡Esto parece un búnker! - ironizó ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No creas. Aún así, puede ser que no sean suficientes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego le relató un caso extraño ocurrido varios años atrás. Una noche saltaron las alarmas y el personal de seguridad descubrió varios despachos de investigadores abiertos, sin embargo, no se encontró ningún rastro de las personas que estuvieron allí. Al mismo tiempo no echaron en falta ningún tipo de documentación, aunque estaban seguros de que habían sustraído algún tipo de información confidencial sobre algún proyecto de investigación. Desde entonces, las medidas de seguridad de Bioconn se extremaron sin límite. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff Colleman, a continuación, le enseñó a Mary aquel informe. En él aparecían con gran profusión de detalles todas las ideas que previamente él le había contado. Los dos últimos apartados estaban en blanco. Las conclusiones eran obvias, pero en el capítulo de propuestas él le comentó que lo había dejado así a la espera de la reunión que tuviera con ella y que aceptaría cualquier sugerencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Creo que está bien así - aseguró ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- En ese caso, sólo queda decidir una cosa más. ¿Dónde vamos a realizar el estudio? ¿En mi laboratorio o en el tuyo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. ¿Qué propones?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Lo ideal y lo pertinente sería realizar el experimento en los dos laboratorios. ¿Estás de acuerdo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por supuesto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué haces el viernes por la tarde?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Trabajar. ¿Por qué? - Inquirió ella, esperando una invitación a salir, una invitación a cenar o una propuesta con la intención de verse de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso ya lo sé - no le sorprendía que trabajara un viernes por la tarde -. Me interesaría comenzar cuanto antes nuestro experimento y el viernes por la tarde podría ser un buen momento para realizar los primeros cultivos de virus de forma conjunta, y si nos da tiempo iniciar el proceso de obtención de nucleótidos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary no pudo reprimir una mueca de fastidio. Estaban reunidos hablando de trabajo y él se atrevía a proponer más sesiones con el mismo fin. Cuando al principio él comenzó a hablar presintió que había pensado mucho en ella, eso le hizo albergar otros sentimientos, otras proposiciones, otro tipo de citas, pero ahora llegado el momento parecían esfumarse esas esperanzas. Pensándolo bien, aquel hombre tenía una semejanza inusual con ella, parecían ramas de la misma estirpe y sólo actuaba en clave de trabajo. O, quizás el problema estaba en ella, en su forma de ser, en la imagen que proyectaba, en la aureola de soledad que envuelve a toda personalidad de prestigio. Pero eso no era así, no se correspondía con la realidad, también era una mujer. Barruntaba que la relación profesional iba a ser muy provechosa y la misión que tenía que cumplir, asequible. Pero, más allá, lo dudaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Me parece interesante - accedió ella -. ¿A qué hora quieres que esté aquí? - por descontado que aquella nueva reunión debería de ser en Bioconn. No le dio otra opción a Jeff.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No sé. A las cuatro o a las cinco de la tarde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Que sean las cuatro. Así tendremos más tiempo para trabajar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y el sábado por la noche?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿El sábado por la noche qué? - preguntó ella con cierto disimulo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué haces el sábado por la noche?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No tengo ningún plan especial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Podríamos salir… - dejó la frase en suspenso. Como no atreviéndose a terminarla. Temiendo un no, o tal vez un “vamos a dejarlo para otro día”. La primera vez que la invitó a cenar fue un impulso súbito y todo salió bien. Más bien, diríase, que faltó algo: el colofón que marca el principio de una relación, el colofón insaciable de un buen final, eso que probablemente los dos esperaban pero que ninguno se atrevió a proponer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary estaba allí, al otro lado de la mesa. Había escuchado lo que desde un principio quiso que le propusiera y ahora estaba pensativa. La última cena fue con Jeff Colleman y la anterior ya casi ni la recordaba, por lo lejano en el tiempo. La duda es presagio de malos aconteceres y ella ahora dudaba. No sabía si aceptar o no. Mezclar sentimientos con trabajo, solía decir que era una peligrosa elección. Recordó las palabras de Arthur Sullivan y al fin y al cabo, eso era lo que esperaban de ella, que conquistara a Jeff Colleman para así poder tener acceso a los secretos de la vacuna. Tomó la decisión más acertada y dejó que toda aquella mezcla de valores y sentimientos emulsionara y que el complejo resultante fuera del agrado de todos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Acepto - dijo al fin y sonrió encantada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jeff la acompañó hasta su coche. Mientras recorrían las dependencias de Bioconn charlaban sobre aspectos intrascendentes de sus respectivos trabajos. Sin embargo, Mary Fishers, puso en jaque su memoria, e iba comprobando si cada cámara, cada dispositivo de alarma estaba en su lugar correspondiente, o si por el contrario se le había pasado alguno por alto. Volvió a contar el personal de vigilancia y se cercioró de que los mismos puestos eran ocupados por las mismas personas. Ya tenía hechos los deberes, y la prueba de los mismos satisfactoria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se despidió de Jeff y cuando dejó atrás Bioconn aceleró como queriendo escapar de aquel lugar, de aquella trama, presintiendo la vileza y la corrupción de su proceder, presintiendo el peligro que corría, presintiendo el final inesperado que le aguardaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una furgoneta Ford, de color blanco, sin ventanas, con la publicidad de una compañía de seguridad que ofrecía un servicio de vigilancia las veinticuatro horas del día, estaba aparcada cerca de la entrada de Bioconn. Ronald Stone manipulaba un magnetófono y etiquetó la conversación de Mary Fishers y Jeff Colleman como interesante, bajo el punto de vista científico; menos interesante por lo poco relevante de la conversación que habían mantenido y que no les supuso ninguna información nueva y en un cuaderno aparte hizo una acotación: han quedado a cenar, vigilar. Joe Barela, que observaba atento los movimientos de su jefe, abandonó la parte trasera para colocarse al volante de la furgoneta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta del ascensor se abrió y el señor Winkler observó la espalda de un hombre que se dirigía escaleras abajo. Le pareció apreciar que no bajaba desde el piso superior, sino que venía del pasillo y allí no había más que su apartamento y el de Mary Fishers, por lo que se dirigió a él:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Busca algo, señor?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo en el primer escalón y se volvió hacia Jefrey Winkler.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, nada. Una inspección de rutina del aire acondicionado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A las seis y media de la tarde?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estos días tenemos mucho trabajo, antes de que llegue el verano. Con este edificio termino hoy mi jornada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era alto, de complexión atlética, pelo rubio muy corto, mirada afable y manos grandes, fuertes, como si fueran las de un boxeador, sobre las que portaba un extraño aparato electrónico, del cual dedujo el señor Winkler que habría utilizado para comprobar el funcionamiento correcto de los distintos componentes de la instalación del aire.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ah! Bien. No nos gusta que merodeen extraños en este edificio - respondió él, satisfecho con la explicación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Eso está bien pensado. Si me disculpa. Adiós.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bajó las escaleras sin inmutarse. Llegó al rellano, abrió la puerta y se alejó en dirección al coche que tenía aparcado cerca de allí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sonó el teléfono móvil, pulsó la tecla “yes” y lo llevó hacia su oreja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Don, ¿cómo ha ido todo? - preguntó Ronald Stone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- El material está colocado en su sitio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Algún problema? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sin problemas. Me ha visto un vecino y me he deshecho de él haciéndome pasar por un técnico del aire acondicionado - contestó Don Bishop.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo. Mary ya ha abandonado Bioconn. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mary Fishers conducía su coche y tras ella, varios coches más atrás, guardando una distancia prudencial, una furgoneta Ford, de color blanco, la seguía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26250991-114989659329391565?l=pacobelda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pacobelda.blogspot.com/feeds/114989659329391565/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26250991&amp;postID=114989659329391565' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114989659329391565'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26250991/posts/default/114989659329391565'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pacobelda.blogspot.com/2006/06/novela-la-vacuna-captulo-doce.html' title='NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  DOCE'/><author><name>Francisco  Belda  Maruenda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18177646592184905371</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26250991.post-114989607728481218</id><published>2006-06-10T01:24:00.000+02:00</published><updated>2006-06-20T21:22:33.020+02:00</updated><title type='text'>NOVELA “LA VACUNA”:  Capítulo  ONCE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;A última hora se entretuvo más de la cuenta y Mary Fishers aceleró para volver a casa. Deprisa, acudió a la tienda y compró aquellas exquisiteces con las que agasajar a su hermano. Cuando llegó a casa dejó las bolsas de la compra sobre la mesa de la cocina. Fue al salón, cogió el jarrón de bohemia y puso en él un poco de agua; a continuación, con delicadeza, colocó dentro de él los lirios, de flores blancas, que compró en la floristería Fleurs Du Jour antes de llegar a casa. Metió en el frigorífico la comida y el vino y se dispuso a preparar el Filet Mignon al mismo tiempo que acondicionaba la mesa en el salón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Minutos después llegó su hermano y lo recibió con un par de besos y un prolongado abrazo, durante el cual se estremeció recordando experiencias vividas de niños y con la paz y alegría que él emanaba. Necesitaba hablar, necesitaba confesar, necesitaba confiar y Alec era la persona que le ofrecía toda la seguridad que precisaba y la única que la podía ayudar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estás temblorosa, hermanita. ¿Qué sucede?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No es nada, sólo que cada vez que te abrazo me emociono - respondió ella, con palabras entrecortadas -. ¿Has venido en tu coche?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. He cogido un taxi. Es más seguro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sigues sin atreverte, ¿no es cierto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La parálisis cerebral infantil le afectó fundamentalmente a los miembros izquierdos. La movilidad del brazo y antebrazo izquierdo era buena, pero al estar los músculos levemente atróficos, la fuerza la tenía disminuida; los dedos de la mano estaban flexionados y con gran dificultad conseguía extenderlos. Las alteraciones anatómicas similares en el miembro inferior izquierdo hacían que la rodilla estuviera ligeramente flexionada y para caminar apoyaba fundamentalmente el antepié. La espasticidad era muy ligera, por lo que no le impedía la coordinación de movimientos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No. Es una forma de evitar poner en peligro a los demás, ja, ja, ja… - Alec se dejó llevar por su risa estentórea.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No te creo, te burlas de mí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vale, es una broma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes que ser fuerte y afrontarlo. Tu coche está preparado especialmente para tus características. Sólo tienes que conducir con cuidado. Eso es todo - propuso ella, mirándolo a los ojos, intentando convencerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo, te prometo que lo intentaré - asintió él, con voz gutural. La parálisis también estaba patente en los músculos faciales. Hablaba con sonidos fuertes, con tono elevado, intentando vocalizar cada palabra. Así mismo, en los ojos tenía un tic muy leve que se manifestaba a menudo con guiños de forma intermitente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Venga, vamos. La comida ya está preparada. Ayúdame a traerla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se dirigieron a la cocina a través del pasillo. Mary comenzó a sacar del frigorífico la comida, dejándola sobre una mesa. Alec, haciendo gala del hambre que tenía, preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué has comprado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Todo lo que a ti te gusta - dijo ella con convicción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Veremos si es verdad. Luego te pondré nota- y rió de nuevo con sonoras carcajadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre los dos prepararon la mesa, como cuando niños. Las bromas se sucedían una tras otra, cómplices en torno a la unión fraternal y dejándose llevar por el apoyo sustancial que precisaban el uno del otro. Entre risas, cuando Alec simuló que se le caía la botella de vino, y en un escorzo la recogía, se sentaron en la mesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ha quedado bien. ¿No?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿El qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- La mesa - dijo Alec, mientras miraba satisfecho el aspecto que presentaba. El mantel y las servilletas de lino blanco. La cubertería de plata, que había comprado durante unas vacaciones en Acapulco. La vajilla de porcelana y los vasos de un cristal transparente perfecto. La mesa estaba presidida en el centro por el jarrón de bohemia con los lirios y los distintos platos esperando a ser engullidos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Por ahora, un nueve - a Alec le gustaba poner nota a todo, ya formaba parte de su personalidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias - sonrió ella y acarició la mano de él sobre la mesa, en gesto protector.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bien. No sé. ¿Por dónde empezamos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si estás de acuerdo, empezaremos con los caracoles de Borgoña - propu
